MILAGRO OSTO
RNCC / FOTO CORTESÍA

En Cojedes, la política se ha reducido a una gestión gris que confunde gobernar con administrar la gratitud en redes sociales. Es que mientras el ejecutivo regional se escuda en su condición de opositor para justificar la falta de obras, resulta contradictorio que su titular ocupe una de las tres sillas de la Secretaría del Consejo Federal de Gobierno, una cercanía con el ejecutivo nacional del que a veces se jacta para mostrar influencia, pero que desaparece convenientemente cuando se trata de gestionar recursos de envergadura o fijar postura ante hechos de trascendencia nacional.

Seis años de un vacío que la propaganda no puede llenar, mas de media decada en el poder y la realidad que palpa el pueblo en cada comunidad desmiente categóricamente el espejismo de las redes sociales, se esconden tras los errores de las gestiones anteriores y se les olvidan que fueron electos para solventar para que llegara “el cambio” y están desnudos ante la falta de capacidad .

Un detrás de las cámaras, que pretende ocultar una verdad que el cojedeño vive a diario: calles intransitables y cascos centrales de nuestros pueblos, que muestran un deterioro alarmante. La eficiencia que pregonan es, en realidad, una puesta en escena; una mentira manufacturada para el lente mientras la vialidad urbana y rural se cae a pedazos.

Un ejemplo vergonzoso de esta incapacidad fue la reciente suspensión de las tradicionales fiestas de El Baúl, más allá de las excusas oficiales, la acción no fue otra cosa que un intento desesperado por evitar que se confirmaran el estado catastrófico de la vía hacia esa localidad, carretera que ha prometido arreglar en innumerables ocasiones y a la que nunca le ha metido la mano. Prefirieron silenciar la tradición antes que exponer el incumplimiento de sus promesas y la nula inversión en infraestructura.

Entre muchas otras, el Hospital Egor Nucete es el monumento a esta ineficiencia: una rehabilitación fallida que tuvo que ser rescatada y ejecutada al 100% por instancias nacionales ante el fiasco técnico regional. Por otro lado, esta orfandad institucional ha sentenciado al sector productivo al olvido, cuando Cojedes, históricamente potencia cerealera y pecuaria, hoy ve cómo sus pequeños y medianos productores enfrentan un desierto: sin vialidad agrícola, con sistemas de riego colapsados y sin programas de insumos, siendo esta ausencia de políticas regionales la que obliga a los grandes productores a buscar auxilio en empresas de estados vecinos, provocando que la riqueza cojedeña se fugue por las fronteras por falta de una gestión que no mueve un dedo por la soberanía alimentaria, limitándose a publicar videos de agradecimiento por obras nacionales, como la más reciente, el puente Las Cañitas en Tinaco, para ocultar la carencia de proyectos propios.

En el ámbito municipal la realidad no es distinta; la capital padece una recolección de desechos sólidos caótica y una oscuridad total en sectores críticos como el puente de Los Colorados, siendo Ezequiel Zamora un municipio con cuatro años de invisibilidad operativa.

Ante este vacío, surge una interrogante financiera urgente: ¿En qué se gasta el Situado Constitucional y la recaudación propia de SATEBCO? Si la plata llega devaluada en bolívares, con más razón se requiere transparencia y una planificación estratégica que no se ve por ningún lado. No hay excusa presupuestaria que valga cuando no existe ni siquiera la voluntad de rendir cuentas sobre el tributo que el pueblo paga.

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