La confirmación de la Ofi cina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de un fuerte episodio del Niño pone en jaque a la región
OIR-MPPCI COJEDES
RNCC / FOTO CORTESÍA
El Centro de Predicción Climática de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) informó que las temperaturas superficiales del océano Pacífico ecuatorial continúan en ascenso.
Según el reporte técnico, la región Niño 1+2, ubicada frente al litoral sudamericano (Perú y Ecuador), registra una anomalía térmica de +3,0 °C, el valor más alto registrado entre todas las zonas bajo monitoreo.
De acuerdo con las proyecciones del organismo, existe un 81% de probabilidad de que el fenómeno alcance la categoría de “muy fuerte” caracterizada por anomalías iguales o superiores a 2 °C entre los meses de octubre y diciembre del presente año. Asimismo, el modelo de predicción CFS.v2 prevé un pico de intensidad hacia finales de 2026.
Los análisis hidrográficos confirman que el calor acumulado en los primeros 300 metros de la columna marina permanece por encima del promedio histórico. Este indicador anticipa la consolidación y el fortalecimiento del evento climático durante el verano 2026-2027 del hemisferio sur, lo que mantendrá bajo alerta a las autoridades meteorológicas de la región.
Como sea, América Latina será una de las regiones más afectadas por este nuevo fenómeno de lo que conocemos como “El Niño”, la fase cálida del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), cuya contraparte y fase fría se conoce como “La Niña”.
“El Niño tiene una gran influencia en América Latina debido a su proximidad y, en general, se sabe que provoca sequía en las regiones del norte, al tiempo que aumenta las condiciones de humedad en el sur y el noroeste. También es probable que gran parte del continente experimente períodos de calor intenso durante y después del pico de El Niño”, señaló esta semana Ben Clarke, investigador especializado en fenómenos meteorológicos extremos y cambio climático del Imperial College de Londres.
Asimismo, advierte que estas condiciones de calor y sequía pueden provocar un aumento considerable del riesgo de incendios forestales.
“Esto puede tener repercusiones enormes en la biodiversidad, reducir drásticamente la calidad del aire y convertir uno de los principales sumideros de carbono del mundo como lo es la Amazonía, en una fuente de carbono”, lamenta el investigador sin obviar la otra cara de la moneda del fenómeno.
Asimismo, señaló que “los Gobiernos deben actualizar planes de contingencia, reforzar el monitoreo de sequías, lluvias intensas, inundaciones, olas de calor e incendios forestales, y coordinar medidas de preparación en meteorología, gestión del riesgo de desastres, agricultura, agua, salud, energía y protección social”, teniendo en cuenta que El Niño tiende a alterar la distribución del agua en el continente.

