En el sector Santa Rosalía de Lagunitas, Ramón Brito tiene su taller, donde la madera y las cuerdas se hacen música con el trabajo de sus manos, fabricando el instrumento llanero por excelencia

MARILYN MENDOZA ALMELLA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

Ramón Brito, nació en la cuna de los arpistas, en la comunidad de Sucre, municipio Girardot del estado Cojedes, y está residenciado desde los cinco años en Lagunitas, en la avenida José Alfonso Travieso, sector Santa Rosalía, lugar donde se ubica su taller-fábrica de arpas. 

Ramón tiene más de 42 años elaborando y reparando instrumentos musicales, especialmente arpas y maracas, aunque también le mete la mano a guitarras y cuatros. Además de trabajar la carpintería en general, elaborando diestramente puertas, ventanas, mesas-sillas escolares, camas, juegos de cuarto, entre otros muebles al gusto del cliente. 

Asegura que las arpas que elabora en su taller, son buenas y de calidad, además “bien embellecidas”. 

“Son arpas bien hechas, bonitas, pero sobre todo sonoras”, dice Ramón, quien resalta que son arpas cien por ciento regionales y totalmente auténticas, “listas para enaltecer el folklore venezolano”. 

Destacó que actualmente se viene imponiendo un nuevo modelo de arpa, cuyo tipo de fabricación es diferente y está desplazando al arpa original venezolana. 

Sin embargo, él considera que el arpa convencional no tiene nada que envidiarles a las nuevas arpas. 

“Nuestra arpa criolla, cuenta con las mismas características musicales o sonoras, pero al parecer no son bien vistas para el público de ahora, a pesar del elevado costo comercial que tiene ese tipo de arpa en comparación con el arpa criolla”, refirió. 

Invito a la población cojedeña y venezolana a apoyar y valorizar la fabricación de instrumentos artesanal, como en el caso del arpa tradicional, señalando que en su taller se adapta la elaboración del arpa según lo que demande el maestro: Pequeña, mediana o grande, según el gusto de cada cliente. 

Actualmente cuenta con diferentes tamaños de arpas elaboradas con dedicación y cariño, “a la orden y a disposición de quien esté en busca de una buena arpa y a buen precio”. 

 El motivo que lo llevo a sumarse a la fabricación de arpas, es que quería aprender a tocar este característico instrumento de nuestro llano. Recuerda que eso fue para los años ’80, cuando un arpa tenía un costo aproximado de 800 bolívares y era difícil adquirirla. 

A raíz de ello, intentó hacer su propia arpa, que fue bastante rudimentaria por su inexperiencia, pero la motivación a flor de piel, hoy le ha permitido avanzar y perfeccionar su trabajo. 

Posterior a esa primera arpa, realizó la segunda, que se la compró un señor y así realizó la tercera y también se la compraron.

 “Yo pensé, voy a hacer arpas para vender y así me sumergí en el mundo de la fabricación de arpas y su música”, acota el maestro. 

Señala que sus arpas son elaboradas con madera de alta calidad, y el mismo se encarga con ahínco y amor de armar pieza a pieza cada parte del instrumento, como lo es el torneo de los bastones, el barnizado y la colocación de las cuerdas, entre otros pasos. 

Finalmente, señala que gracias a todo ese trabajo disfruta de la compañía y de la música, con un grupo de amigos y vecinos, quienes tienen la costumbre de tocar todos los sábados en horas de la tarde y así muchos se van acercando, allegados, arpistas y músicos, para festejar un rato. 

“Una tradición que nos permite probar de manera profesional las arpas fabricadas en el taller”, afirma Ramón.


Ramón nos cuenta que sus arpas ya han sido probadas por varios maestros, que se las han llevado a Valencia, Guanare, Tinaquillo y hasta para El Baúl, tierra de buenos ejecutantes y hasta fabricantes de arpas. A Ramón Brito le gusta que las personas conozcan de sus arpas y lo visiten para que evidencien y certifiquen sus palabras. Para cualquier información lo pueden ubicar en su taller en Lagunitas, o al teléfono 0412-4480900.

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