ALVIN LEZAMA
RNCC / FOTO CORTESÍA

¿Usted decidió subordinar su existencia a un modo de vida centrado en el tener y en el ser alguien, permitiendo que otros decidieran el curso de su vida, privada y pública?

¿Usted siguió al pie de la letra lo que la sociedad y el establecimiento imponían, desde conductas, aspiraciones, valores?

¿Usted estudió tal o cuál carrera para ser alguien, para salir de abajo?

¿Usted cuidó, privilegió y orientó su comportamiento y relaciones con tales o con cuáles personas para salir adelante?

¿Usted estudió y se formó en una carrera, profesión y oficio en base al mercado y a la proyección de futuro que éste ofrecía?

Si está retirado (jubilado y/o pensionado) ¿A usted le gustaba lo que hacía en su vida, profesional y privada, en su trabajo y para entretenerse, para alimentar su mente y espíritu -ocio-?

¿A usted cada vez le cuesta más llevar su rutina de vida o da gracias a Dios cada mañana al despertar, por la vida que tiene?

¿Cada día nuevo para usted es un desafío, una nueva oportunidad, usted no se rinde ante las dificultades, le busca la vuelta, las resuelve, se adapta, aprende de ellas?

En estas respuestas podría estar la clave de una vida con sentido y feliz. De ellas se puede inferir si usted ha llevado una vida plena o si por el contrato ha estado “matando el tiempo”, siendo parte de un rebaño.

EL SISMO, EL SHOCK

En sentido figurado se ha tomado el sismo y el shock para representar la ruptura de esa normalidad o naturalidad “matando el tiempo” de su mundo exterior, una perturbación y turbulencia a la que ha sido expuesto por un evento inesperado, contingente, que le movió el piso, que le quitó la escalera y le dejó guindando de la brocha.

¿CUÁNDO LE HA SUCEDIDO ÉSTO?

Pudiera ser por un evento natural que lo ha afectado materialmente y lo ha dejado en la calle.

Pudiera ser por una enfermedad, un accidente o una discapacidad sobrevenida.

Pudiera ser porque fue despedido o perdió su puesto de trabajo que había realizado por años y para el que se había preparado toda su vida, ya sea por quiebra o reorganización o simple necesidad de un nuevo perfil. Descubrió que no es el dueño de la empresa, que es un empleado de confianza, pero no tanta, que no es familia y que es prescindible.

Sin importar si el trabajo le gustaba o no, él representaba su seguridad, la mayor parte de los medios materiales para soportar su calidad de vida.

Ha caído en el vacío.

O por el contrario, todo estaba plenamente calculado, estaba consciente de este cambio radical y por ello tomó las previsiones de un buen plan de retiro que garantizara los medios para mantener su calidad de vida actual, incluso con ingresos ajustados a la inflación. Sin embargo, la falta de sentido en su vida sigue presente, allí sí no pudo hacer nada. Ahora, tiene la libertad de hacer lo que quiera solo que no sabe qué hacer, su vida giraba en torno a su trabajo, a un plan de vida material.

Las preguntas con las que se inició esta reflexión, preguntas existenciales, nunca se le ocurrieron, no tenía tiempo para perder, tenía un plan y un programa riguroso que seguir. Ahora, las considera, pero según su plan en el ocaso de su vida.

MATAR EL TIEMPO

Es una expresión dura, es una forma de ocupación del tiempo personal con alguna actividad sin importancia, es una espera, pero de qué, de quién o para qué?.

La situación se le complica si debe buscar cómo llenar las 16 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año, para los años que le restan de vida, es un dejarse llevar por la inercia de muerte, es una forma terrible de llevar la vida.

Más grave aún si este “matar el tiempo” está bajo condiciones materiales de precariedad creciente, con un ingreso – ya sea una combinación de salario, pensión, jubilación, renta- que no alcanza para cubrir salud, vivienda, alimentación y entretenimiento, en una economía de mercado en crisis estructural y global donde prever es misión imposible.

Está en juego la pérdida de su dignidad humana, el último logro de la modernidad, consagrada en el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos».

La generalización y normalización de este “matar el tiempo” es el vaciado de sentido de la vida, consecuencia de ello: la deshumanización de la sociedad toda, la antesala a la indiferencia, la barbarie y el caos.

Una crisis global antropocéntrica, se erró el camino, por ahí no es.

 ¿QUÉ HACER?

Es una buena pregunta, usted tiene la palabra.

Por admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *