En Caño de Indio, este cojedeño trabaja desde que el sol sale hasta que se oculta, sumando esfuerzos para el avance de la producción agrícola y alimentaria del estado y del país
MARILYN MENDOZA ALMELLA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
A 600 metros de altura, donde el verde de la montaña parece perderse de la vista, específicamente en el Sector El Rincón de Caño de Indio, Alto de Lagunitas del municipio Tinaquillo, vive y trabaja Francisco Ochoa, quien nació en 1967 y con 58 años de vida, Francisco, no es solo un agricultor, es la memoria viva de su espacio agrícola “El Cafetal”.
La historia de Francisco Ochoa, nace de los surcos de la tierra de la Finca “El Cafetal”, donde la topografía montañosa evidencia los cafetales a la distancia. Dice que tiene más de 40 años trabajando la tierra con esmero y sudor.
Para Ochoa, la agricultura no es un simple oficio, es una herencia de amor. “Mi amor por el campo, es algo hermoso”, confiesa con alegría y complicidad de quien recorre sus 12 hectáreas de tierra con admiración y orgullo. Tierra la cual siete están en plena producción que llena su alma y alegran su corazón. El Sr. Ochoa no solo produce café y cacao; sus tierras son una despensa diversa donde crece la yuca, el maíz, el aguacate, la guama y demás rubros.

Desde niño, siguiendo los pasos de sus familiares, aprendió que la tierra no se explota, se cuida. Su técnica es rigurosa y minuciosa que demuestran un conocimiento ancestral que supera cualquier manual académico.
“Nosotros, los venezolanos vivíamos en el siglo XVIII y XXI de la producción, especialmente del cacao y el café. Siendo un legado que debemos avivar con fuerza, empeño y disciplina mostrando el potencial productivo de estos rubros no solo en la zona, el estado sin no de todo el país”, aseveró.
EL TRAPICHE A PULMÓN Y EL SUEÑO DE LA ENERGÍA
El señor Francisco, es un ejemplo de resistencia artesanal. En el corazón de su parcela se encuentra un trapiche que, a falta de tecnología, funciona “a mano y pulmón”. Allí, Francisco, extrae el guarapo de la caña que él mismo siembra en sus cañaverales. Aunque posee el conocimiento para elaborar melaza y concentrados. Comenta que por los momentos no puede trabajar con esa producción por falta de electricidad y presupuesto.
Actualmente guarda celosamente en botellas el sumo del guarapo de caña, “Tengo una máquina eléctrica para producir melaza, pero está parada. Sin luz, el esfuerzo se multiplica y la producción se frena”, explica Ochoa.
MANOS QUE GERMINAN, SEMILLAS QUE CRECEN
En la zona de los semilleros y cafetales Ochoa, es un experto, pero es estrictamente meticuloso y cuidadoso. Su trabajo en esta área refleja, el cuidando que le dedica a la siembra de café y a cada uno de sus cultivos.

Francisco, es un maestro de los semilleros. Actualmente, cuida con celo más de 60 plantas de cacao, protegiéndolas de plagas con métodos artesanales para garantizar una cosecha pura. Su sistema para el café es igualmente riguroso: cría las plántulas en bolsas durante ocho meses antes de entregarlas definitivamente a la tierra. El resultado es visible a la vista de cualquier visitante con la exposición de su siembra con más de 2 mil 500 plantas de café cargadas, en pleno proceso de maduración, esperando el momento del “descorche”.
LA COMUNIDAD PRODUCTIVA: UNIÓN Y FUERZA DE TRABAJO
El campo no es solo tierra y cultivos, es una comunidad, “aunque no estoy inmerso formalmente en cooperativas, siempre estoy presto a ayudar con la red de integración cooperativista de la zona”, afirmó, reiterando que su objetivo es “continuar su labor y su historia desde su terruño, aportando su trabajo y esfuerzo para el crecimiento e independencia agroalimentaria”.


