ELIECER CENTENO
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Science en 2018. Fue coordinado por la Red Mundial del Oxígeno Oceánico (GO2NE) de la UNESCO, y detalla cómo las zonas de aguas totalmente desprovistas de oxígeno (anóxicas) en mar abierto se han cuadruplicado, mientras que los hábitats costeros afectados por la baja concentración de oxígeno (hipoxia) se han multiplicado por diez desde mediados del siglo XX.  

Otro estudio publicado en Nature, en 2017, titulado: “Disminución del contenido de oxígeno en los océanos del mundo durante las últimas cinco décadas”, aporta evidencia empírica cuantitativa y a gran escala de la pérdida global de oxígeno disuelto en los océanos desde la década de 1950, vinculándola directamente con el incremento de la temperatura oceánica global, al cambio climático y al estilo de vida basado en combustibles fósiles.  

En cambio, en los ecosistemas fluviales, y estuarinos, como ríos, lagos, lagunas y otros humedales, la principal causa de la desoxigenación es la contaminación por nutrientes o eutrofización, derivada de lixiviados provenientes de la industria y zonas agrícolas. En análisis como el realizado en 2010, titulado: “dinámica y distribución de la hipoxia de origen natural y humano”, publicado en Biogeosciences, se describe cómo la escorrentía de fertilizantes agrícolas y los desechos orgánicos industriales generan «zonas muertas» tanto en estuarios y ríos como en áreas costeras marinas debido al consumo masivo de oxígeno por parte de microorganismos descomponedores.  

Aunque el modelo de producción y consumo actual, impulsado particularmente por grandes corporaciones es el principal responsable de la situación ambiental actual, como este caso de la desoxigenación de los cuerpos de agua. Revisar cómo se hacían las cosas por parte de las comunidades originarias es un primer paso para entender y aportar a la solución de esta problemática.  

Las comunidades indígenas a nivel global han desarrollado durante siglos técnicas tradicionales de manejo de los suelos y el agua que, de manera indirecta o directa, evitan la escorrentía de nutrientes y promueven la autodepuración hídrica Algunos ejemplos son la agricultura de camellones o campos alzados conocidos como Waru Waru o Chinampas. Son utilizadas desde la época de la época prehispánica en regiones de América como los Andes y Mesoamérica.  

Los Waru-waru consisten en plataformas de cultivo rodeadas de canales de agua. El diseño natural filtra los nutrientes de los desechos orgánicos a través de la vegetación de los canales, lo que evita que lleguen masivamente en forma de alta concentración contaminante a los grandes ríos y lagos.  

Otra organización de los terrenos agrícolas son los sistemas de terrazas o andenes, que son ampliamente implementa dos en laderas montañosas de todo el mundo. Un ejemplo muy conocido son las terrazas del cultivo de arroz en los países del sudeste asiático. Este tipo de ordenación permite frenar drásticamente la erosión del suelo, impiden que la tierra abonada y los sedimentos ricos en fertilizantes sean arrastrados por las lluvias hacia los ríos y estuarios, reduciendo los detonantes de las «zonas muertas».  

Incorporar este tipo de ordenación a nuestro conuco ancestral, y migrar de las grandes extensiones de monocultivos hacia sistemas de producción integral, biodiversos y diseñados para evitar la contaminación de los cuerpos de agua de nuestro territorio es algo que nos queda como alternativa al modelo agroindustrial de los grandes capitales, para salvar a las numerosas especies fluviales y marinas que son el pan de cada día para millones de personas en el mundo. 

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