WERTHER SANDOVAL
RNCC / FOTO CORTESÍA
Las medidas también impiden que otras gigantes del ramo como la italiana Eni, la española Repsol y la estadounidense Global Oil Terminals sean autorizadas por el Tesoro estadounidense para operar en Venezuela bajo un esquema de licencias.
Chevron actúa con una licencia parcial, pero la medida no se extendió a Eni, Repsol o Global Oil Terminals, cuyos directivos continúan presionando a la administración Trump para retomar su actividad en el país suramericano y, si es posible, ampliarla.
Trump está atragantado. Su norte es enfrentar por todos los medios el altamente competitivo avance económico, tecnológico y geopolítico de China, para lo cual necesita controlar el vital líquido energético que mueve el mundo, del cual Venezuela posee 303.400 millones de reservas probadas, suficiente para satisfacer, ella sola, al mundo, por 8 años.
Pero, ojo, en esencia, las acciones políticas hasta ahora adoptadas indican que Trump no solo busca controlar el petróleo venezolano porque a China le haga mucha falta. Venezuela apenas aporta 2% de todo el crudo que la gran nación asiática importa.
El mensaje es decirle a cada país del mundo que Estados Unidos ejercerá dominio sobre quien vende y quien compra los recursos vitales que, discrecionalmente, figuran en el menú de sus intereses de seguridad nacional. De hecho, el pasado 9 de enero la agencia RT reporta: “Trump: Les dije a China y a Rusia que quiero verlos fuera de Venezuela”.
En otras palabras, la estrategia no es hacer Estados Unidos grande otra vez por su capacidad para producir y ofertar de manera oportuna y eficiente productos y servicios de alta calidad a bajos precios. En ganarse el mercado haciendo uso del poder militar.

