Desde hace casi un mes, la calle uno de esta comunidad se ha convertido en un río de aguas negras y un monumento a la ineficacia de las autoridades locales
DALISVE DURÁN
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Una realidad pestilente y alarmante corroe la salud de los habitantes del sector Caja de Agua II en el municipio Tinaquillo. Desde hace casi un mes, la calle uno de esta comunidad se ha convertido en un río de aguas negras, un foco de enfermedades y un monumento a la ineficacia de las autoridades municipales y de Hidrocentro.
«No se aguanta la pestilencia», afirman los vecinos. Las cloacas, desbordadas sin control, no solo emanan olores nauseabundos que hacen irrespirable el ambiente, sino que son un caldo de cultivo para enfermedades respiratorias y cutáneas.
Los más vulnerables, como siempre, son los primeros en sufrir las consecuencias. El caso de José Ángel Briceño es uno de ellos Este joven con discapacidad, cuya vivienda está directamente frente a la tanquilla desbordada, vive un infierno cotidiano. Incapaz de acercarse al frente de su propia casa, se ve obligado a usar tapabocas todo el día para mitigar los efectos de la insoportable fetidez. Pero la máscara no puede protegerlo de todo, ya presenta una erupción en su rostro, testimonio vivo de la agresión ambiental a la que está sometido.

La situación es tan crítica que los propios vecinos han tenido que improvisar barreras con palos para alertar a conductores y motorizados del peligroso cauce de aguas servidas, una medida desesperada que subraya la ausencia de una solución oficial.
Ante esta emergencia sanitaria, que exige una respuesta inmediata, la comunidad de Caja de Agua II hace un llamado urgente a Hidrocentro y al alcalde Lizardo Rojas, para que solucionen este problema de inmediato, indicando que no solo es una cuestión de salubridad, sino una obligación moral. Los vecinos han advertido que, de no haber una respuesta, se verán obligados a tomar «medidas radicales».

