Salvar la Patria fue el objetivo principal del regreso del Libertador a Venezuela en 1826, siendo la expresión más empleada para justificar las medidas excepcionales y las reformas frente al inminente peligro de guerra civil y de amenaza externa
WILLIAM GARCÍA
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El retorno del Libertador a Venezuela significó uno de los momentos más apremiantes y decisivos para el futuro del continente. Fue uno de los recorridos más largos y rápidos durante toda su trayectoria militar y política. Esta urgente acción que llevó a cabo por vía marítima, terrestre, fluvial y lacustre solo ha sido estudiada de manera fragmentada, descontextualizada y con imprecisiones. Al punto que ninguno de los biógrafos ni especialistas dedicados al tema del regreso a su cuna natal solo ofrecen relatos parcelados que hacen incomprensible a uno de los momentos más coyunturales, dado a la complejidad que reviste.
Salvar la Patria es el término más recurrente en las correspondencias, proclamas y decretos de Simón en aquel momento tan aciago. Cuya expresión, también se puede contemplar en la relación epistolar de los principales líderes y protagonistas del agitado panorama, lo que no deja lugar a dudas que Salvar la Patria fue el objetivo principal del regreso del Libertador a Venezuela en 1826, siendo la expresión más empleada para justificar las medidas excepcionales y las reformas frente al inminente peligro de guerra civil y de amenaza externa.
Para el 6 de mayo de 1826, ya Simón Bolívar había detectado el complot armando por el Vicepresidente Francisco de Paula Santander desde Bogotá y a ello se debe que despache desde el Cuartel General de La Magdalena en Lima, Perú, una carta al general José Antonio Páez, en donde expone el peligro que representaba la comparecencia del centauro llanero ante el senado de la República. Allí es enfático al decirle: “Casi al mismo tiempo he sabido que Morales se encuentra en La Habana pronto a expedicionar a la Costa Firme con 14.000 hombres, y que, en esas circunstancias ha sido Vd. llamado a la capital para ser juzgado” (Simón Bolívar. Documento Nro. 1.083. Carta del 6 de mayo de 1826 al general Páez. Archivo del Libertador. En https://archivodellibertador.gob.ve. Bajado el 3 de octubre de 2026).
Su agudeza política le permite vislumbrar las dos posibles consecuencias de la treta santanderista para Venezuela y al respecto agrega: “En este estado de cosas hay que temerlo todo: anarquía y guerra, guerra y anarquía. Mucho me inquieta el partido que Vd. haya de tomar en un caso muy singular. Si Vd. viene, Morales se anima a expedicionar, y se le convida por este medio a desolar nuestra querida patria. Si ¡Vd. no cumple con la orden del congreso, se introduce la anarquía, que es peor que la guerra” (Ibidem. Bolívar. Archivo del Libertador. Documento Nro. 1.083).
Una extraordinaria metáfora da cuenta de la gravedad de la situación, a la vez que estima la posibilidad de dos guerras. El siguiente fragmento es por demás revelador: “Los Legisladores al llamarlo a Vd. han dicho: perezca la republica antes que los principios, sin ver que los principios se sepultan con la república. Nuestros amigos me llaman, porque dicen que vamos a tender indefectiblemente, dos guerras, una interna y otra externa” ” (Ibidem. Bolívar. Archivo del Libertador. Documento Nro. 1.083).
Pero más elocuente es cuando el Libertador reitera que “el Congreso ha puesto a Páez en una situación la más desesperada. Si él le obedece no hay defensa para Venezuela, y si no le obedece, da un ejemplo funesto” (Ibidem. Bolívar. Archivo del Libertador. Documento Nro. 1.083).
Para Simón Bolívar, el hecho de obligar al Jefe del departamento a Bogotá para ser interpelado, dejaría a Venezuela sin defensa. Lo cierto es que esta es la principal causa del movimiento desatado el 30 de abril de 1826 en Valencia, conocido como La Cosiata, la cual no solo afectaba a la asamblea anfictiónica en el Istmo, sino también a la estabilidad política regional, al tiempo que generaba el ambiente propicio para una posible expedición de reconquista española dirigida des Cuba y Puerto Rico, los últimos bastiones que le quedaban a la monarquía.

Un día después de la misiva enviada a Páez, es decir, el 7 de mayo, el Intendente de Venezuela, Cristóbal Mendoza dirige una carta al Secretario de Interior, en donde le manifiesta estar “cierto de que se solicita una reforma y que para ello no se aspira a otra cosa que a conservar al Sr. general Páez en el mando de las armas hasta el arribo de S. E. el Libertador Presidente, sin que se innove o altere cosa alguna en cuanto a la integridad nacional, ni en las relaciones exteriores” (José Antonio Páez. Autobiografía del general José Antonio Páez. Tomo I. Colección Bicentenario de Carabobo. Caracas. 2021, p. 381).
Lo que Mendoza señala más adelante, confirma el peligro de una guerra civil y la ventaja para los enemigos que estaban al asecho. En este caso se refería a la tentativa de los españoles. Por tal motivo solicitaba textualmente: “evitemos los horrores de una guerra civil, que sería el triunfo mayor para nuestros verdaderos enemigos” (Ibidem. Páez. 2021, p. 381).
Si bien el cruce de correspondencias de los oficiales leales a Bolívar con José Antonio Páez, pintaba en cierto modo, un panorama hostil, el contenido del acta de la Municipalidad de Valencia, del 11 de mayo de 1826, reconocía la autoridad absoluta del legítimo Presidente de la Republica de Colombia. La tercera disposición de dicho documento estipula “que se despache inmediatamente un enviado cerca de S. E. el Libertador Presidente suplicándole que venga a visitar su propio suelo, donde será recibido como un hijo ilustre de él, como el mejor amigo y el más benemérito de los ciudadanos, para que se sirva usar de su influjo con los demás departamentos a fin de convocar en la época presente la Gran Convención que la Constitución había señalado para el año de 1831” (Ibidem. Páez. 2021, p. 382).
Pero como se puede observar, también hacen la convocatoria a la Gran Convención, a fin de “verificar esta reforma en paz fraternal y como interesados mutuamente en nuestra felicidad general, y en evitar los horrores de una guerra civil” (Ibidem. Páez. 2021, p. 382).
La cuarta disposición guardaba consonancia con lo que Bolívar preveía y quería evitar. Solo que concedía plena autoridad al general Páez, al señalar que “que en el actual estado de cosas es de absoluta necesidad revestir a S. E. el general en jefe José Antonio Páez de toda la autoridad necesaria para mantener el orden y tranquilidad pública, levantar ejércitos que defiendan el territorio de cualquiera invasión enemiga u otros actos hostiles, y hacer continuar la marcha de la administración cuyas funciones ejercerá con la denominación de jefe civil y militar de Venezuela” (Ibidem. Páez. 2021, p. 382).
Sin embargo, la quinta tipificaba que “que la duración de la autoridad de S. E. sea mientras lo exijan las circunstancias, que se espera varíen con la venida de S. E. el Presidente Libertador; y que entonces o cuando los pueblos de Venezuela puedan verificar con seguridad su asociación, sean convocados según las bases que se establezcan para deliberar acerca de la reforma del gobierno que sea más adaptable a su situación, a sus costumbres y producciones” (Ibidem. Páez. 2021, p. 382).
A todas estas es el 9 de junio cuando Páez comunica al Libertador sobre los sucesos de Valencia, es decir, la Cosiata. Ante lo cual envía a coronel O‘Leary a Venezuela, pero este llega demasiado tarde. En carta que Simón Bolívar dirige desde Lima al centauro de los Llanos, el 24 de agosto de 1826, en donde le hace saber: “Dentro de muy pocos días estaré en Colombia, y en el entretanto me parece que el gobierno no debe emplear ninguna medida fuerte o violenta, ni de una naturaleza capaz de hacer que lo ocurrido hasta aquí tome un carácter peligroso antes de mi llegada” (Ibidem. Páez. 2021, p. 406-407).
El itinerario lo describe Páez en su Autobiografía de una manera pormenorizada y cronológica, al relatar que “El 4 de septiembre salió el Libertador de Lima y después de detenerse en Guayaquil, llegó el 14 de noviembre a Bogotá, de donde sin hacer variación alguna en los ministros que le presentaron su renuncia, y declarándose revestido de las facultades extraordinarias que exigía el estado del país, amenazado de guerra civil y de invasión extranjera, tomando además otras providencias que requería la economía pública, salió para Maracaibo, a donde llegó el 16 de diciembre. Allí dio una proclama excitando los partidos a la concordia. Apenas supe que el Libertador se hallaba en Bogotá, cuando expedí la siguiente proclama” (Ibidem. Páez. 2021, p. 443).
Pero antes de salir para Maracaibo, el Libertador despacha el 11 de diciembre de 1826 desde San José de Cúcuta, una correspondencia a Páez, en donde le expresa textualmente: “En una palabra, general, he referido todo esto para venir a mi conclusión. Yo he venido a Colombia para salvar a Vd. y a la patria de las mayores calamidades, ninguna ambición me ha conducido hasta aquí. Por consiguiente, no se porque se me pueda atribuir miras de ninguna especie. He dicho a Vd. desde Bogotá, bajo de mi firma, que he servido a Venezuela, a Colombia, al Perú y Bolivia para salvar a Caracas de los males que la afligen” (Simon Bolívar. Carta a Páez, el 11 de diciembre de 1826 desde San José de Cúcuta. Archivo del Libertador. Documento Nro. 1.224. En https:// www.archivodellibertador.gob.ve. Bajado el 2 de octubre de 2026).
El documento más fehaciente y que deja por sentado el principal objetivo del retorno del Libertador a Venezuela en 1826, es el segundo considerando de su decreto de Amnistía emitido el 1º de enero de 1827 en Puerto Cabello, en donde plasma que está “autorizado para salvar la patria por las facultades extraordinarias y los votos nacionales” (Ibidem. Páez. 2021, p. 445).
En el primer considerando hacía énfasis a que la situación de Venezuela es la más calamitosa por los partidos que se combaten mutuamente y e el tercero, que la paz doméstica es la salud de todos y la gloria de la república” (Ibidem. Páez. 2021, p. 445).
En cuanto a la disposición de los artículos, el Primero, establecía que “nadie podrá ser perseguido ni juzgado por los actos, discursos u opiniones que se hayan sostenido con motivo de las reformas” y el Segundo, que “las personas, bienes y empleos de los comprometidos en la causa de las reformas son garantías sin excepción alguna” (Ibidem. Páez. 2021, p. 445).
El Tercero designaba al general en jefe José Antonio Páez como la autoridad civil y militar, bajo el nombre de jefe superior de Venezuela, con las facultades que han correspondido a este destino, y el general en jefe Santiago Mariño como intendente y comandante general de Maturín” (Ibidem. Páez. 2021, p. 445).
También dictaminaba este documento del 3 de enero, que al ser notificado a la población, el nombramiento de la nueva como la autoridad civil y militar se mandará reconocer y obedecer la autoridad de Simon Bolívar como Presidente de la República de Colombia. Tal como fue cumplido por Páez.
José Rafael Revenga, el Secretario de Estado y General del Libertador, en comunicación que emite al General Páez, el 3 de enero desde Puerto Cabello, reafirma entre otras cosas, que el principal objetivo del histórico y trascendental retorno, era ¡Salvar la Patria!
Finalizaba Revenga con el siguiente fragmento: “S. E., pues, me ordena decir a V. E. que conforme al decreto de antes de ayer no hay culpables en Venezuela por causa de las reformas y que todo juicio sobre lo pasado es una violación de una ley sagrada que garantiza la salud de todos” (Ibidem. Páez. 2021, p. 445).
Lo que indica que se había logrado disipar la amenaza de una guerra civil y por consiguiente, la paz política y la concordia entre los venezolanos, lo que a su vez evitó una invasión expedicionaria y finalmente ¡Salvar la Patria!

