Al menos 800 familias enfrentan una severa escasez de agua potable

OIR-MPPCI COJEDES
RNCC / FOTO CORTESÍA

Un grave desastre ambiental dejó a cientos de familias sin agua potable mientras cuestiona el modelo extractivista que prioriza ganancias sobre los derechos humanos y ambientales en la provincia de Esmeraldas, al noroeste de Ecuador. 

 La fractura del Sistema de Oleoducto Transecuatoriano provocada por un deslizamiento de tierra la madrugada del 13 de marzo desencadenó una emergencia sin precedentes en Esmeraldas. 

 El crudo se extendió rápida mente por el río Esmeraldas, contaminando la principal fuente hídrica para miles de personas y dejando al descubierto las profundas desigualdades que afectan principalmente a comunidades afrodescendientes. 

 Petroecuador confirmó la sus pensión del bombeo de 360.000 barriles diarios, aunque el verdadero impacto trasciende las pérdidas económicas. 

 Al menos 800 familias, mayoritariamente afroecuatorianas y negras, enfrentan una severa escasez de agua potable después de que el alcalde Vilko Villacís ordenara suspender el suministro desde el río contaminado. 

 El impacto ecológico resulta devastador para el ecosistema que conecta la Amazonía con el Pacífico. Biólogos advierten que los hidrocarburos asfixiarán la vida acuática, envenenarán microorganismos esenciales y contaminarán los suelos durante décadas. 

 Las críticas a la respuesta estatal aumentan mientras el gobierno distribuye agua en camiones cisterna y Petroecuador implementa protocolos de mitigación.

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