A escala mundial, los océanos también alcanzaron en julio los niveles de calor “más elevados jamás registrados para este mes”
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RNCC / FOTO CORTESÍA
En todo el mundo, julio de 2026 empató con el de 2024 como el segundo mes de julio más caluroso que se haya registrado, solo superado por el de 2023.
Pero el fenómeno se observa más marcado en Europa occidental, el continente que se calienta más rápidamente.
La región “experimentó su período de junio-julio más caluroso jamás registrado”, en un contexto de olas de calor repetidas, sequía generalizada e incendios devastadores, anunció esta semana el servicio europeo sobre cambio climático Copernicus.
A escala mundial, los océanos también alcanzaron en julio de 2026 los niveles de calor “más elevados jamás registrados para este mes”, de 20,96 ºC, alimentados por el fenómeno de El Niño y el calentamiento climático provocado por la actividad humana.
“No hemos conocido un clima así en toda nuestra vida y quizás ni siquiera desde el surgimiento de nuestra civilización”, comentó a periodistas Carlo Buontempo, director del Copernicus Climate Change Service (C3S).
Desde mayo, Europa occidental ha sufrido cuatro episodios de calor extremo, dos de ellos en julio. Esas olas de calor alimentaron una sequía casi generalizada en Francia, España, en ciertas regiones de Alemania y Reino Unido.
LA ENERGÍA EN RIESGO
Las redes eléctricas de todo el mundo tienen dificultades para hacer frente a las intensas olas de calor y a otros fenómenos meteorológicos extremos. En Estados Unidos, los apagones van en aumento. Según datos de la organización sin fines de lucro Climate Central, los cortes de electricidad durante la temporada de calor aumentaron alrededor de un 60 por ciento en la última década en comparación con la década de 2000.
En julio pasado, mientras Estados Unidos sufría temperaturas extremas durante las celebraciones por el 250º aniversario de su independencia, las autoridades emitieron advertencias sobre posibles cortes de electricidad. Los operadores de la red ordenaron a grandes consumidores de energía, como los centros de datos, que recurrieran a generadores de respaldo para garantizar el suministro a hogares y servicios esenciales como los hospitales.
A fines de junio de 2026, una ola de calor en Francia dejó a casi 70 mil hogares sin electricidad, después de que un transformado fallara debido a las altas temperaturas. Durante unas 24 horas, mientras los termómetros rondaban los 40 °C, habitantes de zonas de Bretaña soportaron un calor sofocante y potencialmente mortal.
Y se espera que esta tendencia continúe a medida que el cambio climático provocado por la actividad humana genere olas de calor más prolongadas, frecuentes e intensas, lo que hace cada vez más necesario adaptar las redes eléctricas.
Cuando se producen olas de calor, la demanda de electricidad se dispara, ya que las personas recurren al aire acondicionado, los ventiladores y otros dispositivos para refrescarse.
Al mismo tiempo, la infraestructura del suministro eléctrico —desde las centrales eléctricas hasta los transformadores— también es vulnerable al estrés térmico. Las líneas de transmisión, que transportan la electricidad a largas distancias, se expanden a medida que aumentan las temperaturas. Como consecuencia, se curvan y, en algunos casos, llegan a rozar árboles u otros obstáculos, lo que incrementa el riesgo de cortocircuitos y cortes de suministro.

