Mons. Alexander Rivera Vielma, nuevo obispo de la Diócesis de San Carlos fue consagrado este sábado en el Coliseo “José Miguel Pandare”
YOEL RIVAS SEQUERA
RNCC / FOTOS YOEL RIVAS SEQUERA
Con cantos, oraciones y adoración eucarística, el pueblo católico del estado Cojedes se congregó este sábado en el Coliseo “José Miguel Pandare” de la Ciudad Deportiva de San Carlos, para ser testigo y celebrar la consagración episcopal y toma de posesión de Mons. Alexander Rivera Vielma, obispo electo de la diócesis de San Carlos.
La ceremonia solemne de consagración fue presidida por el Excmo. Mons. Helizandro Terán, Arzobispo de Mérida, además de los co-consagrantes el Excmo. Mons. Alberto Ortega Martín, Nuncio Apostólico en Venezuela y el Ecmo. Mons. Jesús González de Zárate, arzobispo de Valencia.
En la ceremonia participaron 20 obispos y 140 sacerdotes, diáconos, seminaristas y fieles de todo el país, y dio inicio con una emotiva procesión de entrada que dio paso a la celebración de la eucaristía, como acto seguido, palabras del Nuncio Apostólico en Venezuela, quien resaltó que esta celebración es un momento histórico para la Iglesia, para la Diócesis de San Carlos y para el país.
Agradeció al papa León XIV la designación del nuevo Obispo para la Iglesia local, siendo el quinto obispo de la Diócesis de San Carlos en sus 53 años de historia. Asimismo, dio gracias a Dios por el fructífero trabajo que realizó el Pbro. Jhonluis Garabán como Administrador diocesano de San Carlos desde el pasado 20 de agosto de 2024 hasta este 23 de agosto.
“Es providencial que esta celebración se realice en este año santo. En hora buena a toda la Diócesis de San Carlos. Que la Madre del Divino Pastor le conceda a Monseñor Alexander ser un santo pastor para esta querida Diócesis de San Carlos”, expresó el Nuncio Apostólico.

Como parte de los ritos para la consagración, Mons. Alexander, se postró como señal de su disposición y humildad a la voluntad de Dios que lo llamó a seguirle con toda su mente, alma y corazón. Posteriormente, el obispo ordenante principal, impone las manos sobre la cabeza del elegido; también lo hicieron los demás obispos.
Seguidamente, el Arzobispo de Mérida impuso el Libro de los Evangelios sobre la cabeza del Obispo electo, símbolo de su principal obligación: la predicación de la palabra de Dios; mientras ofrecía la plegaria de ordenación, en parte con todos los obispos consagrantes, continuó con la unción de la cabeza, la entrega del libro de los Evangelios y de las insignias.
Las insignias, que junto al Evangeliario, expresan el ser y quehacer de un obispo fueron: el anillo, como signo de su desposorio con la Santa Iglesia; la mitra, como simbolismo de su autoridad y dignidad Episcopal y el báculo, símbolo del oficio de Buen Pastor, que guarda y acompaña con solicitud al rebaño que le fue confiado por el Espíritu Santo.
El nuevo obispo, una vez culminada la ceremonia de consagración, toma posesión dando sus primeras palabras, que fueron de agradecimiento, además los presentes se acercaron para felicitarlo. También, hizo un recorrido por el pasillo central y los laterales del Coliseo, para saludar y darle la bendición al pueblo presente en esta emotiva ceremonia.

