ALÍ ROJAS OLAYA
RNCC/ FOTO CORTESÍA

El 24 de junio de 2021, el edificio Champlain Towers South en Surfside, Miami, se derrumbó en la madrugada. 98 personas murieron. El edificio constaba de 136 unidades; la sección central y este colapsaron por completo (afectando a 55 apartamentos), mientras que la sección oeste permaneció temporalmente en pie. El colapso total de la sección afectada tomó aproximadamente 12 segundos. Testigos afirmaron sentir ráfagas repentinas de viento en el vestíbulo y escuchar estruendos similares al motor de un avión.

El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología determinó que la catástrofe fue el resultado de fallas acumuladas desde que el edificio fue construido. Técnicamente, el colapso comenzó a principios de junio de 2021, cuando dos uniones estructurales entre las columnas del garaje subterráneo y la losa de la terraza de la piscina fallaron.

Durante tres semanas, las secciones adyacentes absorbieron temporalmente el peso. Horas antes del derrumbe, el agua comenzó a filtrarse con la fuerza de un grifo abierto en el estacionamiento y la piscina comenzó a hundirse. A pesar de que se supo que los planos originales de 1979 ya violaban los códigos de construcción de la época por tener márgenes de seguridad severamente bajos, no hubo medio alguno que viralizara esta información. Las columnas tenían menos acero de refuerzo del requerido. A lo largo de los años se añadió peso extra que no figuraba en planos, como jardineras pesadas con palmeras y capas adicionales de arena.

Treinta y cinco personas fueron rescatadas ilesas. El 4 de julio de 2021, la parte restante del edificio fue demolida de forma controlada. El uso de maquinaria pesada a su máxima capacidad e intensidad ocurrió formalmente a partir del 5 de julio, doce días después del derrumbe. Nadie filmó a personas culpando al gobierno o exigiendo grúas y excavadoras.

Cuando ocurrió el derrumbe, al lugar acudieron inmediatamente los vecinos. No pulularon los “influencers”. No hubo un solo mercenario de la comunicación que culpara al Estado Profundo o al presidente Joe Biden o al gobernador de Florida DeSantis. Tampoco apareció uno de esos esbirros de fake news para decir que el edificio implosionó por un castigo de San Juan, ni para culpar a Changó o a Yemayá, ni se asomó uno de esos gánsteres de la desinformación, sí, de esos que sienten morbo con el dolor ajeno, varios días después para informar que bajo los escombros había personas con vida.

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