ALFREDO CÁRQUEZ SAAVEDRA
RNCC / FOTO CORTESÍA

Además de hacerlo con casi la totalidad del planeta, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, también ha hecho gala de su (mal) talante democrático en su propio país. Se ha afincado con especial saña en estados y ciudades que, como San Francisco, California; Chicago, Illinois; Washington DC, y Nueva York, votan tradicionalmente a favor del partido Demócrata.

Desde hace meses —y con el pretexto de combatir la delincuencia y enfrentar una supuesta invasión de extranjeros indeseables—, ordenó en algunos de estos centros urbanos el despliegue de miles de miembros de la Guardia Nacional, centenares de efectivos la Infantería de Marina y huestes de los terribles enmascarados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, el tristemente célebre US Inmigration and Customs Enforcement, ICE, por sus siglas en inglés.

Pero es en Minneapolis, capital de Minnesota, donde se han visto con mayor crudeza las acciones violentas de esta guerra intestina declarada por la administración Trump y llevada a cabo por efectivos policiales y militares. Vale decir que con su discurso de odio y exclusión, el mandatario estadounidense avala las agresiones viralizadas por las redes sociales que se han registrado en contra no solamente de cuanta persona sea o parezca inmigrante (según los patrones racistas, xenófobos y supremacistas institucionalizados), sino también contra ciudadanos estadounidenses de claro fenotipo caucásico. Los dramáticos asesinatos de Renee Good y Alex Pretti así lo confirman.

El respaldo de Trump a las atrocidades cometidas por los agentes del ICE ha sido igualmente brutal. Al tratar de justificar las dos muertes referidas, el hombre del copete hizo uso del argumento más manido del mundo: ambos eran terroristas de la izquierda radical que amenazaban la integridad de los oficiales. Tal vez por eso a Good le dieron tres balazos en la cara y Pretti recibió al menos 15 disparos.

Al ICE no le faltarán recursos este año. Su presupuesto suma más de 18.500 millones de dólares. Sin embargo, su imagen ante la opinión pública, que ya venía cayendo, acelera su derrumbe tras las ejecuciones ocurridas en Minneapolis: mientras la aceptación de la agencia bajó a 39%, el apoyo a la idea que esta sea eliminada aumento a 48 % de los encuestados por la firma de investigación de mercado You Gov.

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