Bolivia envía a sus Representantes Plenipotenciarios a conformar la Alianza Marítima Continental en el Congreso de Panamá
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
El tema de Bolivia ante el Congreso de Panamá solo ha sido ha sido mencionado por la historiografía de una manera muy simple y solapada, excepto el historiador Germán de La Reza, quien lo aborda desde otra óptica y ofrece aportes interesantes sobre las gestiones de la naciente república ante el proyecto confederativo.
Como bien se sabe Simón Bolívar aspiraba ya para 1825 dotar a la nación que recién se constituía, de un puerto para su comercio internacional, pero además de una flota para el resguardo de sus costas, la seguridad de las rutas marítimas y la defensa de su soberanía, para lo cual pondría especial interés de integrar a Bolivia en la convocatoria anfictiónica ante el Istmo de Panamá.
A menos de dos meses de su creación como Estado independiente, “el 3 de octubre de 1825, la Asamblea Constituyente decreta el envío a Colombia de Casimiro Olañeta con las instrucciones de que pase “oportunamente al gran congreso de Panamá al objeto de (lograr el) reconocimiento (de la independencia) del país. Más tarde en la sesión del 21 de noviembre de 1825 se da lectura a una nota de Olañeta en la cual éste se dice imposibilitado de cumplir el encargo” Germán de La Reza. Comp. Documentos sobre el Congreso Anfictiónico de Panamá. Fundación Biblioteca Ayacucho. Caracas. 2010, p.11).
La excusa no la revela, pero Olañeta ya daba visos conspiración. Lo cierto es que tres días más tarde, el 24 de noviembre, el Congreso boliviano nombra en su lugar al canónigo Mendizábal, “quien inmediatamente prepara su marcha a Lima. Serrano, quien había sido comisionado a Europa y que en un primer momento rechaza su nombramiento, también accede a completar el equipo de representantes bolivianos” (Ibídem. De La Reza. 2010, p. 11).
En consecuencia, los delegados ante la convocatoria del Istmo, serán “José María Mendizábal y Mariano Serrano; el primero por recomendación expresa de Bolivar, en razón de encontrarse en Lima y estar más cerca de la sede del Congreso, y el segundo por su papel protagónico en las independencias altoperuana y argentina” (Ibidem. De La Reza. 2010, p.11).
En carta que Bolívar remite desde Magdalena, Perú, el 3 de junio de 1826 al Mariscal Antonio José de Sucre, le instruye textualmente: “estando ya reconocida la República de Bolivia por el Gobierno de Perú, creo que su primer deber es el de enviar sus representantes al istmo de Panamá para que allí representen a su nación y procuren sus intereses. Soy pues de opinión que el Señor Mendizábal debe pasar a Panamá, tomando por compañero de su nueva misión a su actual secretario, que parece ser hombre capaz, y ya versado, en algún tanto en los negocios de su gobierno” (Simón Bolívar. Archivo del Libertador. Archivo General de la Nación. Documento Nº 1122, de fecha 3 de junio de 1826)
Plenamente consustanciado con la presencia de Bolivia en la Confederación de Repúblicas, Bolívar ordena además a Sucre que “para que estos señores puedan `partir cuantos antes, puede Vd. remitirles sus credenciales en instrucciones para un oficial en posta, y enviarle a Mendizábal su nombramiento de secretario de la legación al Istmo, en blanco, para llenarlo aquí, donde no faltará un buen boliviano que llene esta comisión” (Ibídem. Bolívar. Archivo del Libertador: 3 de junio de 1826)

En virtud de que cada Estado convocado a la Asamblea del Istmo instruía a sus Plenipotenciarios, el Libertador también recomienda a la legación Boliviana “que procuren uniformar sus intereses con los de Colombia, siendo estos los que tienen las instrucciones más amplias y más liberales, y recomendarles que procuren estrecharse con ellos en cuanto puedan; y que procure enviar con el oficial que trae las ordenes, el dinero que necesitan estos señores para desempeñar su comisión” (Ibídem. Bolívar. Archivo del Libertador: 3 de junio de 1826)
Debido a la distancia y a los avatares que concierne la creación del nuevo Estado, es el 23 de julio de 1826, cuando desde Chuquisaca, el presidente de la nación, Antonio José de Sucre, junto a su Ministro del Interior, Facundo Infante, remite las instrucciones a los Delegados de Bolivia. Siendo la primera de éstas, sumamente precisa, puesto que se autoriza a “celebrar un acto solemne de unión y alianza entre los estados que forman la asamblea de Panamá ofensiva y defensiva contra la España, para obligarla a poner término a la guerra, y defensiva contra cualquiera otra potencia que invada a los confederados” (Antonio José de Sucre. De mi propia Mano”. Fundación Biblioteca Ayacucho. Caracas. 2009, p. 422).
En la cuarta instrucción se propone “un tratado general de comercio y navegación entre los confederados, análogo a los sentimientos de fraternidad que deben reinar entre ellos (…) 7. Solicitar la formación de un ejército y de una escuadra federal: el primero de 25.000 hombres y la segunda de 30 buques de guerra. El ejército constará de los contingentes de tropa que debe suministrar cada estado según su población; la escuadra será también tripulada bajo la misma base” (Ibídem. Sucre. 2009, p. 423).
Por tratarse de que apenas surgía como nación, Sucre recomienda que los aliados deben contribuir también, en base a la población con la parte que les compete para la compra de la escuadra, pero siéndole a Bolivia “más dilatorio emprender la construcción de buques, puede adoptarse el proyecto presentado por Colombia de que los buques de guerra que actualmente tiene y los que poseen otros de los aliados, se consideren como de la confederación, precediendo
El tema de Bolivia ante el Congreso de Panamá solo ha sido ha sido mencionado por la historiografía de una manera muy simple y solapada, excepto el historiador Germán de La Reza, quien lo aborda desde otra óptica y ofrece aportes interesantes sobre las gestiones de la naciente república ante el proyecto confederativo.
Como bien se sabe Simón Bolívar aspiraba ya para 1825 dotar a la nación que recién se constituía, de un puerto para su comercio internacional, pero además de una flota para el resguardo de sus costas, la seguridad de las rutas marítimas y la defensa de su soberanía, para lo cual pondría especial interés de integrar a Bolivia en la convocatoria al justiprecio de ellos para de este modo calcular lo que corresponde a cada estado” (Ibídem. Sucre. 2009, p. 422-423).
La propuesta para no dejar a Bolivia fuera de la “Anfictionía Maritima” era la más idónea, ya que le era imposible contar con una escuadra en tan corto tiempo. Sin embargo, tanto Sucre como Bolívar haría todos los esfuerzos por dotarla no solo de su salida al mar sino también de una flota que protegiera sus puertos, costas y sus rutas marítimas.

No obstante, la premura y la traición al ideal bolivariano sobre el proyecto anfictiónico serían las principales barreras para que los Plenipotenciarios bolivianos pudieran llegar a tiempo a las sesiones del Congreso de Panamá. Refiere Germán de La Reza (2010, p.11) que tanto “las dilaciones, tareas concurrentes y la distancia en que se encuentra Serrano (Buenos Aires) impiden la oportuna partida de los delegados y agrega que en agosto de ese año, se difunde la noticia de la terminación de las sesiones Istmo y Mendizábal debe cancelar su viaje”.
El Libertador realiza ingentes esfuerzos para que los Delegados pudieran estar presentes en la Asamblea Federativa, adonde no pueden llegar por las razones antes expuestas. Aunque se aprueba el traslado a Tacubaya en México, la conspiración de las oligarquías y el boicot mediático termina torpedeando la anfictionía y con ello la integración marítima, que de haberse consolidado, Bolivia fuera parte de una armada continental poderosa y no encontraría a una nación débil y desprovista de una fuerza naval.
La creación de Bolivia y su acceso al mar fue usado por la narrativa conspirativa para gestar el odio y a su vez detener la convocatoria de la anfictionía, a la cual fue llamada la naciente república para integrar una alianza naval continental que hubiera defendido de la agresión de las potencias extranjeras e invasión de estados vecinos, como el ocurrido por Chile en la denominada Guerra del Pacifico, la cual se inicia el 14 de febrero de 1879 con el asalto anfibio al puerto boliviano de Antofagasta, en donde Bolivia pierde sus 400 km de costas, privándola desde entonces, de su salida soberana al pacifico Sur.
Una consecuencia que no deja de repercutir en la resolución diplomática que como estados hermanos se hubiera adoptado. Tal como lo señalan las instrucciones dictadas el 23 de julio de 1826 en Chuquisaca por Sucre e Infante y que al respecto estipulan solicitar que la asamblea sea permanente con los importantes fines: 3ª.- de servir de conciliador y aun de árbitro, si se pudiere, entre los aliados que por desgracia tuvieren algún motivo de alteración que tienda [sic] a disolver sus relaciones: 4ª.- de expeler de la confederación al estado que falte en las obligaciones contraídas [sic] y 5ª.- de dirigir y reunir los esfuerzos comunes contra aquel estado, que por ideas de ambición y de engrandecimiento, quiera volar la independencia de cualquier otro” (Ibídem. Sucre. 2009, p. 422).
Pero el ego en los desafectos al Libertador y a su proyecto unionista, con mayor peso en la oligarquía limeña, truncaron tan visionario proyecto anfictiónico. El nuevo Estado boliviano fue víctima del propio general La Mar con el poder en Perú, junto con Agustín Gamarra, promueven y dirigen en 1828 la agresión contra Bolivia,
A pesar de no haber estado presente, por todos los inconvenientes suscitados, la República de Bolivia podía formar parte de la “Anfictionía Maritima”. Esto se puede constatar en el Punto Nº 21º presentado por los Delegados peruanos, el cual estipula que “podrán agregarse a estos Tratados las Repúblicas de Chile, Buenos Aires y demás de América, si lo tienen por conveniente, y desde el acto de la ratificación de este Tratado se les tendrá como parte en la Confederación”, cuya propuesta es deliberada en la sesión del 22 de junio de 1826. (El Congreso Anfictiónico de Panamá, S/F. p. 81 a la 84).
Reitera el prólogo de “El Libro del Mar” publicado por el Estado Plurinacional de Bolivia en 2014, que “en 1825 Bolivia nació a la vida independiente con una costa de aproximadamente 400 kilómetros sobre el Océano Pacífico. Cincuenta y cuatro años después, en 1879 Chile invadió y ocupó por la fuerza el territorio del Departamento del Litoral, desde entonces privó a Bolivia de un acceso soberano al mar y un territorio de alrededor de 120.000 km2 ”.
El prólogo sostiene que “ante esta situación, Bolivia se ha visto en la necesidad de hacer uso de los mecanismos de solución pacífica de controversias internacionales previstos en el Derecho Internacional y por tanto, acudió a la Corte Internacional de Justicia a fin de encontrar una solución a este más que centenario problema” pero la interposición y el fallo del 1 de octubre de 2018, dictaminó el rechazo la demanda boliviana de su acceso al mar.
En conclusión, lo que apunta Germán De La Reza al decir que “poco se conocía hasta ahora sobre las circunstancias que rodearon la fallida participación de Bolivia al Congreso de Panamá”, es totalmente cierto. Pero no solo se ocultó el triste papel de la conspiración, sino también a las consecuencias que en el ámbito marítimo siguen repercutiendo en la nación hermana.

Al referirse a la Liga Anfictiónica de los griegos, el Diccionario de la Fundación Polar sostiene que “si los pueblos antiguos hacían ligas para conquistar, para sojuzgar, para explotar, para robustecer su poderío naval; los de Hispanoamérica en la cita de Panamá solo buscaban vigorizar sus logros en lo atinente a libertad, independencia, soberanía” (Congreso de Panamá).
Eso era precisamente lo que aspiraba el Libertador con la “Anfictionía Maritima” en la que estaba llamada Bolivia.

