Vecinos del sector Independencia en La Floresta, denuncian que las onzas se han comido a perros, gatos y gallinas y temen por ataques a niños
DALISVE DURÁN
RNCC / FOTOS CORTESÍA
La presencia de lo que presuntamente sería una familia de onzas, mantiene en incertidumbre y zozobra a los habitantes de la comunidad Independencia, en el sector La Floresta en Tinaquillo.
Los vecinos reportaron la muerte de varios animales domésticos tras ser atacados y devorados por felinos silvestres para alimentarse. Los habitantes describen a estos animales parecidos a un gato grande, de cola larga y color gris.
«Se comen las gallinas, los perros, los gatos y los pollos. No podemos dejar un perro afuera en el patio porque se lo comen», dijo Lesbia Sánchez, jefa de calle de la comunidad.
Aunque la mayoría de los felinos son de actividad nocturna, la onza tiene una actividad principalmente diurna, y los vecinos dicen que no hay hora fija para que se aparezcan.
«Llegan en cualquier momento del día, en el momento que tienen hambre suben a comer y las visitas se han vuelto cada vez más frecuentes, ahora tienen cachorros», dijo la señora Sánchez.
Las familias viven preocupadas y atemorizados por el acercamiento de estos felinos salvajes a las viviendas y temen por la seguridad de los niños y adultos mayores.

«La preocupación es que puedan lastimar a un niño. Ahora todos estamos alertas y cada vez que los niños salen a jugar al patio estamos pendientes», indicó.
Los habitantes también han tenido que tomar medidas de precaución aplicando encierros nocturnos a los animales domésticos y aves de corral para evitar que sean comidos por la fauna silvestre. Sin embargo, aseguran que no pueden vivir con los animales encerrados dentro de las casas pues no soportan los olores, por lo que piden a las autoridades competentes tomar medidas inmediatas para evitar incidentes mayores.
La onza (Herpailurus yagouaroundi) es un felino salvaje de tamaño pequeño que habita todo el continente suramericano. Se caracteriza por su cuerpo alargado, patas cortas y orejas pequeñas y redondeadas. Su pelaje es uniforme y puede variar entre tonos rojizos, grises y negros; en general es más grande que un gato doméstico y puede pesar hasta 6 kilos.
Aunque suelen ser esquivos, algunos individuos se aventuran en zonas pobladas en busca de alimento. Su estado de conservación es de «preocupación menor», lo que indica que su población aún es estable en muchas regiones, pero es una especie silvestre protegida por la legislación venezolana, ya que se considera parte de la riqueza megadiversa del país.

