En el Congreso Anfictiónico de Panamá se acuerda la creación de una “Marina Federal” para proteger las costas del Atlántico y el Pacifico
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
El 20 de enero de 1826 el general Carlos Soublette escribe desde Bogotá a Simón Bolívar para expresarle que “cayó San Juan de Ulúa, y si como es de esperarse, han caído el Callao y Chiloé; terminó el dominio español en nuestro continente” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias de O’Leary. Tomo VIII. Caracas. 1880, p. 39).
Esa misma semana caían las dos las últimas fortalezas marítimas en el continente. Esto revela la preponderancia de la Marina en la rendición y capitulación de esas inexpugnables plazas ubicadas en los extremos del hemisferio. La experiencia de la alianza Multinacional Marítima de Chile, Perú y Colombia ante la obstinada resistencia española en la fortaleza del Callao, nos da una idea del carácter visionario de Bolívar al plantear la “Marina Federal” ante el Congreso Anfictiónico de Panamá.
De hecho, la Anfictionía Marítima expuesta por el Libertador, era tan necesaria que no se había concluido con el bloqueo naval al puerto del Callao en Perú, cuando el 22 de septiembre de 1825 el Ministro de Exteriores, Rafael Revenga, comunica desde Bogotá, a los Plenipotenciarios de la República de Colombia ante la Asamblea del Istmo, las instrucciones respectivas, en las cuales recalca que “al resolverse a fijar un contingente de fuerzas terrestres, no es posible prescindir de la marítimas, por la conexión que tienen las unas con las otras. El establecimiento de armada federal es, sin embargo, lo que debe ocupar la atención de ustedes, con preferencia a toda otra cosa” (El Congreso Anfictiónico de Panamá. S/F. p. 68).
La preponderancia de una “Anfictionía Marítima” se hace ver con más ahínco en las instrucciones del Estado con la Armada más poderosa del continente, la de la República de Colombia, cuya influencia se había hecho sentir en todo el hemisferio. Al respecto, hacen hincapié en que “deben hacer los Estados aliados cuantos sacrificios sean dables por crearla y organizaría”, al tiempo que les señalan: “Dos cosas deben tener presentes al tratar de esta materias: “Primera: Los medios que han de emplearse para conseguir una marina adecuada. “Segunda: El sistema que ha de aplicarse a sus operaciones para darles concentración y unidad” (Ibídem. El Congreso Anfictiónico de Panamá. S/F. p. 68).
Las recomendaciones que a continuación esbozan, se asocian con la máxima latina atribuida al autor romano Vegecio en el prefacio del libro III de su obra Epitoma reimilitaris, escrita alrededor del año 390 d.C, que dice: “Si vispacem, para bellum”, un aforismo latino que significa “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Textualmente les sugieren a los ‘plenipotenciarios colombianos que “Demostrada, por tanto, la necesidad de una marina, así para continuar la guerra con suceso, como para lograr la paz, se hace indispensable que ustedes se dediquen a establecer el sistema que ha de dar a sus empresas unidad de acción” (Ibídem. El Congreso Anfictiónico de Panamá. S/F. p. 69).

El efecto, ya Simón Bolívar lo había logrado al constituir la más poderosa flota anticolonialista. Tenía bien claro que “la mejor forma de evitar un conflicto es demostrar fortaleza y preparación militar, disuadiendo así a posibles agresores mediante la seguridad y la defensa”, tal cual como reza la célebre frase latina. La Anfictionía Marítima que se plantea constituir en la Confederación de Repúblicas hermanas, era el temor de las grandes potencias.
La propuesta para su organización y funcionamiento, la exponen en el siguiente párrafo: “Si los demás Estados se conviniesen en confiar la dirección de la marina a uno solo, sea el que fuese, se obtendrá sin demora este saludable resultado. Pero si esto repugna al amor propio, es preciso excogitar el mejor medio de organizar comisiones mixtas, compuestas de uno o dos individuos capaces, por cada parte, y que fijen su residencia en un puerto cómodo y seguro, como Puerto Cabello o Cartagena, en el Atlántico, y Guayaquil u otro cualquiera en el Pacífico” (Ibídem. El Congreso Anfictiónico de Panamá. S/F. p. 69).
La República de Colombia no escatimaba esfuerzo para la consolidación y unificación de las Armadas de las nuevas naciones, para defenderse mutuamente y garantizar la paz ante cualquier pretensión de potencia extranjera alguna. En este sentido le añaden que “ “Guiados ustedes por lo que acabo de exponer, podrán convenir, al tiempo de arreglar los contingentes de cada aliado, en que Colombia empeñará su crédito hasta en nueve millones más, para la organización y sostén de la marina federal, siempre que los demás contribuyan en proporción, con sujeción, sin embargo, a la aprobación del Congreso, que es a quien pertenece por el parágrafo 40, artículo 55, contraer deudas en nombre de la nación; en que Colombia incorporará inmediatamente en la marina federal un navío, tres fragatas, las corbetas, bergantines y goletas correspondientes por cuenta de todos, según su valor y estimación” (Ibídem. El Congreso Anfictiónico de Panamá. S/F. p. 69).
De manera concisa, el Ministro de Exteriores de Colombia, puntualiza que “de todo lo que he tenido el honor de decir a ustedes anteriormente, se deduce que la misión de ustedes en Panamá se contrae a los puntos siguientes: 1º. A renovar el Pacto de Unión, Liga y Confederación Perpetua entre todos y cada uno de los Estados americanos y 2º. A fijar el Contingente de Fuerzas Terrestres y Marítimas de la Confederación” (Ibídem. El Congreso Anfictiónico de Panamá. S/F. p. 70).
En este sentido, Germán A. de la Reza, en su artículo “El Congreso Anfictiónico de Panamá. Una hipótesis complementaria sobre el fracaso del primer ensayo de integración Latinoamericana”, publicado en la Revista Araucaria, vol. 4, núm. 10, en Madrid, España, agrega que “el proyecto bolivariano de confederar a las repúblicas hispanoamericanas se inicia formalmente con la negociación y la firma de tratados de “Unión, Liga y Confederación perpetua” por Colombia (Gran Colombia) con cuatro países: Perú el 6 de junio de 1822; Chile el 23 de octubre de 1823; México el 3 de diciembre de 1823 y, después de su separación de México, con la República de Centroamérica el 15 de marzo de 1825. Estos tratados bilaterales, que comparten el texto y los alcances” (2003, p. 6).
Esto explica todo el adelanto del Libertador en la búsqueda de la unidad para alcanzar la independencia ante España, pero también una proyección hacia la confederación, lo cual haría la base para lo que se elevaría al debate y al consenso en Panamá, la renovación del Pacto de Unión, Liga y Confederación Perpetua, celebrado en las fecha mencionadas, entre todos y cada uno de los Estados americanos.
Sostiene el citado historiador mexicano y uno de los más consustanciado con el tema, que “la “La Convención de Contingentes constituye la parte medular del proyecto en su versión defensiva y que a partir de la quinta conferencia es negociada por separado e incorpora una serie de estipulaciones sobre la estructura militar, la contribución de cada país y los asuntos relativos al mando” (Ibídem. De la Reza, 2003, p. 6).
La distribución de las Armadas, según el ámbito geoespacial, estipulaba que “la marina encargada de proteger la costa atlántica de Hispanoamérica se compone de una escuadra de buques mexicanos, colombianos y centroamericanos, bajo el mando de una comisión tripartita. La costa del Pacífico, por su parte, es protegida por los buques peruanos bajo la oficialía de ese país. Según esto, la dirección de las fuerzas navales se divide en dos, mientras que la de los contingentes queda bajo la dirección del Estado en el que se encuentren los efectivos” (Ibídem. De la Reza, 2003, p. 6).

La Quinta Conferencia del Congreso de Panamá se realiza el 11 de Julio de 1826. En esta Asamblea estarán presentes los Ministros Plenipotenciarios Pedro Gual y Pedro Briceño Méndez, de Colombia; Manuel de Vidaurre y Manuel Pérez de Tudela, del Perú; Antonio Larrazábal y Pedro Molina de Centroamérica y José Mariano Michelena y José Domínguez, de México.
De manera específica se debate y se celebra el Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua entre las Repúblicas de Colombia, Centro América, Perú y Estados Unidos Mejicanos, cuyos punto relacionados con la “Anfictionía Marítima”, son los siguientes:
“Artículo 5º — Los buques armados en guerra y escuadras de cualquier número y calidad pertenecientes a una o más de las partes contratantes, tendrán libre entrada y salida en los puertos de todas y cada una de ellas, y serán eficazmente protegidos contra los ataques de los enemigos comunes, permaneciendo en dichos puertos todo el tiempo que sea necesario sus Comandantes y Capitanes, los cuales, con sus Oficiales y tripulaciones, serán responsables, ante el Gobierno de quien dependen, con sus personas, bienes y propiedades por cualquier falta a las leyes y reglamentos del puerto en que se hallaren, pudiendo las autoridades locales ordenarles que se mantengan a bordo de sus buques, siempre que haya que hacer alguna reclamación”.
Mientras que el Artículo 6º, estipula las normas para actuar de manera conjunta y mancomunada, en caso de guerra o percance de avería en cualquiera de las unidades confederadas: Literalmente dice que “las partes contratantes se obligan, además, a prestar cuantos auxilios estén en su poder a sus bajeles de guerra y mercantes que llegaren a los puertos de sus pertenencias por causa de avería o por cualquiera otro motivo desgraciado, y en consecuencia podrán carenarse, repararse, hacer víveres y en los casos de guerras comunes, armarse, aumentar sus armamentos y tripulaciones hasta ponerse en estado de poder continuar sus viajes o cruceros, todo a expensas de la potencia o particulares a quienes correspondan dichos bajeles” (Ibídem. El Congreso Anfictiónico de Panamá. S/F. p. 77).
El 15 de julio de 1826, cuando el Congreso cierra sus sesiones, los Ministros Plenipotenciarios de las referidas Repúblicas, firman y sellan el Acuerdo de la “Marina Federal”. Estos debían ser ratificados por los Gobiernos de cada uno de los Estados aliados. Por lo que un miembro de cada una de las Repúblicas debía viajar a la sede de cada capital para dicha comisión, mientras que otro se trasladaría a Tacubaya, en México, ciudad acordada por los Delegados para realizar el segundo Congreso Anfictiónico y ponerle la aprobación definitiva a los Acuerdos del Istmo.

Ocho días después, el 23 de julio de 1826, desde Chuquisaca, Sucre, junto a su Ministro del Interior, Facundo Infante, remitía las instrucciones a los Plenipotenciarios por Bolivia al Congreso de Panamá. Siendo la primera de éstas, sumamente precisa, puesto que se autoriza a “celebrar un acto solemne de unión y alianza entre los estados que forman la asamblea de Panamá ofensiva y defensiva contra la España, para obligarla a poner término a la guerra, y defensiva contra cualquiera otra potencia que invada a los confederados” (Antonio José de Sucre. De mi propia Mano”. Fundación Biblioteca Ayacucho. Caracas. 2009, p. 422).
La séptima instrucción dada a los Bolivianos compaginaba con las recomendaciones a los otros Estados, ya que se ventilaba hasta ese momento, una perfecta alianza. En este sentido, recomendaban a los delegados de la recién creada República andina: “Solicitar la formación de un ejército y de una escuadra federal: el primero de 25.000 hombres y la segunda de 30 buques de guerra. El ejército constará de los contingentes de tropa que debe suministrar cada estado según su población; la escuadra será también tripulada bajo la misma base” (Ibídem. Sucre. 2009, p. 423).
El Estado boliviano presidido por el Mariscal Antonio José de Sucre, también hacía la recomendación para que “cada Gobierno mantenga de un todo su contingente de mar y tierra, adoptando los medios que, tenga por conveniente. Los aliados deben contribuir también, bajo la base de población, con la parte que les quepa para la compra de la escuadra. Más siendo dilatorio emprender la construcción de buques, puede adoptarse el proyecto presentado por Colombia de que los buques de guerra que actualmente tiene y los que poseen otros de los aliados, se consideren como de la confederación, precediendo al justiprecio de ellos para de este modo calcular lo que corresponde a cada estado” (Ibídem. Sucre. 2009, p. 424).
Esto se debía a que Bolivia, apenas estaba construyendo su Armada, pero ya había sido dotada de un puerto en el Pacifico con 400 Kilometros de costa. No obstante, el hecho de no haber podido asistir a la Asamblea del Istmo, no la dejaba fuera del Pacto de Unión, Liga y Confederación Perpetua, ya que una de las bases de dicho congreso estipulaba que si un Estado invitado no se hacía presente, podía formar parte de la alianza, siempre y cuando lo exprese.

