La proeza fluvial de Cabrián, entre el 3 y el 5 de agosto de 1817, consolidó la liberación de la Provincia de Guayana

WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

La Campaña de Guayana demandó un conjunto de operaciones terrestres y navales que se desarrollaron de manera sincronizada, tanto la marina como el ejército. Pero su cenit lo constituye la proeza fluvial de Cabrián, un fuerte enfrentamiento que se produce entre el 3 y el 5 de agosto de 1817 en las aguas del Orinoco entre las escuadras patriota y realista y muy específicamente en esta ensenada que se ubica en el hoy municipio Casacoima del Estado Delta Amacuro.

La carta remitida por el Libertador, el 7 de agosto de 1817 desde la Vieja Guayana a Leandro Palacios, es por demás elocuente, al testimoniar: “¡Al fin tengo el gusto de ver libre a Guayana! La capital se nos rindió el 18 del pasado y estas fortalezas el 3 del corriente” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias de O’Leary. Tomo XXIX. Caracas. 1887, p. 121-122).

El mismo Almirante Luís Brión lo confirma en el parte que emite de la célebre batalla fluvial, al exponer que “después de una difícil campaña de cuatro meses somos ahora dueños de toda la Guayana” (Contralmirante A.R.V. (Ret.) Manuel Díaz Ugueto, Luis Brion Almirante de la Libertad. 1982, p. 25). En Documentos del Almirante Brión. Tomo I. Ediciones del Congreso de la República. Caracas. 1982, p. 25).

Sin embargo, algunos historiadores imbuidos en la concepción militar terrestre caen en una especie de salto de pértiga desde el brillante triunfo de San Félix la evacuación de las fortalezas Vieja Guayana, al punto que toman como una consecuencia directa, pasando desapercibida la épica fluvial que se registra entre mayo y agosto de 1817, bajo al mando supremo de Simón Bolívar.

De hecho, Manuel Piar se percata que sin una flotilla era imposible la toma de Angostura. Al verse urgido de una flota solicita el auxilio de la escuadra ofrecida por el Libertador. En un oficio que despacha a Manuel Cedeño el 25 de enero de 1817, le informa que recibió “un pliego del Excmo. Señor Jefe Supremo, comunicándole su arribo a Barcelona con una escuadra y muchos elementos militares. La escuadra debe haber salido ya para las bocas del Orinoco” (Antonio José e Hipólito Valdez Mederico. Piar y Bolivar, la verdad de la Campaña de Guayana: 8/10/1816 – 17/10/1817. Editorial Trinchera. Caracas. 2021, p. 66).

Esto lo tenía claro el Libertador, quien el 10 de enero de 1817 le había dirigido una correspondencia al general curazaleño, afirmándole estar seguro que “sin una flotilla respetable era imposible tomar Guayana” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias de O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 116-117).

ANGOSTURA INDEFENSA

Uno de los primeros en hacer un balance bastante contextualizado es precisamente Baralt, quien al referirse a la victoria de la batalla de San Félix, afirma que “este brillante triunfo, que dió a Piar hombres, municiones, armas, vestuarios y dinero, no dejaba sin embargo indefensa a Angostura, mientras que los patriotas careciesen de fuerzas navales con que batir las del enemigo y hacerse dueños del curso del Orinoco” (Rafael María Baralt. Resumen de la Historia de Venezuela. Tomo II. Versión digital por el Fondo Editorial de la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt. UNERMB, 2016, p. 451).

Es con la construcción de los apostaderos, de embarcaciones, con la toma de la isla Fajardo y el fuerte el Borbón, que el bloqueo se puede hacer efectivo. A esto se suma la entrada de la flota del Almirante Brión a las Bocas del Orinoco. Refiere Baralt (1841, p. 460) que con “la llegada de la escuadra causó a los patriotas un regocijo imponderable; y en verdad con justísimos motivos, pues en ella iban las familias, deudos y amigos de muchas personas del ejército, y eran sus buques lo único que se necesitaba para completar la campaña gloriosa de Guayana. Ya era en efecto imposible a los realistas sostenerse más tiempo en aquellos parajes, sin esperanza de socorros terrestres, interceptada la comunicación marítima y devorados por una hambre extrema”.

LOS ESPAÑOLES QUEDAN BLOQUEADOS

Durante la polémica diplomática suscitada por el apresamiento de las goletas Tigris y Liberty por al capitán Antonio Díaz el 4 de julio de 1817, el Libertador dirige el 24 de agosto de 1818 a Juan Baptiste Irvine, Agente de los Estados Unidos de América del Norte ante el Gobierno de la República de Venezuela, en donde aclara que “el río estaba bastante bloqueado con las fuerzas sutiles y con el ejército en tierra que lo sostenía mientras los buques mayores hacían su crucero en el mar” (Héctor Valdés y Luís Cortés Bargallo” (Coordinadores). Simón Bolívar. Textos de una Antología Original. México. 1982, p. 175).

Esto indica que lo dispuesto en el decreto del bloqueo emitido por Bolívar el 6 de enero de 1817 en el Cuartel General de Barcelona, había sido efectivo, cuya disposición constituye una medida jurídica para cortar todo tipo de apoyo logístico y bélico a los realistas. Con ella se restringe el canal navegable para el transporte de bienes, personas o fuerzas militares a los españoles.

Esto lo reconoce el Capitán Rafael Sevilla, al citar al oficial español Sebastián Echeverría, quien confiesa que “el río está bloqueado: no hay que pensar en él”. De hecho, cuando llegan el 20 de julio de 1817 a los castillos de la Vieja Guayana, y esto lo ratifica Sevilla al decir que ya “estaban bloqueados por agua y por tierra”, (Capitán Rafael Sevilla. Memorias de un oficial del ejército español. Campañas contra Bolivar y los separatistas de América. Madrid, España. 1916, p. 162).

De no haber sucedido este cerco, bien podrían abastecerse o esperar apoyo externo, tal como era el propósito. Por lo que resulta imposible desestimar las acciones fluviales ejecutadas y libradas entre mayo y agosto de 1817.

Dos acciones de carácter naval complican la situación a los españoles. La noticia sobre la construcción del fuerte Brión en la ensenada de Cabrián y la derrota del 8 de julio en la isla Pagayos, a cargo del comandante patriota Capitán Antonio Díaz. “Era en efecto imposible a los realistas sostenerse más tiempo en aquellos parajes, sin esperanza de socorros terrestres, interceptada la comunicación” (Ibídem. Baralt. 1841, p. 461).

Un testimonio fehaciente lo ofrece el Capitán Sevilla, quien sostiene que “el Brigadier La Torre había resuelto en su fuero interno la retirada de todos a las fortalezas de la antigua Guayana, donde esperaba encontrar recursos suficientes, hasta que llegara Morillo o los víveres de las colonias” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 177).

Esto lo corrobora Vicente Lecuna en su reconocida obra “Crónica razona de las Guerras de Bolívar. Tomo II. Nueva York. 1950, p. 51), al exponer que “los emigrados y soldados desembarcaron al día siguiente, porque se resolvió armar en guerra con piezas de artillería de las 12 existentes en la fortaleza, algunos de los buques de transporte y para esto precisaba construir las cureñas correspondientes. Por este motivo, y la esperanza de recibir refuerzos de Morillo, el convoy se detuvo 14 días”.

EL CONTEXTO DE LA MEMORABLE BATALLA

Lo anterior no deja lugar a dudas que la salida de Angostura no significó una retirada absoluta, sino que por objetivo esperar el refuerzo de Pablo Morillo o el auxilio de las colonias caribeñas. En todo momento, los realistas estuvieron prestos a seguir resistiendo. De no haber querido combatir, hubieran aceptado la rendición ofrecida por Simón Bolívar en la proclama dictada el 31 de julio de 1817 en su cuartel General de Casacoima.

El 3 de agosto en la mañana zarparon las naves realistas para romper el bloqueo, dispuestos a enfrentar combate. Las acciones se llevaron a cabo en coordinación con las fuerzas de tierra al mando de Simón Bolívar. Ambas fuerzas se preparaban para un enfrentamiento. “Mientras tanto los patriotas mantenían el grueso de sus fuerzas en disposición de dar una batalla. Así como también, para una salida en masa” (Ibídem. Lecuna. 1950, p. 51).

Los primeros fuegos vinieron de las fuerzas apostadas en los cerros aledaños a las fortalezas de la Vieja Guayana. Así lo precisa Lecuna al narrar: “al amanecer del 3 de agosto estaba concluido el embarco y el convoy se puso en marcha bajo un nutrido fuego de sus adversarios apostados en los cerros vecinos a los fuertes” (Ibídem. Lecuna. 1950, p. 52)

Bolívar había dispuesto una operación en conjunto y bastante sincronizada. Por ello “las tropas republicanas dirigidas por Anzoátegui ocuparon los castillos y procedieron a instalarse convenientemente. El Libertador y sus edecanes corrieron a Cabrián donde acudió con tiempo P.L. Torres con los batallones Barlovento y Guardia de Honor, a sostener los buques de Brión” (Ibídem. Lecuna. 1950, p. 52).

Narra más adelante Lecuna (1950, p. 53) que “al aproximarse al Cabrián los españoles formaron dos grandes columnas. A la derecha, dando frente a los patriotas, los buques mayores armados en guerra, y a la izquierda los de transporte y los menores”.

Por su parte, el Capitán Sevilla agrega que a las diez de la mañana los patriotas le invitaban al combate y a la una se encontraron con toda la escuadra de Brion que se les venía encima. Destaca que su línea de batalla abarcaba todo el ancho del río. Pero cuando nos juzgamos enteramente perdidos, fué al divisar, además de esto, un ejército en tierra que con una formidable batería nos esperaba en la ribera para acabarnos” (Ibídem. Sevilla. 1916, p. 186).

Lo que también despeja la versión de una huida sin combate, es el testimonio que ofrece Sevilla sobre La Torre, quien asegura que dicho comandante ordenó: “fuego, y al abordaje, muchachos, que son pocos y cobardes y acota: Nuestros cañones empezaron a tronar, y empavesando los barcos con todas las velas y favorecidos por la corriente, nos lanzamos a romper la línea” (Ibídem. Sevilla. 1916, p. 186).

En consecuencia, relata el episodio en el siguiente fragmento: “ante esta actitud resuelta, la escuadrilla de Brión se acoderó bajo la protección de la batería terrestre, dejándonos el paso libre. Pero ésta y los enemigos rompieron sobre nosotros un fuego de cañón terrible. Entonces, el bravo comandante de la Marina, Lizarra, mandó que los barcos nos pusiésemos en proa para el enemigo, mientras los demás, con el núcleo de la emigración se deslizaban por las popas, y que no hiciesen fuego ínterin no lo hiciese la corbeta. La metralla nos destrozaba las arboladuras, velámenes y obras muertas, y nos diezmaba” (Ibídem. Sevilla. 1916, p. 186-187).

En cuanto a los efectos del cañoneo, sostiene que “a la polacra una bala le cortó la driza, echando al suelo nuestro pabellón, pero acto continuo afirmamos otro. Otra bala de 18, del bergantín Bello Indio, desmontó las seis piezas de estribor de la Capitana, haciendo astillas las cureñas, matando doce hombres, pasándole a Lizarra por entre los muslos y llevándole la carne de uno de ellos” (Ibídem. Sevilla. 1916, p. 187).

Un aspecto digno de exaltar en esta épica fluvial es la participación protagónicas de los pueblos Caribe. Apunta Lecuna (1950, p. 54) que “al mismo tiempo las flecheras de Rafael Rodriguez, llamadas con anticipación por el Libertador, avanzaban sobre los buques españoles; y sus tripulantes, casi todos indios caribes, dando gritos de guerra, mostraban sus armas blancas preparadas para el abordaje. El Tártaro, el Indio Libre y el Terror guiados por Brión, avanzaron sobre la línea enemiga, y ésta sin que las dirigiera, emprendió la retirada”. La goleta Tártaro era comandada por el Capitán de Navío José María Garcìa.

Continúa Lecuna el relato de la batalla y al respecto agrega que “envueltos en las sobras de la noche y azotados por la tormenta los buques españoles siguieron hacia los brazos del Orinoco. Frente a la isla Yaya, punto en que estos se abren, trataron de detenerse, bajo un fuerte chubasco, pero luego siguieron la fuga sin plan y sin concierto. Las cañoneras se escurrieron por el caño Macareo, y huyeron hacia Trinidad, abandonando el convoy…Imposibilitado Lizarza de ejercer el mando, el experto Echeverría, no pudo hacerse obedecer por falta de señales convenidas”.

Luego hace una narración sucinta de los combates en las islas Tórtola, Sacupana, Imataca y Boca Grande. Siendo el enfrentamiento del día 4 de agosto, la batalla central debido a que se produce el fuerte choque entre las principales naves de guerra de ambos bandos. En este sentido, Lecuna (1950, p. 55), señala que “al amanecer del 4 se reunieron alrededor de la corbeta Merced, en la que iba La Torre y de la goleta Carmen, varios buques entre otros el bergantín de Casanueva, las goletas Guadalupe, Rapelo, Pancha y el guairo María” (Ibidem. Lecuna. 1950, p. 55).

Prosigue Lecuna (1950, p. 55) y agrega que “poco después se presentó Brion y se comprometió un fuerte combate, en el cual estuvieron a punto de caer en manos de los insurgentes el buque de Seijo y la Comandanta o sea la Merced, varada en una de aquellas orillas. La artillería de la segunda comandanta, la goleta Carmen, dirigida por Echeverría salvó a sus compañeros…Más adelante se renovó el combate frente a la isla Imataca en donde muere el Capitán Bonet, comandante de la flechera que Echeverría envía a salvar a la Bombarda Malagueña. Fue ametrallado por los buques de Brión, aunque algunos tripulantes de la Bombarda se salvaron huyendo en una lancha. En la tarde se produce en segundo combate en donde murieron muchos españoles y los patriotas tuvieron pérdidas sensibles”.

Sobre las acciones del día 5, acota que “en la tarde se reunieron ocho buques mayores en Pagayos más delante de la unión del brazo de Imataca con el río Grande. En dos columnas presentaron batalla a Brión, pero éste esquiva el combate por no tener suficientes naves. Los españoles siguieron adelante, y en la noche con la marera pasaron la Barra” (Ibídem. Lecuna. 1950, p. 56).

Durante tres días de persecución y hostigamiento los patriotas tuvieron un saldo de 31 heridos y 32 caídos, sin contar la de los otros y su escuadra y las flecheras. Mientras que los españoles tuvieron 280 muertos, sin contar los que murieron en la emigración (Ibídem. Lecuna. 1950, p. 56).

El 3 de septiembre de 1817 desde las fortalezas de la Antigua Guayana en el municipio Casacoima el Libertador dispone el cese del bloqueo y en consecuencia dictamina que “hallándose ocupada toda la Guayana por las tropas de la República, y no habiendo ni en una ni otra banda del Orinoco enemigos que puedan hostilizar el comercio, he venido en declarar como declaro por las presentes, levantado el bloqueo decretado el 6 de enero de este año por lo respectivo a la Guayana, quedando en toda su fuerza y vigor en cuanto a los puertos de Cumaná, La Guaira y Puerto Cabello” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 292).

IMPACTO Y TRASCENDENCIA DEL TRIUNFO DE CABRIÁN

No debe caber la menor duda sobre la contundencia de las maniobras navales y la repercusión de la proeza de Cabrián, las más grande e importante hazaña fluvial de la gesta emancipadora, ya que aparte de liberar el Orinoco, marca un hito indiscutible sobre la posesión histórica y jurídica sobre Guayana y la fachada Atlántica.

El Decreto emitido por Simón Bolívar, el 15 de octubre de 1817 desde su Cuartel General en Angostura, resulta incuestionable al argumentar textualmente: “Debiendo incorporarse a la República la Provincia de Guayana tomada últimamente por la primera vez bajo la protección de nuestras armas y leyes, he tenido a bien decretar y decreto lo siguiente: Artículo 1° – La Provincia de Guayana en toda su extensión queda reunida al territorio de Venezuela, y formará desde hoy una parte integrante de la República (Carlos Oropeza. En Blogger.com. http://esequibonuestro. blogspot.com › 2013/06). Siendo éste, el documento más fehaciente de nuestra soberanía sobre la Guayan Esequiba, ya que señala expresamente sus límites.

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