LUIS GERARDO SANTAMARÍA
RNCC / FOTO CORTESÍA

Venezuela en los últimos diez años ha sido sometida a un conjunto de agresiones, dirigidas a socavar las estructuras más sentidas de la economía familiar, y por ende a generar zozobra e inestabilidad emocional, política y económica en amplios sectores de la sociedad. 

En primer término, una ola de desabastecimiento de los principales rubros de la canasta alimentaria, aunado a una feroz e incontrolable inestabilidad cambiaría del dólar que trajo como consecuencias, la devaluación progresiva de nuestro signo monetario y la disminución constante del poder adquisitivo de los venezolanos. 

Ante este escenario hemos sido testigos de primera línea de la capacidad resiliente demostrada por este pueblo, nunca antes presenciada por pueblo alguno en el mundo, tanto así que un término que hasta ayer era ampliamente desconocido por muchos, hoy se ha hecho común en cualquier conversación familiar, grupal o en las propias redes sociales.

 Con relación a esa capacidad de RESILIENCIA de la que hago referencia, y que se ha puesto en voga de todos en verbo y acción real, pretendo significar la adaptación consciente del venezolano a nuevos patrones de consumo alimenticios así como los apegos y desapegos a hábitos y costumbres aprendidos, impuestos o propios de nuestro gentilicio. Uno de ellos es precisamente el sentimiento, gusto, disfrute y pasión por la AREPA tradicional venezolana. 

Ni en los tiempos más álgidos de esta crisis, ni en tiempos de pandemia dejamos de comer nuestro plato típico por excelencia como es la arepa criolla que solemos saborear con algún relleno o la que compaña cada plato de alimentos; fuimos capaces de sustituir dada su ausencia, la harina de maíz precocida por harinas de yuca, Auyama, arroz, trigo, leguminosas o simplemente retomamos nuestra arepa de pilón y molino, pero nunca dejamos de comer lo nuestro, lo autóctono, la arepa como pan nuestro de cada día; es que la pasión por la AREPA es parte de nuestra idiosincrasia y de nuestra identidad. 

Está pasión viene de nuestros ancestros quiénes nos legaron ese proceso rudimentario de hacer arepas de maíz pelao y de maíz pilao usando el pilón, el molino, la ceniza y la cal, obteniendo las mejores mezclas para la preparación de nuestra arepa criolla. 

Este método artesanal tuvo vigencia hasta la década de los años 50 del siglo XX cuándo un ingeniero caraqueño de nombre Luis Caballero Mejías nos brindó una nueva forma de producir la mezcla para las arepas dejando atrás el pilón y el molino por su invento científico de producir harina de maíz precocida a escala industrial, patentándola en 1954, dando inicio a una nueva era tecnificada en la preparación de la arepa venezolana. 

Sin embargo no es sino hasta 1960 cuando empresas POLAR adquirió la patente y bajo la anuencia y financiamiento del gobierno de turno dan inicio no solo a la fabricación industrial a gran escala, sino al MONOPOLIO Comercial e industrial más arraigado en todos los venezolanos, bajo el pretexto de un plan nacional de producción de alimentos auspiciado por organismos internacionales para la lucha contra el hambre y la pobreza, es por ello que la marca se distingue con las siglas de Harina PAN, siglas de Programa de Alimentación Nacional, sustituido luego a Productos Alimenticios Nacionales, conservando por años la imagen de la mujer negra con su pañoleta rojiblanca lo cual simboliza el molino y el Pilón de nuestros antepasados como símbolo de posicionamiento comercial de una marca, un producto en el sentir de su gente. 

En mi opinión, considero que luego de 70 años, ese arraigo, esa calidad y esa supremacía comercial hoy este siendo amenazada con la apertura a la producción nacional de nuevas marcas que ofrecen calidad, precio y valor que pudieran en un futuro no muy lejano igualar y mejorar a empresas POLAR como las marcas de referencia nacional en el rubro Harina de maíz precocida y en otros rubros alimenticios. 

Solo basta con visitar los anaqueles de supermercados en cualquier parte del país y podremos constatar la presencia de más de 50 nuevas marcas de harina precocida cuyo músculo financiero y tecnológico proviene del gigante asiático quiénes han creído que es posible ganar plazas y mercados, ofrecer mejores precios y promociones, mayor calidad y ganarse el corazón y sentimientos de los venezolanos. 

Harina Kaly. Mary, Juana, Lucharepa, Mi Mesa, Doña Lola, El Maizal, La Nieve, Alvarigua, Doña Goya, Fina ideal, La Reina, Budare, De Masa, Milpa, Doña Emilia, son solo algunas de las marcas que me permiten afirmar con plena certeza a sabiendas que le han arrebatado el 35% del mercado al tigre de papel llamado empresas POLAR, puedo decirles q en materia de harina precocida el Monopolio ha sido vencido por el trabajo arduo de los venezolanos de bien, y el apoyo internacional de la primera potencia comercial de la nueva era del comercio mundial

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