El talento con que nació de pequeña sigue, creciendo y hoy es una gran artesana de su municipio, que comparte sus conocimientos con gracia y amor
MARILYN MENDOZA ALMELLA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Yumiri Socorro Suárez Moreno, nacida el 7 de diciembre de 1974 en Valencia, pero adoptada por el calor de Lagunitas, en el municipio Ricaurte del estado Cojedes, es una destacada artesana que no solo enhebra hilos sino historia entre sus tejidos.
Es una mujer que como el algodón que moldea, posee una nobleza infinita y una voluntad inquebrantable. Su historia no comenzó en un taller profesional, sino en la curiosidad de una niña de nueve años que desafió la lógica de lo cotidiano. Y tomó el pabilo de amarrar las hallacas para intentar replicar los movimientos mágicos de su madre, María del Carmen.
Aquellos primeros nudos rústicos y contusos, pero cargados de intención, fueron el preludio de un sin fin de hilos que hoy décadas después, se traduce en piezas de ganchillo artístico que parecen tener vida propia. El viaje de Yumiri, es una ruta de aprendizaje constante.
En 1986, el destino la llevó a la casa de su tía María Escalona, en San Carlos. Fue allí, entre colecciones de revistas y diversos modelos de agujas, donde Yumiri, descubrió que el tejido era un lenguaje de puntos y colores que fue descubriendo a medida del paso. Aprendió a leer las explicaciones de los puntos como quien lee poesía, dominando el ganchillo artístico, las fibras naturales y las técnicas del telar.

Sin embargo, Yumiri, entendió temprano que el talento sin disciplina es un hilo suelto y sin destino. Por ello se formó académicamente, obteniendo certificaciones de la Zona Educativa y sumergiéndose en talleres con maestras como Dina Núñez.
Su evolución la llevó a entender que la artesanía no es un acto solitario, sino un tejido social. Así nació en 1995 la agrupación cultural “Los de Lagunitas”, un faro de luz para la identidad local, donde cultores de reconocida trayectoria se unieron para que los saberes ancestrales no se destiñan con el paso del tiempo.
UN ACTO DE AMOR Y SENTIMIENTO
Para Yumiri, tejer es un acto de resistencia emocional. “No es solo hilos y agujas, es mi tiempo que no volverá”, confiesa con la voz pausada de quien sabe esperar el resultado de tejido que puede durar solo horas, pero muchos días. Cada bolso, cada tapara tallada, cada pieza de fibra natural lleva impresa una “caricia de amor” que se construye entre sus dedos.

Su filosofía es profunda y de sentir, comenta que ella teje para dejar algo que dure más que las palabras. El tejido de Yumiri, es algo que se puede sostener y abrazar, no es un objeto de desechable, es una muestra tangible de que ella estuvo aquí y sus manos la construyeron. Piensa en el paso del futuro y prefiere dejar huellas de lana y fe en cada una de sus piezas.
“Aprendí que el talento y el conocimiento no se guarda, se comparte. El éxito se gana con disciplina, constancia y esfuerzo”, dijo con ahínco y sentir.
MUJER, EDUCACIÓN Y TRADICIÓN
Yumiri, representa la esencia de la mujer venezolana, que es caracterizada por ser polifacética y resiliente al mismo tiempo. Desde el año 2011 ha sabido amalgamar la pedagogía con la artesanía, egresada de la Universidad Bolivariana de Venezuela, como licenciada en Educación; sumada al Sistema Nacional de Culturas Populares, se convirtió en una multiplicadora de saberes, enseñando a las comunidades que sus manos son herramientas de libertad y emprendimiento.
Su labor no ha pasado inadvertida. El 17 de marzo de 2023, fue reconocida oficialmente como Artesana de Trayectoria Cultural por la Alcaldía del Municipio Ricaurte y el Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Pero más allá de los pergaminos, su mayor reconocimiento ocurre cada 8 de septiembre. En las festividades de “La Madre del Divino Pastor”, donde Yumiri, se funde con su pueblo.

Hoy, desde su hogar en el sector La Manga, Yumiri continúa su labor, no solo teje hilos; teje patria, teje comunidad y sobre todo, teje una esperanza que se queda a vivir en cada una de sus creaciones, creyendo firmemente que el arte se debe apreciar y valorar.
“Mis hilos son mi trabajo, mi propósito y mis sueños, convertidos en arte”, concluye la artesana.

