En 1825, tras la liberación del Alto Perú y el surgimiento de la nueva nación, El Libertador quiere a todo trance proporcionar la apertura de un puerto a la naciente República

WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

El esfuerzo del Libertador para conectar a la naciente republica con el mar ha sido poco estudiado, al igual que su visión de desarrollo comercial y la anfictionía marítima planteada ante el Congreso de Panamá, de la cual Bolivia formaría parte. En este sentido resulta idóneo en el Bicentenario de su creación para reflexionar acerca de todas las instruidas por Simón Bolívar para que el nuevo estado del Altiplano gozara de una soberanía marítima y tuviera una formidable protección naval.

La concepción geopolítica de Bolívar se refleja en el empeño impreso para que Bolivia tuviera un puerto cómodo y seguro en las costas del pacifico. Al producirse en 1825 la liberación del Alto Perú y el surgimiento de la nueva nación se realizan diversas gestiones para su construcción y consolidación, entre ellas, la de proporcionar a la nación andina un litoral. Su empeño es de tal manera que en una carta que el Mariscal Antonio José de Sucre escribe al General Francis Burdett O’Connor, el 25 de octubre de 1825, desde el Cuartel General en Potosí, puntualiza que Bolívar ¡quiere dar un puerto a esta República a cualquier costa! (Antonio José de Sucre. De mi propia Mano. Fundación Biblioteca Ayacucho. Banco Central de Venezuela. Caracas. 2009, p. 363).

Sucre hace hincapié al oficial irlandés que el Libertador quiere a todo trance proporcionar la apertura de un puerto a esta República” y añade que “para ello está resuelto a gastar cuanto fuese menester” (Ibídem. Sucre. 2009, p. 364).

De igual forma la misión contempla la apertura de caminos para la conexión entre el puerto y las ciudades del altiplano. Es por ello que Sucre sugiere que “después de esta primera diligencia, debe practicarse la de reconocer cuál es el mejor camino de ruedas o de carro que pudiera abrirse desde el puerto a Potosí, o a cualquiera de las ciudades del alto Perú, calculando el costo que tendría este camino trabajado perfectamente” (Ibídem. Sucre. 2009, p. 364).

A manera de facilitar tanto a los arrieros como viajeros las posadas del trayecto, recomienda el oficial venezolano que “se averiguará cuáles sean las mejores jornadas o pascanas, de este camino, para poner casas de posta o poblaciones; y por supuesto que para ello se han de elegir lugares donde haya agua, y en fin terrenos para sembrar todos los artículos que debe tener un pueblo. En cuanto a la distancia entre una y otra, recomienda que “sería de desear que cada paseana no excediese de seis a ocho leguas,que es lo que puede andar un carro” (Ibídem. Sucre. 2009, p. 364).

Advierte además que “no se e limite a tomar el examen de un solo camino, sino a todos los que haya, para escoger el mejor, así como tampoco se limitará al examen de un solo puerto, sino de todos” (Ibídem. Sucre. 2009, p. 364).

En una circular que Sucre gira el mismo 25 de octubre a las instancias gubernamentales de la jurisdicción, indica que “todas las autoridades civiles y militares de la provincia de Atacama, se pondrán a las órdenes del señor coronel Francis Burdett O’Connor, que pasará por las mismas en una interesante comisión en utilidad de la República” (Ibídem. Sucre. 2009, p. 365).

En virtud del tiempo estimado para la ejecución, sostiene “como en esta comisión dilatará algún tiempo, y en ella se ocasionará gastos en los prácticos, agentes, reconocedores, etc., etc., podrá O’Connor tomar de cualquiera persona el dinero que necesite, y librarlo contra el presidente de este departamento, a quien se deja la orden de pagarlo. Agrega que en Atacama está una compañía de infantería al mando del capitán Casanova, que se pondrá a las órdenes de V.S. lo mismo que el gobernador del partido y todas las autoridades, a cuyo efecto se les mostrará esta orden y que a toda persona que ocupe en Atacama en trabajos, le hará pagar sus salarios corrientes” (Ibídem. Sucre. 2009, p. 365).

Burdett O’Connor recibe las instrucciones el 4 de noviembre y relata en su obra “Recuerdos”, (1895, p. 130) por su nieto materno Tomás O’Connor D’arlach, que llega al pueblo de “Atacama y luego de pasar dos días para hacer los preparativos del recorrido costero en lomo de mulas y burros fletados, sale y pasa por Calama, Chacance y Culupo, llegando el 8 de diciembre a Cobija sin novedad.

El empeño de Bolívar es de tal manera que al día siguiente atraca en el puerto de Cobija el bergantín “Chimborazo”, al mando del comandante predilecto del Libertador, como lo es el jefe de la Escuadra Colombiana en el Pacífico, el Vicealmirante de origen irlandés, Thomas Charles Wright, con la orden expresa de llevarlo a reconocer todos los puertos señalados en las instrucciones giradas a través de Sucre, como son Atacama, Mejillones y Loa, además de Cobija.

La misión para bordear las costas del Pacifico Sur comienza el 10 de diciembre y tras una ardua exploración concluye que la bahía de Cobija tiene el mejor fondo para ancla y es el puerto más cómodo. En relación a los otros dos puertos, sugiere O’Connor en el resultado de sus investigaciones el de Loa no es más que una rada y el de Mejillones, solo señala que es hermoso, pero no tiene de agua. Agrega otro puerto y este es el Paposo, sobre el cual sostiene que el tránsito desde esta pequeña caleta por tierra a Atacama, carece en lo absoluto de agua y pasto, y por estas razones resulta inviable.

Al concluir la misión se establece en el pueblo de Quillagua y posteriormente emprende viaje al Alto Perú. Al llegar a Chuquisaca se entrevista con el General Sucre y al respecto expone lo siguiente: “le entregué mi diario, el mapa que había formado de la Costa de Atacama y el apunte de todos los datos y declaraciones que había tomado relativas a las demarcaciones del Alto Perú” (Ibidem. O’Connor. 1895, p. 133).

Posteriormente comenta que Sucre lo “mandó llamar y le dijo que había examinado con atención su mapa, su itinerario y sus datos tomados en el curso de su comisión, de la cual estaba muy contento” (Ibidem. O’Connor. 1895, p. 133).

Con toda la información disponible levantada por O’Connor, Bolívar decreta el 28 de diciembre de 1825 en Chuquisaca, la habilitación de Cobija como puerto principal de la República de Bolivia.

El primer considerando de esta disposición argumenta que su creación se debe a que “estas provincias no tienen un puerto habilitado”, mientras que el segundo hace referencia a la ubicación geográfica, la misma señala que “en el partido de Atacama se encuentra el denominado Cobija, el cual proporciona muchas ventajas. En el tercero se asigna el epónimo de dicho puerto y éste recae en José de La Mar, vencedor en Ayacucho. El primer artículo del histórico decreto oficializa como “habilitado desde el 1º de enero entrante, el puerto mayor de estas provincias; con el nombre de Puerto de La Mar, el de Cobija. El segundo dispone lo relativo a las oficinas correspondientes a la exacción y seguridad de los derechos pertenecientes a la hacienda pública. El tercer artículo deja como encargado de la ejecución del mencionado decreto al Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre.

De este modo se inician las gestiones para que la naciente república quedara abierta al comercio internacional. Un puerto que se ubica en las costas del océano Pacífico, a los 23 grados Latitud Sur, a 59 km al sur de Tocopilla y 128 km al norte de Antofagasta. Siendo la distancia entre el mencionado puerto y Potosí, de 841, 6 kilómetros en dirección sur. Su altitud es de 200 metros sobre el nivel del mar, mientras que Potosí está a 3.967 metros.

Cuenta con una bahía espaciosa formada del cerro mineral de cobre que se adelanta al Mar por el Norte con el nombre de Punta grande, y de un morro al Sur denominado Ayacucho; en la que los buques anclados con comodidad quedan perfectamente cubiertos de los temporales.

Bolivia solo dispondrá de cincuenta y cuatro años del acceso al mar, ya que a tan solo 17 años de la habilitación del puerto, la presencia del guano y el salitre en las costas bolivianas comienza a despertar el apetito de un despojo sistemático por parte de empresas extractoras y exportadoras de estos dos ricos fertilizantes, lo cual desembocará en un enfrentamiento fratricida llamado Guerra del Pacifico (1879-1883), impulsada por la vorágine saqueadora del imperio inglés, por medio del incipiente capitalismo chileno que termina arrebatándole su soberanía marítima dada por su Padre Libertador Simón Bolívar.

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