La especulación financiera de las firmas británicas Goldschmidt y Barclay and Company, tuvo repercusiones en la Armada de México y la Anfictionía Marítima
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Ampliamente consustanciado con la geoestrategia naval, el Almirante Miguel Carranza argumenta que “para México era especialmente interesante su alianza con Colombia porque desde sus respectivas posiciones geográficas podrían constituir una amenaza real para la isla cubana, constituyéndose en una pinza naval con posibilidades de cerrarse en el mismo cuello de la capitanía general, y eso lo temían los españoles, lo intentaban evitar los Estados Unidos y lo utilizaba Inglaterra cuyos, intereses confluían en el eje MéxicoLa Habana” (Almirante Miguel Carranza.… Y la Independencia se consolidó en el mar. Primera reimpresión, Secretaría de Marina-Armada de México. Oficialía Mayor de Marina. Unidad de Historia y Cultura Naval. México. 2014, p. 147).
Los mexicanos eran conscientes del poder naval y las hazañas marítimas que había logrado Simón Bolívar y la República de Colombia. Por lo que “el Ministro de Estado y del Despacho de Guerra y Marina aceptaba en su informe que el carácter de la guerra que se sostenía era principalmente naval; que en el mundo del ejército de tierra no había conocimientos técnicos para conducir el conflicto” (Ibídem. Carranza. 2014, p. 89).
Esta tesis lleva a los líderes políticos y militares de la nación azteca a admitir “que era necesario adquirir más buques y de mayor porte que los que se tenían, pero no había dinero en el erario de la Nación; que sería necesario contratar marinos de todos los niveles en el extranjero para tripular las naves por carecer de profesionales experimentados; que hacía falta crear una escuela para formar oficiales de Marina de origen nacional; que se requería la formación de los batallones y las compañías de artillería para la Marina” (Ibídem. Carranza. 2014, p. 89).
Sin embargo, además de un andamiaje jurídico que le diera forma legal a la Armada mexicana, se requería de los fondos suficientes para conseguir tan anhelado propósito. En este sentido, sugería el mencionado informa del Despacho de Guerra y Marina “que se decretara una legislación naval propia que le diera a la Marina personalidad y sustento jurídicos; y establecer arsenales y almacenes para el mantenimiento y abastecimiento de la escuadra. Lo que quedaba por hacer era conseguir el dinero y poner manos a la obra” ” (Ibídem. Carranza. 2014, p. 89).
La opción eran los empréstitos de banca británica. El 9 de abril de 1824 “llegó a Veracruz don Mariano Michelena, acompañado de su secretario Vicente Rocafuerte para embarcarse en la fragata de guerra inglesa Valerous, con objeto de marchar a Londres por haber sido designado por el Supremo Poder Ejecutivo, Ministro Plenipotenciario ante el gobierno británico, pero debido a que Inglaterra aún no reconocía oficialmente la independencia, fue aceptado como agente confidencial” (Ibídem. Carranza. 2014, p. 92).
El Ministro Michelena, quien sería uno de los dos plenipotenciarios de la república azteca ante el Congreso de Panamá, tenía la misión de lograr tres asuntos de suma relevancia, el reconocimiento a México como país independiente, el apoyo financiero con los bancos ingleses para la inversión productiva y la compra de barcos para la Armada.

Luego de arduas negociaciones del diplomático mexicano con el Ministro del Exterior británico George Canning, se decidió reconocer la Independencia de México, pese a la férrea oposición de España. Con esta decisión se facilitaba a México el avance de las negociaciones financieras que Michelena estaba llevando a cabo en Londres con la casa Barclay, para continuar la lucha y activar la economía, préstamo cuya historia no comenzó con este evento político, sino mucho antes” (Ibídem. Carranza. 2014, p. 104).
Aclara Carranza que “en 1823 se contrató un préstamo de 3.200.000 libras esterlinas con la casa Goldschmidt, que después de deducir intereses, comisiones, garantías y valores monetarios, el gobierno sólo recibió 1.180.064 libras, equivalentes a 5.900.323 dólares” (Ibídem. Carranza. 2014, p. 104).
Los detalles de la primera transacción especulativa de la banca inglesa con el gobierno de México, en relación al valor nominal del peso como moneda nacional, explican lo exorbitante del préstamo, para el cual se había autorizado la emisión de bonos en Londres a través de la casa bancaria B.A. Goldschmidt, con condiciones sumamente desventajosas, en la que México emitió una deuda por 3.2 millones de libras esterlinas (equivalentes a 16 millones de pesos de la época), a lo que se suman los descuentos, comisiones y el tipo de cambio, recibiendo apenas cerca de 5.7 millones de pesos (aproximadamente un tercio del valor nominal).
Francisco Muciño en su artículo especializado y titulado “Deuda externa: Así empezó México su desventura con los préstamos en el exterior”, acota que “las condiciones fueron duras en el sentido que le dieron a Goldsmith ventajas abusivas. Mientras que México emitió deuda por el equivalente a 16 millones de pesos mexicanos (3.2 millones de libras esterlinas), el país en realidad recibió solo 5.7 millones de pesos o aproximadamente, 1.14 millones de libras, apenas el 35% de la cantidad prestada” (Francisco Muciño. Deuda externa: Así empezó México su desventura con los préstamos en el exterior. México. 22 07-2021. p.1).
En una etapa crucial que requería de una flota lo suficientemente operativa y capaz de expulsar a la escuadra española de las aguas mexicanas y lograr la alianza marítima con la república de Colombia para abrir operaciones contra las posesiones españolas en Cuba, el gobierno de México no veía otra opción, necesitaba dinero para la adquisición de buques.
Refiere nuevamente Carranza que “esta vez el crédito fue por la misma cantidad pero México sólo recibió 5.393.991 dólares” y que solo de este dinero se destinaron “917.559 para la compra de armas, buques y vestuario para la tropa. De este rubro se adquirieron la fragata Libertad y los bergantines Bravo y Victoria” (Ibídem. Carranza. 2014, p. 104).
Los bergantines adquiridos por Michelena en Gran Bretaña y Suecia, llegan a México entre junio y julio de 1825, siendo incorporados a la escuadra mexicana, para incrementar su fuerza naval a 120 cañones de diferentes calibres. Pero su arribo casi coincide con la llegada a México del nuevo Embajador Plenipotenciario de los Estados Unidos, Joel R. Poinsett, quien presentó sus cartas credenciales el 1° de junio y trajo instrucciones precisas del secretario de Estado, Henry Clay, las cuales muestras inobjetable del injerencismo norteamericano. La primera acción de intromisión política, es relacionada al “problema de Cuba, cuya tranquilidad debía quedar a salvo de las acechanzas de México y Colombia, empeñados en liberarla del dominio español” y la cuarta se refería al alineamiento del “propio gobierno de México sobre el mensaje que el Presidente de los Estados Unidos, Mr. James Monroe, había dirigido al Congreso de su país con fecha 2 de diciembre de 1823” (Ibídem. Carranza. 2014, p.110).
Los efectos de la intromisión estadounidense, son de tal manera que el 24 de febrero de 1826, que en “sesión ordinaria secreta del Congreso de los Estados Unidos Mexicanos acuerda dejar la decisión de enviar una expedición libertadora a Cuba a lo que resuelva al respecto el cónclave de Panamá” (Sergio Guerra Vilaboy. Diario del Congreso Anfictiónico de Panamá: Cronología de sus antecedentes, desarrollo y resultados. CLACSO. Buenos Aires. 2025, p.86).
El propósito de la alianza marítima con Colombia para la liberación de Cuba se esfumaba. La flota mexicana quedaba supeditada por la diplomacia de Washington a abandonar el proyecto y solo limitarse a expulsar a la escuadra española de la fortaleza de San Juan de Ulúa. Mientras la nación se endeudaba con la corona británica, por medio del segundo préstamo oneroso por la misma cantidad (16 millones de pe sos o 3.2 millones de libras) de otra firma financiera, la Barclay and Company, y de hecho solo recibió 6.5 millones de pesos (1.3 millones de libras) (Ibídem. Muciño. 2021, p. 1).
En la práctica, el sistema financiero inglès, es el antecedente del Fondo Monetario Internacional. Esto se corrobora en los datos que más adelante Muciño amplía, al decir que “a lo largo de 30 años, México se comprometió a devolver 44.8 millones de pesos (16 millones de pesos al más 28.8 millones de pesos en intereses, ya que la tasa se fijó en 6%. En otras palabras “por cada peso prestado, México se comprometía a devolver siete” sobre los préstamos en condiciones abusivas para el país. Y, como si no hubiera sido suficiente con los altísimos intereses y condiciones desventajosas del acuerdo” (Ibídem. Muciño. 2021, p. 2).
En la sesión del Consejo de Gobierno de la Republica de Colombia del martes 23 de mayo de 1826, presidido por el Vicepresidente Santander, se trae a colación la quiebra de la banca británica, con el objeto de evadir la igual estafa empleada a la nación colombiana, bajo el pretexto de que “los empréstitos de Portugal y de México, con que corría la misma casa, había sucedido igual caso y que los respectivos agentes de los gobiernos habían determinado que se pagasen tales intereses” (Acuerdos del Consejo de Gobierno de la Republica de Colombia de 1826. Universidad Nacional de Colombia. S/F. p.162).
Era la excusa perfecta para proteger al corrupto de Elbers, socio de Santander, quien participó en la compra de los buques deteriorados a un costo excesivo, siendo ambos, cómplices de la mafia financiera especulativa de Inglaterra.
Los efectos producidos por la quiebra de las nombradas firmas londinenses sobre la Armada mexicana son enormes. En cuanto a la casa bancaria británica B.A. Goldsmith, en febrero de 1826, provocó la pérdida de aproximadamente un millón y medio de pesos de los fondos que el gobierno mexicano tenía depositados en Londres, dejando a la incipiente institución naval sin los recursos financieros necesarios para la compra de armamento, el mantenimiento de sus buques. La insolvencia de dicha casa también en la tropa marinera, la cual queda en una situación de abandono económico, provocando graves retrasos en sus campañas de defensa y control marítimo.
En el caso de la Barclay and Company en agosto de 1826, también desembocó en la paralización y el retraso en la entrega de material bélico y buques de guerra, ya que gran parte de estos fondos estaban destinados a la modernización y equipamiento de la Escuadra, la cual fue mermando su capacidad operativa.
Ante la amenaza de una posible operación naval española de reconquista, desde la isla Cuba, el gobierno mexicano envió una flota compuesta por tres bergantines, el Hermón, el Bravo y el Guerrero, al mando del capitán estadounidense David Henry Porter, la cual libra una batalla naval el 10 de febrero de 1828 cerca del puerto cubano de Mariel. Tras una feroz persecución y un combate de más de dos horas y media el día 11 de febrero, en donde se enfrentan el bergantín mexicano Guerrero contra la poderosa fragata española Lealtad, el barco mexicano quedó destrozado. El capitán David Henry Porter murió en la cubierta y su tripulación fue derrotada y apresada. Los españoles confiscaron el Guerrero y lo rebautizaron como El Cautivo.

El Almirante Carranza sostiene que en “1829, los recursos necesarios para reparar la escuadra, no fueron suministrados, simplemente porque no los había, y los buques fueron amarrados a las argollas del Castillo de San Juan de Ulúa en espera de una muerte lenta y sin esperanza de una posible recuperación” (Ibídem. Carranza. 2014, p. 236).
Sintetiza el autor del reconocido y citado libro que “muchos fueron los factores que influyeron, para una mayor efectividad en los objetivos. Entre estos factores se encuentra la expoliación de los recursos económicos y los usureros empréstitos de los financieros ingleses, mientras España, consciente de su propia debilidad en la mar, aguardaba el momento de nuestra mayor vulnerabilidad naval para conseguir el suyo” (Ibídem. Carranza. 2014, p. 241).
En efecto, la especulación financiera de las firmas británicas Goldschmidt y Barclay and Company, ocasionaron serias repercusiones a la Armada de México y por consiguiente, un severo impacto al llamado de la Anfictionía Marítima continental.

