Analizamos el rol de los barcos en el transporte y el servicio de correo durante la convocatoria, desarrollo y los resultados en el Congreso de Panamá
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Buques de guerra y barcos fletados tuvieron un rol importante durante la convocatoria, el desarrollo y los resultados en el Congreso de Panamá. Tanto en el transporte para brindar seguridad a los Plenipotenciarios y Delegados, como el servicio de correo marítimo para la comunicación de los Estados asistentes con sus respectivos gobiernos.
Los primeros en llegar al Istmo, lo hacen el 18 de julio de 1825 y son los representantes del Perú, José María Pando y Manuel de Vidaurre. La segunda legación en desembarcar, es la de los plenipotenciarios de Colombia, Pedro Gual y Pedro Briceño Méndez, quienes arriban el 11 de diciembre de ese año y enseguida inician una serie de conversaciones ministros peruanos, de las cuales surgirán diversas correspondencias que requieren ser comunicadas.
Aunque funcionaba el correo oficial, había casos que ameritaban el carácter confidencial y la urgencia del envío, como por ejemplo, la carta que Simón Bolívar despacha el 22 de febrero de 1826 desde el Palacio de la Magdalena en Lima a Francisco de Paula Santander, en donde le da una verdadera cátedra de pulcritud en los negocios del Estado, con respecto a sus pretensiones de inducir al Libertador de involucrarse en negocios relacionados con la construcción de un canal en el Itsmo de Panamá. En la postdata le indica que la carta parte sin llegar el correo y que por eso no podrá contestarlo sino en el próximo. Agrega que por la vía de Guayaquil le escribirá largamente y por eso cree que llegará antes que el correo ordinario” (Simón Bolívar. Archivo del Libertador. Archivo General de la Nación. Documento Nº 1.039 del 22 de febrero de 1826).
Al parecer, las comunicaciones más claves de Bolívar las remitía haciendo escala en Guayaquil y obviando en muchas ocasiones el correo ordinario, por lo él mismo explica a Santander. Lo cierto es que entre los barcos que más figuran, se encuentra la goleta Macedonia, un buque de guerra clave de la Marina del Perú, de 14 cañones famoso por transportar al General José de San Martín a la histórica entrevista de Guayaquil con Bolívar el 26 de julio de 1822. Mientras que la goleta Guayaquileña era de la flota colombiana y tenía 14 cañones.
La Macedonia destaca en el servicio de transporte y correos oficiales en las deliberaciones del Istmo, el despacho y recepción de circulares y correspondencias de Simón Bolívar en el Palacio de la Magdalena, en Lima. En carta que emite el Plenipotenciario colombiano Pedro Gual al Libertador, el 11 de abril de 1826 desde Panamá le comunica que “por la Macedonia tuvo el gusto de recibir su favorecida del 6 de marzo último” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias del General O’Leary. Tomo VIII. Caracas. 1880, p. 436).
Esta goleta, al igual que la Guayaquileña, tuvo un papel activo en las operaciones navales durante la guerra de independencia suramericana. Ambas venían de participar en la batalla naval del Callao y habían formado parte de la escuadra combinada colombo-peruana-chilena que había ejecutado el bloqueo y la rendición de la fortaleza del Real Felipe, el 23 de enero de 1826, además de otras operaciones marítimas importantísimas.
La Macedonia había desembarcado el 2 de abril de 1826 en el puerto Panamá al nuevo ministro plenipotenciario peruano Manuel Pérez de Tudela, en reemplazo de Pando, nombrado secretario de Relaciones Exteriores del Perú (…) Por su parte, Vidaurre, aprovecha el viaje de Pando de regreso al Perú, para escribir a Bolívar con este mensajero dándole su opinión sobre diversos temas candentes, entre ellos el del Congreso Anfictiónico. Según Vidaurre, las comunicaciones entre Panamá y Lima son muy tardías, y no fijas” (Sergio Guerra Vilaboy. Diario del Congreso Anfictiónico de Panamá: Cronología de sus antecedentes, desarrollo y resultados. CLACSO. Buenos Aires. 2025, p. 93).
Otro transporte, pero en este caso, fletado, aparece en la misiva de Gual al Libertador, del 11 de abril, en donde le comunica además, que Briceño Méndez y él, invitaron a los Plenipotenciarios del Perú a dirigir una circular a los demás Estados americanos para que enviasen los suyos sin pérdida de tiempo. “Los peruanos se encargaron de dar dirección a las de Chile y Buenos Aires y nosotros a los de Guatemala y Méjico, a cuyo efecto fletamos 1.400 pesos en la goleta Joven Cornelia. Tengo el gusto de decir a Usted que este buque llegó de vuelta a los pocos días, y nos ha traído contestaciones satisfactorias. En consecuencia de ellas, están ya en esta ciudad los Ministros de la América Central y llegarán de un momento a otro los de Méjico, que han debido de salir de un puerto del Pacifico a mediados del mes pasado” (Ibídem. O’Leary. 1880, p. 436).

Por un lado se observa la ubicación estratégica de Panamá, puesto que todos los Plenipotenciarios usaron como vía la ruta marítima del Pacifico. Por otro lado, se contempla la fluidez comunicacional y su efectividad. Esto se evidencia en la encomienda a la goleta Joven Cornelia ya que el 18 de marzo, ya se encontraban en puerto panameño “los ministros plenipotenciarios de Centroamérica, Pedro Molina y Antonio Larrazábal, el mismo día que en Londres el premier inglés George Canning, designa, a nombre de Su Majestad, a Eduardo James Dawkins, representante británico al cónclave anfictiónico en calidad de observador sin poderes plenipotenciarios” (Ibídem. Guerra Vilaboy. 2025, p. 90).
El 12 de abril Gual vuelve a escribir a Bolívar para ponerlo en cuenta de la postura asumida por los Plenipotenciarios peruanos y le indica que “los señores Ferreyros y Agüero tendrán la bondad de poner en manos de Usted esta carta. Estos señores se han conducido perfectamente. Son moderados e instruidos” (Ibídem. O’Leary. 1880, p. 443).
Una correspondencia sumamente relevante para el Libertador y que también requiere del correo marítimo, la dirige el 27 de abril, para participarle que el 26 de dicho mes, “ha recibido un oficio del intendente del Magdalena, anunciándole que el 18 de febrero último salía de Londres, el Honorable Eduardo Ward Dawkins para esta ciudad. Dice que viene a asistir a esta Asamblea, como Plenipotenciarios de S.M.B. No creo esto último, pero sí sé que vendrá aquí como agente puramente confidencial, y que Llegarà muy pronto” (Ibídem. O’Leary. 1880, p. 443).
Otro buque, aunque no se menciona su nombre, arriba en este caso, el 1º de junio en Panamá y trae al diplomático del Reino Unido Edward J. Dawkins, cuyas credenciales presentará a Pedro Gual el 23 de ese mes como presidente del Congreso Anfictiónico, “con sus dos secretarios, quienes “murieron lamentablemente, con un mes de diferencia el uno del otro, Mr. L. Childers de 21 años y Mr. J. Le Mesurier de 18 años, a causa de la Fiebre Amarilla, que endémicamente azotaba nuestro país, y ambos fueron enterrados en Cementerio Británico, luego llamado de los Extranjeros, a las faldas del Cerro Ancón” (Eric Antonio Ureta S. De las enfermedades endémicas, el Congreso Anfictiónico, el Canal de Panamá y la elegía a la fiebre amarilla).
Otro percance, pero ocurrido durante el lapso del traslado al Istmo se suscita con un buque que queda varado en el río Magdalena. El barco que había salido de Bogotá el 7 de junio de 1826 y llevaba al Ministro Plenipotenciario de Estados Unidos, Richard Anderson, pero su embarcación encalla, tocando el fondo de la arena del rìo y quedando inmovilizada varias semanas. “Allí contrajo la fiebre amarilla y el 14 de julio llegó a Cartagena gravemente enfermo, donde murió diez días después cuando bordeaba los 40 años de edad” (Ibídem. Guerra Vilaboy. 2025, p. 163).
Por lo tanto, esto impide su presencia en el Congreso Anfictiónico. Dos días antes, de la muerte de Anderson, el 22 de julio, a bordo de la goleta la Macedonia, frente a Buenaventura, Pedro Briceño Méndez, quien ya venía de regreso, escribe al Libertador, para darle detalles del Congreso en Panamá y en la carta le manifiesta: “fuerte el empeño es el mío en querer escribir a usted mareado, como vengo, y con todas las incomodidades que se sufren a bordo de un buquecito como este; pero tengo que contestarle las dos cartas que me ha escrito por este mismo buque y por la Guayaquileña, y quiero aprovechar el tiempo para que no se detenga tanto el capitán Dorronsoro esperando mi correspondencia cuando me ponga en tierra” (Ibídem. O’Leary. 1880, p. 208).
El contenido arroja varios datos interesantes. Uno es, la poca experiencia de Briceño Méndez en la travesía marítima. Siguiendo su trayectoria, el general venezolano tenía escasas millas náuticas en cruceros y expediciones navales, como sí la poseían algunos Plenipotenciarios, dado a los constantes viajes a bordo de barcos, durante sus carreras diplomáticas. De hecho, para culminar la redacción de la misiva, confiesa: “ya es tiempo de acabar, porque ya es tarde y temo que el estado indigesto en que encuentra mi cabeza, se sienta demasiado en esta carta. Mareado, incómodo como a bordo, y de noche, no es posible que haya escrito sino muchos disparates” (Ibídem. O’Leary. 1880, p. 213).
Lo otro es, la movilidad constante y la fluidez de entrada y zarpe de los buques que prestaban tan necesario servicio a la realización del Congreso de Panamá, era de tal manera que Briceño Méndez expresa su decisión de culminar la correspondencia para no detener más tiempo en el puerto al capitán de la goleta colombiana la Guayaquileña. Días antes, el 2 de julio de 1826, había atracado en puerto panameño, el buque que traía al representante diplomático de los Países Bajos, el coronel Jan Verveer y a su Secretario Matheus Simon.

Tras el cambio de sede para la ciudad de Tacubaya, los barcos continúan siendo la pieza clave para el traslado de Plenipotenciarios, recepción y despacho de correspondencias y noticias relacionadas con la Asamblea Anfictiónica. En agosto de 1826, llegan los ministros plenipotenciarios Gual, Domínguez Manso, Larrazábal y Michelena a Acapulco, desde donde se trasladan a la capital mexicana, con excepción del primero, que decide permanecer en el puerto un tiempo para atender a su esposa que acaba de parir. Al mes siguiente, desembarca en México el enviado diplomático de los Países Bajos Verveer” (Ibídem. Guerra Vilaboy. 2025, p. 127).
Esto indica que el viaje fue realizado por la costa Norte del Pacifico para llegar al mencionado puerto de Acapulco y luego trasladarse a Tacubaya. Es realmente admirable, la entrega de Pedro Gual para lograr la consolidación de la alianza de los países hermanos. Su esposa embarazada vive los rigores de la insalubridad en el Istmo. Al zarpar con su familia a Acapulco, debe detenerse en aquel puerto, en donde nace el niño, pero debido a las condiciones, éste muere prematuramente, constituyendo un sacrificio familiar.
Cinco meses más tarde, el 20 de enero de 1827, “el ministro plenipotenciario peruano Pérez de Tudela, que debía asistir a Tacubaya, es autorizado por su gobierno a regresar a Lima –en donde ya está Vidaurre con los tratados firmados–, después de un intento infructuoso de viajar a México junto con el representante centroamericano Pedro Molina, debido a desperfectos en la embarcación Tres Hermanas, que los hizo regresar al Istmo en agosto del año anterior” (Ibídem. Guerra Vilaboy. 2025, p. 130).
A doscientos años de la conmemoración del Congreso de Panamá, uno de los lazos del arte de la marinería, como lo es el nudo Carrick, es tomado para simbolizar la representación gráfica o logo del Coloquio Internacional “Patria es América”, algo intrínsecamente asociado, no solo a la Unidad Latinoamericana, como referente de amarre, tejido, lazo o nudo que enlaza y que es difícil de soltar; sino que también se rinde tributo y reconocimiento a todos aquellos marineros que durante la gesta emancipadora y todo el proceso que implicó la convocatoria y desarrollo de la Asamblea en el Istmo, cumplieron a bordo de los barcos de guerra de las Armadas y buques mercantes, una importante misión llamada a consolidar una “Anfictionía Marítima” planteaba por el Libertador Simón Bolívar, en uno de los momentos más cumbres y decisivos de la historia continental. No se trataba de una simple confederación circunstancial o momentánea, sino de una alianza perpetua.
Esta imagen bicentenaria también constituye uno de los elementos simbólicos de la épica naval, hasta ahora desconocida, en donde se puede contemplar el imprescindible rol de los buques para el desplazamiento y la comunicación a grandes distancias, lo cual, a su vez, nos evoca la lucha que libramos en nuestro mares, ríos y costas para alcanzar la libertad y garantizar la soberanía del Mar de la Patria Grande. Es un signo indisoluble de la unidad.
No es una coincidencia que el Buque Escuela Simón Bolívar (BE-11) para el XXXVI Crucero de Instrucción tome la consigna “Mares de Unión 2026” en este año bicentenario de la Anfictionía Marítima, la cual sigue inspirando el espíritu de la unión de nuestros mares impulsado por el Libertador.

