MILAGRO OSTO
RNCC / FOTO CORTESÍA

El reciente giro discursivo del gobernador Alberto Galíndez representa una muestra fehaciente de camaleonismo político que atenta contra la soberanía nacional y la dignidad de todo el pueblo cojedeño, resultando contradictorio que quien hace apenas unos meses se sentaba en las mesas de Paz para respaldar la unidad convocada por el presidente Nicolás Maduro, hoy se arrodille ante las pretensiones injerencistas de Donald Trump.

Esta metamorfosis revela que su supuesta convicción democrática es en realidad una astucia oportunista que cambia según los intereses del imperio estadounidense en su afán por intervenir en las políticas de estado venezolanas, diendo su silencio cómplice tras el secuestro del mandatario nacional el pasado tres de enero y su posterior reconocimiento a la presidenta encargada Delcy Rodríguez, que demuestran que su lealtad institucional no está con los ciudadanos de Cojedes sino con la conveniencia del momento.

Esta postura servil ante potencias foráneas se complementa con una gestión estatal que carece de soluciones reales y se refugia exclusivamente en un marketing publicitario diseñado para las redes sociales, a sabiendas que, el mandatario regional se empeña en proyectar una imagen de progreso que no se traduce en bienestar colectivo, convirtiendo la administración pública en una puesta en escena de pura farándula mientras los problemas estructurales de la entidad permanecen desatendidos.

Resulta una locura total que el gobernador arremeta contra el modelo del Socialismo del Siglo XXI cuando ha sido precisamente bajo este sistema y sus instituciones electorales que se ha reconocido su triunfo en dos oportunidades.

Al descalificar la estructura que ampara su propio cargo, Galíndez cae en una incongruencia absoluta, pues cuestiona la legitimidad del Consejo Nacional Electoral que lo proclamó como autoridad regional, es asi como el sistema que él tilda de fracasado es el mismo que validó su ascenso al poder, su discurso carece de toda base lógica y moral, dejando en evidencia que su único norte es el oportunismo.

Al exaltar una supuesta transición tutelada por Washington, el gobernador ignora deliberadamente la historia de agresiones y bloqueos que Estados Unidos ha exportado bajo el falso velo de una libertad que solo busca el saqueo de los recursos estratégicos, siendo este descaro político la evidencia más grande que es un dirigente que prefiere validar la injerencia extranjera y rendir pleitesía al imperio antes que sostener la palabra empeñada en los espacios de diálogo y paz territorial.

La memoria colectiva de la entidad registra con claridad cada cambio de bando de un gobernador que parece haber perdido el límite de su propia coherencia para transformarse en un promotor del atraso y la entrega de la soberanía patria, el pueblo de Cojedes observa con suspicacia cómo su autoridad regional se despoja de su investidura para actuar como un agente de intereses externos que históricamente han atentado contra la estabilidad de esta y muchas otras naciones.

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