Denuncian que se ven forzados a una odisea nocturna que pone en jaque su bienestar y su economía, por falta de refugio y albergue

DALISVE DURÁN
RNCC / FOTO CORTESÍA

Una cruda realidad golpea a los pacientes renales del municipio Tinaquillo que dependen de las vitales sesiones de diálisis en el Hospital Dr. Egor Nucette de San Carlos. Lejos de las comodidades y el descanso necesarios para su delicada condición, estos ciudadanos se ven forzados a una odisea nocturna que pone en jaque su bienestar y su economía.

En un clamor unánime, exigen a las autoridades regionales de Salud implementar, de manera urgente, una ruta de transporte que los retorne a sus hogares o en su defecto, habilitar un espacio digno de pernocta en el centro hospitalario.

Mery Ruiz, una de las afectadas, convalece de una enfermedad renal en etapa 5, contó que su rutina es agotadora y riesgosa. Cada dos días, de 6:30 a 10:00 de la noche, recibe su tratamiento en San Carlos. Una vez finalizada la diálisis, la oscuridad se convierte en su adversaria.

«No hay transporte público a esa hora», asegura Mery.

Su única opción, y la de muchos otros, es resignarse a dormir en un «asiento de cemento» dentro de las instalaciones hospitalarias hasta que los primeros rayos del sol les permitan iniciar el regreso a casa.

A pesar de calificar la atención médica, de enfermería y del personal obrero como «excelente», Ruiz no logra comprender cómo un hospital de las dimensiones del Dr. Egor Nucette carece de un espacio mínimo, «aunque sea un cuarto con cuatro camillas», para brindar un refugio seguro a estos pacientes, quienes deben preservar la higiene y el cuidado de su catéter para evitar infecciones que podrían ser fatales.

La situación se agrava para la mayoría de los pacientes, quienes, como ella, provienen de estratos de escasos recursos. El costo del traslado, que en el caso de Mery asciende a 2 mil bolívares por viaje, se convierte en una carga insostenible.

«Mi familia hace el sacrificio», comenta, pero la necesidad de una solución estructural es evidente.

Por ello, los pacientes renales hacen un enérgico llamado al gobierno regional y exigen la implementación de una ruta de transporte nocturna y gratuita, que les garantice un retorno seguro y digno a sus hogares.

La vida y la salud de estos ciudadanos no pueden seguir dependiendo de la caridad o la resignación ante la intemperie. La diálisis es su salvación; el transporte y un refugio seguro, un derecho inalienable.

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