A pesar del brutal ajuste fiscal, salarios pisados y dólar intervenido, el índice de precios subió 3,4% en marzo, llevando a las carnicerías a vender carne de burro

OIR-MPPCI COJEDES
RNCC / FOTO CORTESÍA

La inflación de marzo en Argentina fue del 3,4%, la más alta del año, y la culpa no fue de la guerra, de la carne ni de los combustibles, sino de la política económica. Con el ajuste del plan de estabilización, el ancla salarial, cambiaria y la crisis del consumo, los precios quedaron lejos del cero y llevan 10 meses seguidos de crecimiento.

Sin embargo, el presidente neoliberal, Javier Milei, se mostró una vez más de espaldas a la realidad aseverando que “esto no es inflación estrictamente, es que pegó un salto el nivel de precios”.

El sector de Alimentos aumentó 3,4%, lo mismo que la inflación general, con impacto importante de la carne vacuna, lo que ha motivado a algunos comercios a vender carne de burro.

La situación de los precios, de todos modos, es una parte importante del conflicto que el gobierno no logra resolver, pero lo letal es el empalme con ingresos derrumbados, algo que hasta Petya Koeva Brooks, subdirectora del Departamento de Investigación del FMI incluyó en su refirió al cambio de pronóstico del organismo sobre inflación y crecimiento atribuye a “un debilitamiento en la actividad económica y el impacto negativo de la inflación en los ingresos reales”.

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