EDUARDO MARIÑO RODRÍGUEZ
RNCC / FOTO CORTESÍA

Hace unos pocos días, John Ratcliffe, director de la CIA, llevó a un líder paramilitar involucrado en la captura del presidente Maduro a una reunión de alto nivel en Cuba.

Funcionarios cubanos dicen que al menos 32 de sus efectivos fueron asesinados durante la operación de enero contra Maduro. Ratcliffe presentó al operador como la persona responsable, probablemente como una advertencia a La Habana.

Aquí está la foto. Lo que no verás será los “influencers” cubanos y promartirio que viven criticando al gobierno venezolano por optar y negociar una solución menos traumática para el pueblo (que es al final, quien recibe las bombas y el fósforo blanco) porque claro, los impolutos héroes de la revolución cubana no pueden ser criticados, aunque se sienten culo a culo con los mismos matones de la CIA que tienen una pistola en la sien de Delcy.

Cuando ese mismo Ratcliffe estuvo en Caracas tras la agresión del 3 de enero, los impolutos ideólogos y propagandistas de Cuba y los colonizados locales saltaron como lobos sobre Delcy y el alto mando del gobierno, señalando que se habían entregado al imperialismo, mientras ellos hacen lo mismo en silencio.

Porque su único fin es el victimismo, aunque tengan para ello que someterse a mil años de bloqueo y vejaciones, aunque se expongan a que los dejen como Gaza y Khan Younis, ellos creen que eso es valentía. Que llevar niños, jóvenes, mujeres y ancianos a la muerte horrenda de las bombas y el napalm es digno porque es valiente.

A mi entender, hay más valentía en sentarse cara a cara, abiertamente, con la bestia y sus dientes acerados, y tratar de encontrar caminos para la vida.

Dejarse matar no es de valientes, es glorificar el suicidio en nombre de la dignidad. Y creo que ninguna sociedad civilizada en el mundo ha glorificado el suicidio como política individual o colectiva, porque precisamente, la vida exige sobreponerse a las amenazas y avanzar. Ya basta del culto a la muerte, ya basta de glorificar una supuesta resistencia que solo beneficia a un grupo mientras el resto sufre la ignominia de una bestia que no conoce de límites, de honor, ni dignidad.

Decía el Padre Bolívar: “La sangre de los ciudadanos es el tesoro más precioso que puede tener una nación; no se debe derramar sino para salvar la patria, y no para saciar una ambición o un capricho militar”.

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