Ya en plena recta final de las campañas y según la mayoría de las encuestas, la diferencia entre ambos candidatos continúa siendo reducida y fluctuante

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Brasil se encamina hacia unas elecciones presidenciales especialmente reñidas, en las que no solo está en juego quién gobernará el país, sino también qué modelo político, económico y geopolítico marcará su rumbo durante los próximos cuatro años.

Luiz Inácio Lula da Silva mantiene por ahora una ligera ventaja sobre Flávio Bolsonaro, pero la distancia sigue siendo estrecha y varios factores —desde la seguridad y la economía hasta la influencia de Estados Unidos y la capacidad de movilizar al electorado— podrían inclinar la balanza en las últimas semanas.

Más allá de las respuestas que los candidatos ofrecen a los problemas cotidianos, los brasileños deberán decidir la trayectoria de la mayor nación de Sudamérica. Los candidatos representan dos proyectos opuestos. Mientras Lula apuesta por la soberanía, la cooperación con los BRICS y los países del Sur Global, el proyecto de Flávio Bolsonaro contempla una relación más estrecha con Estados Unidos y con otros gobiernos conservadores de la región y de fuera de ella. Las diferencias también se extienden a sus respectivos modelos de desarrollo interno.

Cada modelo tiene sus fortalezas y debilidades. En materia económica, Lula defiende mantener el actual mecanismo fiscal y aumentar la inversión, mientras su rival propone recortar el gasto, eliminar al menos diez ministerios y revisar las propias reglas presupuestarias. El principal punto vulnerable del proyecto de izquierda es el presupuesto.

El programa de la oposición señala que la relación entre la deuda y el PIB aumentó 13 puntos porcentuales durante el actual gobierno.

La alternativa de derecha presenta la vulnerabilidad opuesta: el costo de sus promesas. El programa de Flávio Bolsonaro promete tanto una profunda reducción del gasto como el regreso a las privatizaciones, pero no especifica ni los beneficios esperados ni los plazos.

El principal cambio en la agenda de este ciclo electoral es que la seguridad pública ha pasado al primer plano. En una encuesta de Nexus/BTG, por primera vez desde que se realizan estas mediciones, la seguridad superó a la corrupción como principal problema del país: fue mencionada por el 33 % de los encuestados. La preocupación se distribuye casi por igual entre los votantes de ambos candidatos, con un 32 % en cada grupo. Un tema considerado tradicionalmente una baza de la derecha se ha convertido así en una inquietud transversal. El diario Gazeta do Povo califica esta campaña como la más internacionalizada desde el final de la Guerra Fría. Ambos candidatos abordan activamente las relaciones con líderes extranjeros, las sanciones comerciales y el posicionamiento geopolítico del país, algo relacionado en gran medida con la abierta implicación de Estados Unidos.

Lo cierto es que ya en plena recta final de las campañas y según la mayoría de las encuestas, la diferencia entre ambos candidatos continúa siendo reducida y fluctuante. Los expertos advierten que cualquier crisis inesperada podría influir en el resultado.

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