LUIS ALBERTO ANGULO
RNCC / FOTO CORTESÍA

El médico venezolano José Gregorio Hernández, luego de una larga peregrinación de 76 años de espera, en la que ya había alcanzado la sublime condición de “Beato” y “Siervo de Dios”, ha sido finalmente santificado por la Iglesia Católica en momentos en los que Francisco, el Pontífice Romano de origen sudamericano, vive dramáticos episodios de malestar físico, y Venezuela supera con vigor acontecimientos políticos y económicos que aún inciden en contradicciones sociales radicales entre sus connacionales. 

 Ciertamente, la santificación oficial del Doctor José Gregorio, conocido popularmente como “Médico de los Pobres”, pareciera dar una esperanza de reconciliación plena en la población por la unánime alegría que despierta en los sectores mayoritarios atacados con saña en la llamada guerra mediática y económica. 

 Si bien es cierto que las expectativas para la santificación de José Gregorio han sido muchas desde el inicio del proceso en 1949, también es verdad que mucho antes de ese reconocimiento, ya su figura, en sombrerada y trajeada de negro, se había incorporado al altar popular del país bolivariano como un icono de fervor a la solidaridad y encuentro con los más humildes, tal cual es la prédica del cristianismo primitivo.

Sirvan los sencillos versos de Armando Amanaú, con que concluimos la columna de hoy, para expresar nuestra alegría por la santificación de un hombre que supo en su momento tomar la causa de los pobres y expresar su decisión de defender al país frente a la agresión del bloqueo imperial en época de Cipriano Castro, un régimen al que no era afecto; pero no se permitió a sí mismo perder la brújula de su integridad ciudadana bajo ninguna excusa.

AL SANTO DE VENEZUELA
José Gregorio Hernández-el doctor de Venezuela
que tanta gente venera
entre los llanos y el Andes
dos milagros yo le pido
al gran Siervo de Isnotú,
que se mejore Francisco
y que nos quiten la cruz
de más de las mil medidas
coercitivas del musiú

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