El Istmo de Panamá en la visión marítima prospectiva de Simón Bolívar, como sede del Congreso Anfictiónico
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Cuando se desconoce el impulso y la tarea titánica de Simón Bolívar para llevar a cabo las diversas operaciones marítimas que contribuyeron a la independencia suramericana y más aún, cuando se pasa desapercibido las alianzas bilaterales que forjaron las formidables escuadras con las cuales se batió en aguas del Atlántico y el Pacifico a las flotas españolas, se desestima la visión que llevó al Libertador a plantear ante el Congreso de Panamá la “Anfictionía Marítima”.
De hecho, ningún autor de los que hasta ahora se conocen, ni siquiera sus biógrafos más connotados, se han detenido a analizar el criterio que Bolívar expone en uno de los documentos más célebres de su enorme intelecto político, como lo es la Carta de Jamaica, sobre el estado de la marina española en el continente y describe desde su impresionante visión marítima internacional, la relevancia que le confiere al Istmo de Panamá. Un aspecto que se compagina con prodigiosa capacidad geopolítica y guarda estricta concordancia con el posicionamiento de América como un actor estratégico en el escenario mundial.
Una visión prospectiva es un enfoque sistemático y estratégico para explorar, imaginar y anticipar futuros posibles y deseables, con el objetivo de tomar mejores decisiones en el presente. No busca adivinar el futuro, sino analizar tendencias, señales débiles y riesgos para construir escenarios a mediano y largo plazo.
En la Carta de Jamaica el Libertador identifica el Talón de Aquiles de la marina española. Un asunto bastante abordado y reconocido por los más acuciosos historiadores navales de España, pero desconocido por la historiografía. Bien lo llegó a decir el Almirante Pascual Enrile, el comandante de la flota de la llamada expedición pacificadora de Morillo, cuando implora refuerzos y sentencia que “sin marina la América está perdida”.
En el momento más trágico para el Libertador, exiliado en Jamaica, exponía el 6 de septiembre de 1815 al mundo: “¡Qué demencia la de nuestra enemiga, pretender reconquistar la América, sin marina, sin tesoros, y casi sin soldados!”, Esta expresión refleja que no todo estaba perdido y había que atacar el punto débil de los realistas. (Simón Bolívar. Carta de Jamaica. Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas, 2017 (digital), p. 6). El Libertador veía en la Armada el punto débil del imperio español.
En ese prolífico documento también revela que el Istmo de Panamá con su “mag nífica posición entre los dos grandes mares podrá ser con el tiempo el emporio del universo. Sus canales acortarán las distancias del mundo; estrecharán los lazos comerciales de Europa, América y Asia” (Ibídem. Bolívar. Carta de Jamaica. 2017, p. 22).
Bolívar estaba provisto de una visión prospectiva y la provincia interoceánica le trasmite un admirable optimismo para que proyectara al Corinto Americano y expresara: “¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar de discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra con las naciones de las otras partes del mundo” ” (Ibídem. Bolívar. Carta de Jamaica. 2017, p. 24).
Al referirse también en la histórica misiva a la Nueva Granada, dirá que “en aquel territorio que actualmente defienden contra el ejército español bajo el general Morillo, que es verosímil sucumba delante de la inexpugnable plaza de Cartagena. Más si la tomare será a costa de grandes pérdidas, y desde luego carecerá de fuerzas bastantes para subyugar a los morigerados y bravos moradores del interior” (Ibídem. Bolívar. Carta de Jamaica. 2017, p. 24).
La inexpugnable fortaleza de Cartagena se encontraba bloqueada por la flota más numerosa enviada por España para recuperar sus dominios de Ultramar en América y Bolívar reflexionará sobre la necesidad de contar con una Armada.
Esto indica el desafío marítimo para frenar los intentos de reconquista española. Refiere uno de sus biógrafos más consustanciados, el historiador ecuatoriano Alfonso Rumazo González, en su obra “Simón Bolívar. Biografìa (2006, p. 178) que “el año 1816 había transcurrido para los revolucionarios en la mar azul de las Antillas; 1817 habíase desarrollado en el mar verde mate de los llanos del Orinoco. Comenzaba 1818 con este mismo mar, en una especie de persistencia invencible que obligará al salto grande muy pronto”.
Un período prácticamente ignorado desde la óptica naval, pese a que nos explica la importancia que el Libertador le otorga al mar como espacio vital en la lucha. En efecto, lo que vendrá después de su estadía en Haití, serían los esfuerzos por construir una flota con la que consolidará su pensamiento marítimo al asediar el Castillo de San Felipe de Barajas en Cartagena de Indias en 1820.
Recién construida la flota en Haití, ésta se batirá el 2 de mayo de 1816 en Los Frailes, luego en El Morro y posteriormente en las aguas del Orinoco, en donde la reduce de 18 buques de guerra y 12 mercantes, a solo tres barcos que llegan apresuradamente el 9 de agosto de 1817 a las isla inglesa de Grenada, deteniendo con ello, la contraofensiva naval de Morillo en las costas orientales. No siendo suficiente, el refuerzo que recibe de la flota del General José Canterac, quien llega de España en mayo de ese año a Cumaná.
Rumazo González (2006, p. 176-177) sostiene al respecto, que “Morillo en esos momentos se ocupaba en atacar la isla Margarita con efectivos seis veces superiores a aquellos con que contaban los margariteños. Hallábanse en lo más recio de la lucha cuando sorpresivamente el español ordenó el reembarque y la retirada. Acababa de saber el desastre de sus barcos en el Orinoco y salió en volandas a Caracas, al suponer que Bolívar seguiría esa ruta”.
Próximo a rendir a la plaza de Cartagena, el 17 de septiembre de 1821, Bolìvar remite al General Bartolomé Salom desde Maracaibo, el plan para la campaña del Sur y en éste quedan plasmadas las instrucciones para la liberación de Panamá, específicamente en su Artículo 13° sobre los Objetos de la Expedición que “varios son los que se propone y se expondrá por el mismo orden de preferencia que deben tener, siendo el 1º invadir y ocupar el Itsmo de Panamá, libertando las Provincias que la forman y apoderándose principalmente de las plazas de Portobelo y Panamá, por un golpe de mano si es posible” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias del General O’Leary. Tomo XIX. Ediciones del Ministerio de Defensa. Caracas. 1981, p. 534).
En Maracaibo el Libertador construía una planificación estratégica prospectiva parta tomar el Istmo, en la cual planteaba los objetivos desde la óptica y la táctica naval sistemática, considerando los recursos y los posibles obstáculos. Por lo tanto, añade en la segunda instrucción que “si esto no se consigue se intentarán operaciones que aunque sean más lentas, sean más seguras y la principal de todas es poner en insurrección todo el país, cortar la comunicación entre las dos plazas dichas y privarlas de mutuo socorro; bloquearlas por cuerpos bastante fuertes para que no pue dan ser batidas en detal” (Ibídem. O’Leary. Tomo XIX. 1981, p. 534).
La tercera y más precisa instrucción, era “atravesar el Istmo y apoderarse de un puerto cualquiera en el mar del Sur para abrir las comunicaciones con Guayaquil, San Buenaventura y Chocó” (Ibídem. O’Leary. Tomo XIX. 1981, p. 534).
En relación al día de la ejecución se precisaba en su Artículo 14° que “la expedición dará vela de Santa Marta el 15 de octubre próximo con dirección a Portobelo. Agrega que, si según noticias que haya sobre la situación y fuerza del enemigo en Portobelo, pueda dirigirse a él la expedición para tomarlo por golpe de mano, se hará desembarcando en barlovento o sotavento del puerto conforme a las circunstancias, procurando no ser sentido” (Ibídem. O’Leary. Tomo XIX. 1981, p. 534-535).
La toma del Istmo requería además, de un asalto anfibio, por lo que Bolívar agrega en sus planes, varias opciones, al instruir que “si no se pudiere hacer esto, se hará el desembarco en el puerto de Mandinga, para dirigirse de allí, o sobre Panamá, o Portobelo según sea más fácil el suceso y que además, a la entrada de estos puertos de sebe tener gran cuidado para evitar los escollos e islotes que hay, en que podrían naufragar nuestros buques. El curso de las operaciones no se puede detallar pero si se indica que es muy fácil bloquear las dos plazas e incomunicarlas apoderándose rápidamente de las alturas y desfiladeros que hay en las inmediaciones especialmente en las de Panamá” (Ibídem. O’Leary. Tomo XIX. 1981, p. 535).
Lo que no deja dudas sobre su panificación sistemática y estructurada, es el contenido del artículo 15º, en el cual ordena que “los buques de guerra y corsarios que vayan en la expedición quedarán a las órdenes del Coronel Salom, haciendo el crucero sobre las costas del Istmo en cooperación con el ejército para que le provean y le aseguren y faciliten los movimientos que intenten sobre las costas mismas, y también para dirigir y conservar francas y frecuentes sus comunicaciones con la Provincia de Cartagena por donde dará partes al Gobierno de cuanto se haga hasta que pueda hacerlo por el mar del Sur” (Ibídem. O’Leary. Tomo XIX. 1981, p. 535).
Impresiona su nivel de cálculo sobre el tiempo. Como se sabe, para la fecha que Bolìvar instruye el Plan de Operaciones, el 17 de septiembre de 1821, Cartagena seguía sobre el control de los españoles, pero esta fortaleza cae y capitula a pocos días, el 10 de octubre, Bolívar se anticipaba y como tal sabía que esta plaza era vital en estas operaciones marítimas sobre el Istmo, las cuales requerían mantener frecuentes sus comunicaciones con la principal base de operaciones marítimas del Caribe colombiano, la fortaleza de Cartagena, por donde darán partes al Gobierno.
Hecho que se confirma en el oficio que remite el 15 de octubre de 1821 Bolívar escribe desde Soatá, Colombia, al General Mariano Montilla para expresarle: “albricias, mi querido general, por la gloria que Vd. se ha cubierto en la campaña de la costa y la toma de Cartagena, que acabo de saber en este instante” (Simón Bolívar. Obras Completas. Vol. II. España. 1984, p. 106).
Esta proeza de carácter marítimo en su mayor proporción, es producto de la Operación Caribe que el Libertador instruye al Almirante Luis Brión, en enero de 1820 desde Angostura. Esta misión estaba concatenada con su visión sobre Panamá. El testimonio que revela más adelante a Motilla es por demás elocuente, al agregar: “Mucho placer me ha dado la toma de una plaza que nos deja 4.000 libres para marchar donde quiera que se les lleve” (Ibídem. Bolívar. 1984, p. 106).
Su empeño en la liberación de Panamá no era un capricho aislado sino parte de su visión programática para asegurar la sede de la Anfictionía proyectada. Esto lo refleja en el mismo oficio al brindarle el siguiente testimonio a Montilla: Ya Vd. sabrá que mi primera intención fue tomar el Istmo; por consiguiente, es indispensable que Vd. haga los mayores sacrificios para que el Itsmo se tome. Haga Vd. esto en caliente, de otro modo no se hace nunca” (Ibídem. Bolívar. 1984, p. 106).
“Yo voy a Quito a dar fin a mi empresa, y, por Panamá, obraré de concierto con la expedición de Portobelo; de contado, que las atenciones del enemigo serán muy grandes y nuestra facilidades más grande aun. Por otra parte estamos esperando en el curso del año la paz, y si no tomamos el Itsmo antes no la tenemos” (Ibídem. Bolívar. 1984, p. 106).
O sea, que tenía previsto dentro de sus planes tomar el Itsmo antes de finalizar el año, cosa que ocurre tal cual como lo tenía calculado. En este sentido, acudimos a los detalles sobre esta expedición de Portobelo que ofrece en el mismo contenido de la carta, al hacerle énfasis a Montilla en este fragmento: “Vd. tenía 4.000 hombres a sus órdenes antes de la toma de Cartagena. Yo haré la distribución de ellos: que vayan a Portobelo 2.000; que vengan con Salom 1.000; que 500 veteranos queden en la plaza; que 300 queden en Santa Marta y 200 en Río Hacha. Por consiguiente, en las Consecuencias que Bolívar proyecta en Maracaibo, define en el Artículo 17º que “la primera es la libertad del Istmo y de sus dos `plazas”, y en efecto, así lo logra.
El Istmo de Panamá se convierte en el punto geoestratégico más formidable de la Campaña del Sur, ya que desde esta base de operaciones se organizan y zarpan las cinco últimas de las ocho expediciones marítimas que hicieron posible la liberación del Perú.
Antes de tener noticias de la victoria de Ayacucho, el 7 de diciembre de 1824, desde Lima, Simón Bolívar realiza la convocatoria a las nuevas Repúblicas, antes colonias españolas, en la que proyecta el futuro más promisorio para los Americanos, al exponer: “El día que nuestros Plenipotenciarios hagan el canje de sus poderes, se fijará en la historia diplomática de América una época inmortal… Cuando después de cien siglos la posteridad busque el origen de nuestro Derecho Público, y recuerde los pactos que consolidaron su destino, registrará con respeto los protocolos del Istmo…en él encontrará el plan de las primeras alianzas que trazará la marcha de nuestras relaciones con el Universo… ¿que será entonces el Istmo de Corinto, comparado con el de Panamá…?” (J.A. Cova. Bolívar y el Congreso de Panamá. S/F. p. 178).
En las instrucciones que se daban a los Plenipotenciarios de Colombia ante el Congreso de Panamá, con respecto a la “Anfictionía Marítima”, se puntualiza que “deben hacer los Estados aliados cuantos sacrificios sean dables por crearla y organizaría”, al tiempo que les señalan: “Dos cosas deben tener presentes al tratar de esta materias: “Primera: Los medios que han de emplearse para conseguir una marina adecuada” (El Congreso Anfictiónico de Panamá. S/F. p. 68).
La visión marítima prospectiva de Simòn Bolìvar se proyecta sobre la base de los cálculos, la planificación y una ejecución sorprendente, lo cual permite que el Istmo de Panamá sea la sede del Congreso Anfictiónico que él había anunciado en 1815 en Jamaica.

