Reproducimos el discurso de la presidenta Delcy Rodríguez durante la conmemoración de los 215 años de la firma del Acta de la Independencia, y la graduación conjunta de nuevos oficiales de la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela, el pasado 5 de julio
ESPECIAL
RNCC / FOTOS PRENSA PRESIDENCIAL
Quiero, antes de iniciar este acto de promoción de graduación conjunto de tenientes de corbeta, pedir un minuto de silencio en homenaje a las víctimas del duplete sísmico ocurrido el 24 de junio del corriente.
Quiero saludar al presidente de la Asamblea Nacional, Dr. Jorge Rodríguez, al Consejo de vicepresidentes que nos acompaña el día de hoy, al general en jefe Gustavo González López, ministro del Poder Popular para la Defensa. Al mayor general Prieto Martín, quien es comandante estratégico operacional, y al alto mando militar. Mis felicitaciones muy especiales por la labor que han venido cumpliendo al frente de lo que ha sido este desastre natural ocurrido en Venezuela.
Hace 215 años se firmó en Venezuela el acta de la independencia de nuestra patria, para cortar las cadenas del colonialismo que oprimían a nuestra patria. Fue el nacimiento de la primera república. Fue el día aquel 5 de julio de 1811 que dijimos con dignidad, con moral: ¡somos república!, ¡no somos colonia!
Ese día marcaría entonces la ruta de nuestro proceso por la independencia que se selló en la batalla de Carabobo en 1821. Yo traigo a este acto de graduación de tenientes, tenientes de corbeta, a quienes fe licito sentidamente; felicito a sus madres, padres, hermanos, familiares, amigos que han venido a acompañarlos. Traigo y reivindico el espíritu del 5 de julio de 1811 y debo recordar que la mitad de los que firmaron el acta de independencia eran jóvenes como ustedes, jóvenes que se han entregado a su país, a su patria, pensando en un porvenir mejor, más grande de glorias, de profunda dignidad, de lo que significó una generación que se dedicó a la lucha por la independencia de Venezuela.

Ese espíritu generacional está hoy más vivo que nunca en el corazón de cada uno de ustedes. Lo sé porque iniciaron sus estudios en medio de una pandemia de la covid-19. Allí estuvieron ustedes, jóvenes que se iniciaban en sus estudios, atendiendo al pueblo de Venezuela, acompañando a nuestro pueblo también en un momento de sufrimiento.
Esta es una promoción que está forjada laboriosamente en la compañía de nuestro pueblo. Es una promoción que sabe lo que es estar al lado de los más necesitados. Yo por eso le he dado la orden al ministro de la Defensa, general en jefe González López, de que la promoción de ustedes lleve por nombre Venezuela Renace. Que sea el espíritu, el símbolo de una nueva espiri tualidad, que sea la expresión de la entrega, que sea la expresión de la solidaridad, del amor por el prójimo, de entregar su corazón a quien más lo necesita.
Serán ustedes una promoción que venga de ese 5 de julio de 1811, que venga con la dignidad, el orgullo de saber ser república para construir un nuevo futuro. Y lo voy a decir con absoluta franqueza: iniciamos este año con una agresión armada externa. Así iniciamos el 3 de enero del 2026 y ya nosotros sabíamos que algo se había quebrado profundamente en la sociedad venezolana y debíamos buscar un espacio, un camino para construir una nueva sociedad, una nueva espiritualidad, un ser humano diferente. Y ese nuevo ser humano nos puso a prueba ahora la naturaleza con el doble terremoto del 24 de junio. Nos puso a prueba para saber dónde está la bondad, para saber dónde está el amor, la comprensión, la misericordia. Pero también nos ha tocado ver el odio, nos ha tocado ver la miseria. Y al igual que en 1812, cuando los antipatriotas pretendieron utilizar el terremoto para ir contra la joven naciente república de 1811, igualmente hoy se pretende atacar la institucionalidad venezolana.
No puede haber espacio para ningún tipo de conspiración, ni interna ni externa, venga de donde venga. Es un nuevo momento para Venezuela. Tenemos las bases de una nueva república, definitivamente viendo al futuro con un ser humano distinto, con un ser humano solidario, con un venezolano y una venezolana que se sienta orgulloso de su historia, de su libertad, de su independencia del 5 de julio de 1811, de Carabobo, del 19 de abril de 1810, que se sienta orgulloso de Junín, de Pichincha, de Ayacucho, y haber construido las bases de una patria grande.

Y en esta terrible urgencia nacional que ha sido marcada por los terremotos, nosotros quisimos también reivindicar ese espíritu de patria grande con un espíritu de mundo grande. Porque aquí articulamos e invitamos a que vinieran todos y todas los que quisieran ayudar a Venezuela con ese mismo espíritu de Bolívar, el más grande de todos los tiempos del universo. Con ese espíritu le dijimos al mundo: “Bienvenida la mano amiga. Bienvenidos todos”. Y allí fuimos rescatista por rescatista que vino a ayudar a nuestro pueblo, que vino a salvar a nuestro pueblo. Allí le dimos la condecoración Héroe de Venezuela, en reconocimiento, en gratitud de un gobierno, en nombre de un pueblo que reconoce cuándo un ciudadano del mundo, o una ciudadana del mundo, cruza las fronteras para brindarle su mano al pueblo venezolano.

