El desenlace de los comicios no se resolverá en las mesas de votación, sino en las oficinas de los 60 Jurados Electorales Especiales
OIR-MPPCI COJEDES
RNCC / FOTO CORTESÍA
El escrutinio de la segunda vuelta de las Elecciones Generales de Perú ha entrado en una fase crítica de parálisis estadística. El más reciente reporte emitido por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) confirma un escenario de empate técnico absoluto, donde la diferencia entre ambos candidatos presidenciales se ha reducido a niveles infinitesimales, dejando el destino de la jefatura de Estado en un vilo absoluto.
Con el 97,8% de las actas debidamente contabilizadas, el candidato de izquierda por Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, retiene una ligerísima e histórica ventaja al sumar 9 millones 012 mil 667 votos, lo que se traduce en un 50,016% de las preferencias. En la acera opuesta, la abanderada de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, pisa los talones de su rival con 9 millones 006 mil 906 votos, alcanzando un 49,984%.
La distancia real entre ambas opciones se sitúa a esta hora en apenas 5.761 sufragios, una cifra insignificante frente a un universo de más de 18 millones de electores válidos.
Esta vertiginosa reducción de la brecha —que horas antes superaba los 20.000 votos— responde al procesamiento de las actas de votación procedentes de los peruanos residentes en el extranjero. Históricamente afines a los sectores conservadores, los sufragios de la diáspora en Europa, Estados Unidos y América Latina están otorgando a Fujimori dos de cada tres papeletas procesadas en este tramo final, lo que explica su sostenido repunte en las últimas horas.
Ante este panorama de parálisis matemática, los analistas y las propias autoridades electorales coinciden en que los votos que restan por procesar en la selva profunda y zonas periféricas no tendrán el volumen suficiente para inclinar de forma definitiva la balanza. En consecuencia, el desenlace de la presidencia no se resolverá en las mesas de votación, sino en las oficinas de los 60 Jurados Electorales Especiales (JEE) instalados en todo el país.
Actualmente, existen más de mil actas observadas e impugnadas por los personeros de ambos partidos debido a errores materiales, inconsistencias numéricas o legibilidad. Cada una de estas actas representa un bolsón promedio de 200 a 300 votos. La revisión minuciosa y la posterior validación o nulidad de estas actas por parte del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) determinará, en última instancia, quién será el inquilino del Palacio de Pizarro.
Mientras la tensión política se traslada a las calles de Lima, donde simpatizantes de ambos bandos se concentran frente a los entes electorales, la justicia electoral peruana ha ratificado que el proceso de resolución de actas y la posterior proclamación oficial del nuevo mandatario podría prolongarse por varias semanas, exigiendo una alta dosis de madurez y prudencia institucional a un país profundamente polarizado.

