En el marco de la 21ª edición de la Feria Internacional del Libro de Venezuela, el escritor cojedeño se sumó al llamado del Presidente Maduro para visibilizar y valorar la diversidad milenaria de nuestros pueblos

OIR-MPPCI COJEDES
RNCC / FOTO CORTESÍA

“En Venezuela debemos hacer un esfuerzo para narrar, para escribir desde nuestra historia profunda, nuestra mitología y nuestra identidad, como un ejercicio de descolonización y soberanía, de construcción de patria”, aseveró este sábado el escritor cojedeño, Eduardo Mariño, durante la presentación de su libro Memoria de árbol, en el marco de la 21ª edición de la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven).

La presentación del texto, publicado por Monte Avila Editores Latinoamericana estuvo a cargo del escritor Johnny Figueroa, quien aseveró que a través de la lectura de “Memoria de árbol” es posible percibir “la magnitud de la transculturización, la colonización del pensamiento, el ataque a las costumbres ancestrales, a un modo de vida, a toda una cultura y una cosmovisión compleja, rica y que puede aportarnos mucho en estos días terribles que vivimos”.

Recordó que Memoria de árbol fue galardonado por Alexander Torres Iriarte, María Elvira González y Enrique Hernández-D’Jesús, jurados designados por el Centro Nacional del Libro, con el Premio de la VIII Bienal de Literatura José Vicente Abreu en el renglón memoria histórica, ya que su juicio, el libro desarrolla “un tejido armónico en la sencillez y precisión de su lenguaje, y en el basamento histórico del relato, destacando a través de las voces de sus habitantes a la comunidad como participante y destinataria de la historia”.

El texto se afinca en la crónica para hurgar en la historia de algunos poblados a los márgenes de los ríos Portuguesa y Cojedes, abundando en la mitología, religiosidad y costumbres de lo que Figueroa denomina “territorios que no conocen fronteras”.

“Son las llanuras venezolanas, pero también colombianas, son pueblos conectados principalmente por ríos, por caminos estacionales, que, si bien se pueden ubicar en el mapa en Cojedes, otros en Guárico o en Barinas, o en Portuguesa, esas terminan siendo divisiones inútiles e indiferente para sus habitantes”, afirmó.

“Este es un libro que entra en la categoría de la ficción histórica, por tanto, goza de un rigor documental en cuanto a las fechas, pero también en cuanto a los lugares, a la nomenclatura de los espacios, de la geografía y son precisamente esos humedales, esas lagunas, esos caños, esos ríos, no solo un escenario sino también un protagonista más, que lo vemos desde el mismo título del libro: El árbol como protagonista, el río como hilo conductor de tiempo y el espacio, los hombres y mujeres que son a su vez libros que se usan de referencia para construir un relato histórico pero no académico, histórico si, pero ante todo profundamente humano”, destaca Figueroa.

Agregó que, en las páginas de este libro, “nos vamos a encontrar al hombre que a través de la historia de la humanidad se monta en una embarcación, incluso una canoa […] para salir de su hogar en busca de aventuras, en busca de una verdad que al comienzo no sabe ni siquiera que existe”, esperando a su vez que los lectores, “tengan en este libro, en las historias, en los personajes, en los espacios que colman sus páginas, una referencia verdadera de lo que significa nuestra cultura y nuestra realidad”.

REORIENTAR NUESTRA NARRATIVA

Por su parte, el autor, Eduardo Mariño, agradeció la oportunidad a los organizadores de la 21ª Filven para presentar este texto, “que se inscribe directamente en el llamado que hizo el Presidente Maduro al inaugurar esta Feria, cuando resaltó la urgencia de reorientar la narrativa histórica nacional, con el objetivo de visibilizar y valorar la diversidad milenaria de nuestros pueblos”.

Mariño hizo hincapié en que la descolonización de la cultura “debe mirar más allá, hacia al país profundo que aún pervive en las tradiciones y relatos fundacionales y ancestrales de nuestros pueblos, no solo del llano, de todo el país”.

Señaló que el impulso para el tratamiento histórico de su novela, viene de la necesidad de “dotar de un cuerpo literario, pero a la vez de una memoria”, a la increíble cantidad de costumbres, formas de vida y creencias que conforman nuestra identidad.

“El llano, los llaneros como los conocemos, no tendrán más de 200 años, cuando irrumpe el gran negocio ganadero en estas regiones. Pero antes de eso, hubo 200 años más de colonización y exterminio en medio de una poderosa fusión cultural, y más allá, la imponente historia de nuestros ancestros originarios, con unos relatos y una cosmovisión compleja, una civilización que se remonta al lejano pleistoceno, cuando cazaban a pulso las grandes bestias, la megafauna, que habitaba estos llanos y cuyos huesos afloran a veces, cuando pasa el invierno en Zanja de Lira. Todo eso necesita narrarse, todo eso amerita la construcción de un imaginario que lo represente y nos represente como pueblo”, afirmó.

Condenó como “una visión colonialista y simplista la que reduce la historia y la cultura de Venezuela a la herencia de los conquistadores, cuando antes de ellos hubo milenios de historias, cuentos, tradiciones y costumbres, que aún persisten entre nosotros, como el fervor a la Cruz de Mayo, las faenas de pesca y la rica producción artesanal de carácter utilitario, que es posible encontrar en cada casa de bahareque a la orilla de nuestros orgullosos ríos”.

Mariño valoró positivamente las palabras del Presidente Maduro, quien cuestionó la repetición de relatos que sitúan el origen de la civilización exclusivamente en Grecia y Roma, sin negar sus contribuciones, pero advirtiendo que esa perspectiva excluye otras raíces fundamentales de la humanidad y llamó a construir una historia más inclusiva, que refleje la identidad mestiza y plural de Venezuela y América Latina.

“De eso se trata este libro”, afirmó.

“El verdadero protagonista de este libro, es esa realidad, esa trascendencia de nuestra cultura ancestral, guahiba, herrechén, y de cada pueblo que habitó nuestra tierra y de sus costumbres que aún flotan entre nosotros, tal como ellos concebían al tiempo, no como una linealidad de hitos y logros y batallas, sino como un ciclo en espiral, un infinito tejido de tiempo que nos permea y que repetimos incesantes con la llegada de las aguas, con la ribazón del pescado, con las flores del carnavalito en mayo y que nos identifica para siempre como hijos de esta tierra”, concluyó.

DEFENDER NUESTRA CULTURA

La 21a Feria Internacional del Libro de Venezuela se mantiene hasta el 13 de julio en la Galería de Arte Nacional. Su extensa programación cuenta con la participación de la República Árabe de Egipto como país invitado de honor, en el marco de los 75 años de relaciones diplomáticas con Venezuela, la participación de Guayana Esequiba como estado invitado, y un gran Pabellón Infantil dedicado a los ríos milenarios Orinoco y Nilo.

Este año, los escritores homenajeados son Judith Valencia, Esteban Emilio Mosonyi, Marc de Civrieux, Gonzalo Fragui y Juan Calzadilla.

Entre las novedades editoriales de este año, destacan más de cien títulos publicados por las editoriales El perro y la rana, Monte Ávila y Biblioteca Ayacucho, adscritas al Ministerio del Poder Popular para la Cultura, y además habrá acceso a las novedades de editoriales privadas y otras instituciones públicas.

Esteban Emilio Mosonyi uno de los escritores homenajeados destacó la necesidad de un verdadero compromiso por perpetuar las lenguas indígenas como una forma de defender nuestra cultura.

“La muerte de una lengua es casi como decir la muerte de una cultura, la muerte de un pueblo, eso es terrible”, dijo Mosonyi, pionero en la revitalización transgeneracional de lenguas originarias y culturas indígenas.

En ese particular, indicó que entre los venezolanos sigue abundando una gran riqueza de idiomas indígenas. De ahí su lucha porque esto permanezca siempre y se vaya fortaleciendo como un patrimonio del país y de la humanidad entera, “pero antes que nada que sea patrimonio de los pueblos hablantes”.

Mosonyi, instó a que sean los propios indígenas quienes tengan esa conciencia de conservar lo suyo, de no soltar prendas, “porque justo ahora nos estamos dando cuenta, casi tardíamente, de que las lenguas en sí son valiosas, incluso hasta desde un punto de vista musical. Por ejemplo, las entonaciones, los paralingüismos, gestos que acompañan la lengua. Nos estamos dando cuenta que eso es importantísimo y al perder eso, perdemos casi todo”.

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