El Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo, a través de la Dirección General de Fiscalización y Control de Impactos Ambientales, se enfoca en estas dos especies protegidas, cuya comercialización indiscriminada tiene severas consecuencias legales
YOEL RIVAS SEQUERA
RNCC / FOTOS MINEC
De cara a la temporada de Semana Santa, con sus tradiciones y costumbres, el Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo (Minec) activó un operativo especial de fiscalización y de control para la comercialización de la baba y el chigüire en los estados Apure, Aragua, Barinas, Carabobo, Portuguesa, Guárico y Cojedes.
Esta acción de la Dirección General de Fiscalización y Control de Impactos Ambientales se enfoca en estas dos especies protegidas, cuya comercialización indiscriminada tiene severas consecuencias legales.
Las autoridades ambientales desplegarán este dispositivo técnico de fiscalización a los fundos de aprovechamiento, así como centros de acopio, centros de beneficio, depósitos para el aprovechamiento de especies de la fauna silvestre, principalmente de las especies baba (Caimán crocodilus crocodilus) y chigüire (Hydrochoerus hydrochaeris), de acuerdo a la temporada de caza que va desde el 1 de enero hasta el 31 de mayo de cada año, en concordancia a los instrumentos de control previo (licencias, guías entre otros) otorgados por este ministerio.
Asimismo, se prevé realizar operativos de control de la movilización y expendio de la fauna silvestre y sus productos en los diferentes puntos de control ubicados en los ejes carreteros de la entidad, así como fiscalizaciones en las zonas adyacentes a Áreas Bajo Régimen de Administración Especial, zonas donde se realicen el manejo, aprovechamiento de fauna silvestre, así como cualquier otra zona donde se presuma se lleve a cabo algún ilícito ambiental.
Los equipos de fiscalización estarán conformados por los funcionarios de cada institución integrantes del “Comité Nacional de Fiscalización y Control de Impactos Ambientales” bajo la rectoría del MINEC, que tenga jurisdicción en la zona, como la Guardia Nacional Bolivariana, a través de la Dirección del Servicio de Policía Administrativa Especial y de Investigación Penal para el Ecosocialismo a través de las Coordinaciones Estadales de Guardería Ambiental (CEGA’S) y demás unidades operativas de este cuerpo castrense.
También, la Policía Nacional Bolivariana, a través del Servicio de Policía Ambiental y sus unidades adscritas a nivel nacional. Otro ente responsable será el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), a través de la División de Delitos ambientales y maltrato animal y sus unidades adscritas a nivel nacional.

Asimismo, forma parte del equipo de fiscalización, el Ministerio Público, a través de las Fiscalías con competencias en Delitos Ambientales, Defensa Integral del Ambiente; y Maltrato Animal. Así como también, el Cuerpo Civil De Guardaparques, del Instituto Nacional de Parques y los Consejos Ecosocialistas, de las estructuras comunales (Poder Popular).
VIGILANCIA EN RUTAS Y CENTROS DE ACOPIO
Los funcionarios del Comité Nacional de Fiscalización verifican la legalidad de los subproductos derivados de la naturaleza en los principales puntos de control de las carreteras y troncales del país. Allí, cada vehículo de carga debe presentar la documentación que acredite el origen legal del producto, incluyendo licencias, guías de movilización y los respectivos precintos de seguridad.
Cabe destacar que los equipos técnicos están entrenados para detectar la mezcla de carnes, un fraude común donde se intenta camuflar carne de especies prohibidas con la de chigüire, y el ocultamiento de productos en compartimientos secretos de vehículos.
El dispositivo abarca la revisión exhaustiva de predios, centros de beneficio, mercados y cualquier establecimiento dedicado al expendio de especies como el Caimán crocodilus y el Hydrochoerus hydrochaeris, tanto para asegurar las condiciones de higiene como la legalidad de la procedencia de cada pieza.

Además de las labores de custodia las autoridades, activan jornadas de concienciación para informar a la colectividad sobre la importancia de preservar estos animales y evitar las sanciones derivadas del tráfico ilícito.
Es imperativo recordar que el Minec cerró recientemente el proceso de recepción de solicitudes para el aprovechamiento sustentable de estas especies. Esto significa que solo aquellos predios que cumplieron con el censo y la normativa técnica entre enero y febrero cuentan con el aval del Estado. Cualquier pieza de caza que se comercialice sin el respaldo de los inventarios poblacionales del Minec se considera producto de la caza furtiva.
REGLAMENTOS Y CONTROL DE FRAUDE
El operativo nacional se rige técnicamente por el Decreto N° 3.269, el cual dicta el Reglamento de la Ley de Protección a la Fauna Silvestre, y el Decreto N° 2.304 relativo a las normas sobre la caza en Áreas Especiales.
Los equipos técnicos prestan especial atención al cumplimiento del Decreto N° 3.454 y la Resolución N° 84, instrumentos que establecen las normas para el aprovechamiento sustentable de la baba y el funcionamiento del Consejo Nacional de la Fauna Silvestre.
Estas herramientas jurídicas permiten combatir de manera efectiva el fraude en la mezcla de carnes y el ocultamiento de productos en compartimientos de vehículos que intentan eludir la vigilancia. Con esta estrategia integral el Gobierno Bolivariano reafirma su compromiso de proteger la integridad biológica de la nación mediante una diplomacia ambiental soberana y efectiva.

TRADICIONES Y PRESERVACIÓN
Esta estrategia de protección ambiental asegura que el motor productivo del llano venezolano opere bajo principios de respeto absoluto a los ecosistemas y a la diversidad biológica de la nación. Además, busca demostrar que es posible mantener las tradiciones del llano venezolano sin comprometer la integridad biológica de la nación.
El chigüire y la baba son parte de nuestro patrimonio, consumirlos legalmente es un acto de conciencia, comercializarlos ilegalmente es un crimen contra la Patria.
El Chigüire, patrimonio de mesa y esteros
El chigüire (Hydrochoerus hydrochaeris) es un mamífero semiacuático perteneciente al orden Rodentia, y a la familia Caviidae, de hecho, es el roedor más grande del mundo. Habita en zonas de pastizales inundables o esteros, orillas de ríos y lagunas de los llanos, desde Venezuela hasta la Argentina.

En las creencias tradicionales de los yanomami y de los jiwi, cada recién nacido tiene un doble en forma de chigüire o de danta, quien le proveía fuerza vital, siendo así que si el animal moría, también fallecía la persona. Desde la conquista española, existe una conseja tradicional que cuenta que los primeros sacerdotes que llegaron a la región solicitaron al Vaticano clasificar al chigüire como “pescado” debido a sus hábitos acuáticos y patas palmeadas, permitiendo así su consumo durante la Cuaresma. En la actualidad y en el imaginario llanero, ver una manada de chigüires “sesteando” a la orilla de un caño es señal de un ecosistema sano y productivo. Es una especie muy social y se puede encontrar en grupos de hasta cien individuos, pero por lo general vive en grupos de diez a veinte.
Su carne, magra y de muy bajo contenido de colesterol, es muy valorada al paladar venezolano, se consume principalmente “pisillo” tras ser desmechada y aliñada. Su grasa es utilizada en la medicina popular para afecciones respiratorias.
La Baba, resistencia de escamas y barro
La baba, Caiman crocodilus crocodilus, es una especie de reptil carnívoro que habita los diferentes tipos de cursos de agua dulce, ciénagas y pantanos en el sur de México, Centroamérica y el noroeste de América del Sur. Pertenece al orden Crocodylia, familia Alligatoridae. Se diferencia del caimán del Orinoco por su menor tamaño y el reborde óseo entre los ojos o “gafas”, lo que le hace popular también con el nombre de caimán de anteojos.
En Venezuela, se le consigue prácticamente en cualquier cuerpo de agua dulce, desde grandes ríos hasta quebradas, canales, desaguaderos, préstamos y abrevaderos de ganado. Sin duda alguna la baba forma parte del paisaje llanero. Junto a especies como el chigüire y la garza adornan cada rincón de la sabana venezolana. En esos espacios, sus oscuros y acechantes ojos se suelen distinguir debajo del agua, a la espera de su próxima presa.
El llanero respeta a la baba como la dueña del agua. Su presencia garantiza que el pozo no se seque por completo, ya que sus movimientos mantienen profundo el fondo del préstamo.
Ya desde tiempos ancestrales, estos reptiles eran una parte importante de la dieta habitual indígena, que solían consumir su carne ahumada. Una vez descubiertos por los españoles, lo añadieron a su gastronomía, pero con adaptaciones a la región llanera, creando un plato completamente único.

El pisillo de baba se realiza con la carne de la cola. Este plato llanero tiene el mismo proceso de otros pisillos como el de chigüire y venado y otros. En primer lugar, se sala para su conservación, luego se le quita la sal por medio del agua, y posteriormente, se golpea con una piedra o un pilón para obtener, el corte desmechado de la carne para el tradicional pisillo.
Tradicionalmente, su piel fue motor de una industria de talabartería rústica, hoy estrictamente regulada para proteger la especie de la extinción.

