ARGIMIRO MELÉNDEZ
RNCC / FOTO CORTESÍA

Tendría apenas diez años cuando estudiaba cuarto grado que con mucha insistencia convenció a otra muchacha que ya estudiaba en el liceo para que le ayudará en ¿Cómo se decía “adiós mi amor” en inglés? para que después de una ardua revisión en los muy pocos diccionarios inglés español que circulaban en la época, su amiga una tarde le dijera.

– ¡Goodbye my love! Así se dice adiós mi amor en inglés.

Ella -Ethelvina- muy sonriente y agradecida lo repitió tantas veces, hasta que lo memorizó y escribió en un papelito para entregárselo a su única y verdadera amiga del colegio quien estaba profundamente enamorada de un niño de sexto grado que también era el anhelo de muchas estudiantes. En el papelito que estaba bien dobladito, casi que sellado se leía. ¡Cuba mai lot!

De esa forma que ella recuerde, Ethelvina se inició en el difícil arte de la escritura en una época donde estudiar no era el anhelo de muchas y aprender oficios del hogar era casi la tradición que esperaba a las niñas, futuras mujeres que sólo estaban predestinadas para la procreación y oficios del hogar. Sin embargo, Ethelvina quien era una morena esbelta, muy simpática, con mucha gracia y de cabello crespo muy rizado, cuán prototipo de sus nobles antepasados africanos para funcionar en los grupos escolares, siempre le correspondía transcribir los trabajos que solicitaban los maestros, pero lejos de amilanar su disposición, ella disfrutaba haciéndolo por lo que desarrolló una gran habilidad en lecto-escritura, con lo que pudo destacarse rápidamente en ese difícil arte.

Su afán por escribir era de tal naturaleza que una vez ya casi al final de año escolar, y por manifiesta torpeza, se terminaron las hojas útiles de su buen cuidado y anhelado cuaderno mixto de Ciencias Naturales y, ya en uso de uno nuevo, volvió a transcribir todo el temario, menos mal cayó en cuenta de su garrafal error y comenzó a escribir más pequeño, guardando más espacios de sus espectaculares grafos cuán propia de los más destacados escribientes y secretarios de los tribunales y prefecturas en su voluminoso libro de actas.

Su caligrafía era tan impresionante que sus maestros y hasta el Director de la pequeña escuela, le pedían favores para que ella escribiera los oficios que en manuscri tos debían circular hasta las instancias externas y superiores porque su escuela al estar ubicada en un lejano sector rural, no le correspondía en su equipamiento una máquina de escribir, incluso el cargo de secretaria no existía en la nómina.

El tiempo pasó y los padres de Ethelvina, para sobrevivir al igual que muchos abandonaron el campo y participaron en una de las más grandes invasiones de terrenos que se habían producido hacia la zona sur de la localidad vecina. Allí en Conaima como una gran ola, numerosas familias se establecieron en condiciones muy paupérrimas y difíciles, ellos no fueron la excepción.

Ethelvina, como muchas se embarazó muy joven y tuvo hasta tres intentos para conseguir una buena pareja con idéntico número de hijos, pero fracaso en su emprendimiento, sin embargo, con mucho corazón y empuje quizá producto de sus ancestros, levantó aunque con sacrificios a sus críos. Ellos también fueron a la escuela.

Ramón su primogénito hijo, heredó de su madre la organización y aplicación en sus estudios. Por ello, y sus más altas calificaciones le concedieron el honor y la oportunidad de pronunciar el discurso final de promoción del sexto grado. Por supuesto, su orgullosa madre Ethelvina ayudó en su redacción y con lágrimas que rodaban incesante por su cenizo rostro, escribió su trascendental título “Cómo olvidar” estribillo de entrada en muchos de los párrafos cuán analogías a las vivencias de muchos personajes escolares ocurridas durante los seis años de estudio que cursó la promoción y, entre ellos destacándose siempre… su hijo.

Igualmente, Ramón durante su lectura en el paraninfo de la Universidad que prestó sus instalaciones, donde cupo tamaña magnitud de invitados, también de temor en varios momentos gimoteó, y quebró su voz, pero con gran fortaleza pronunció el discurso que arrancó los más sonoros aplausos, incluso de pie por todos los pre sentes.

En su resplandor intelectual hubo un periodo donde Ethelvina también asesoró a varias figuras del medio político en la redacción de sus declaraciones a los medios, inclusive era invitada y contratada especial para redactar micros de radio y publicidad. Del mismo modo, los mensajes de fin de año que redactaba Ethelvina siempre se destacaban y a las instituciones que pagaban sus servicios en los maratónicos del último día del año, siempre gozaron del aprecio y reconocimiento de sus oyentes.

Asimismo, fueron muchas las ocasiones mientras estuvo en su sano juicio que solicitaron sus bien nombrados servicios para la redacción. En una oportunidad una muy destacada profesional y catedrática de la medicina había sido elegida por sus estudiantes de postgrado como personaje epónimo de su graduación, ella le pidió que redactara su discurso. Nuevamente Ethelvina inspirada por el privilegio concedido reunió suficientes datos y con prodigio tituló su obra ¿Cómo no sentir la vida? en clara alusión a los médicos quienes se vieron reflejados en magistrales metáforas que la escritora redactó.

Luego con el transcurrir del tiempo su obra tomó mayor empuje y comenzó a utilizar los medios de comunicación social para mostrar su incontenible producción como columnista en los diarios locales, también las redes sociales y hasta abrió un blog en la web. Asimismo, envió su material en su mayoría del genero Cuento para participar en reconocidos concursos nacionales y regionales de literatura, de los cuales, aún espera respuesta. Su apasionado afán por escribir no conocía límites.

Entre la gran variedad en la redacción de importantes escritos que le fueron concedidos, estuvieron los discursos, defensas en juicios penales, prólogos de libros y hasta solicitud de asilo pasaron por sus manos. En todos siempre brillaron la verdad y la utilización de las más sinceras palabras muchas escritas con honesta admiración y precisa ubicación según su contenido.

Sin embargo, la situación socioeconómica del país, producto de los inescrupulosos bandidos del gobierno que asaltaron el erario público y provocaron la mayor hambruna jamás conocida por las familias, muchas personas entre ellas Ethelvina perdieron su sano y mental juicio por lo que en su frenesí, ahora muchas veces sola y algunas, muy pocas acompañada por su menor hija, ella, Ethelvina camina desde Conaima hasta el centro de San Carlos que son varios kilómetros de distancia y da rienda suelta a su portento de imaginación y escribe. Sí, escribe en muchas paredes de las calles, portones, iglesias, edificios públicos, casas y hasta en los estadios deportivos muestran su obra a full color.

Ahora ya no con la plenitud de sus facultades Ethelvina redacta sus largos e inspirados, también incoherentes mensajes no entendibles por mortal alguno, sino solamente descifrados por los dioses, a los cuales, ella envía sus más especiales escritos en pro de la humanidad que tanto requiere de su pronta intervención. ¿ENTENDISTE?

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