EDUARDO MARIÑO
RNCC / FOTO CORTESÍA

Hace poco conversaba con una amiga que se dedica al ambientalismo y me comentaba con tristeza, que San Carlos siempre ha tenido mala suerte con sus alcaldes y concejales en el tema de la reforestación y el cuidado de sus espacios verdes.

Y en verdad, creo que desde Teófilo Rangel, ningún gobernante local ha tenido la sensibilidad para entender que San Carlos necesita muchos más árboles, tanto de crecimiento rápido como de sombra extensa, no solo para mejorar su agobiante temperatura, sino como el necesario cuidado que amerita como parte de la vital cuenca del Tirgua.

He vivido aquí toda la vida, nadie me puede contar historias. Cuando estaba pequeño, tanto el bulevard de la avenida Bolívar, ambas plazas a la entrada y el Parque San Carlos, literalmente eran pequeños bosques, con árboles ornamentales y de madera dura. La avenida Ricaurte también ostentaba árboles a sus orillas y por temporadas, fue refugio de arbustos de sombra en su isla, que eran refugio para multitud de hoscos torditos que asolaban a los paseantes.

Se siembran árboles imposibles en lugares inconvenientes solo para la foto, sabiendo que tendrán que ser cortados a los pocos años, y se cortan los que deberían permanecer, solo para poner la valla política. Donde debe haber poda, hay tala indiscriminada y no hay política de sustitución o resiembra.

No existe un proyecto o sueño de preservación ni de reforestación en esta ciudad, cada día más calurosa, seca y agreste. Como dijo alguien de TikTok, cada vez se parece más a Perú.

Es necesario generar una conciencia unificada al respecto. Si los alrededores sucumben ante los incendios y la propia ciudad arranca sus pocos focos de verdor, dentro de poco no seremos Perú. Seremos una ciudad desierta como en las películas del salvaje oeste: Sin río, sin árboles, sin pájaros y sin vida en absoluto.

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