ARGIMIRO MELÉNDEZ
RNCC / FOTO CORTESÍA
Esa tarde como siempre él llegó puntual a su clase, sin embargo, ya casi finalizaba el semestre y su largo contenido programático estaba casi concluido y la asistencia de sus aprendientes ya dejaba de ser numerosa, ansiosa y extremadamente puntual, quizá también por curiosidad, como sucedió en las primeras semanas, cuando todos los alumnos y también él, como profesor se iniciaban en la institución, por lo tanto, todos eran nuevos. Igualmente, ese día esperó a que llegasen más, pero cada vez que sumaba alumnos, crecía un evidente malestar entre el grupo que por el ánimo de desarrollar su contenido, el profesor decididamente se involucró y en la indagatoria inicial, preguntaba y los alumnos respondían y aclaraban los enredos.
Muchas ideas se argumentaron, hasta que afloró el gran problema y entre todos buscaron la posible solución a la suspensión del paseo grupal a la ciudad Capital Caracas que se había organizado. Cómo siempre sucedía en su ya longeva existencia, al profesor le había tocado jugar muchos roles y no sería la primera vez que correspondía participar como un suplente de viaje y lo primero que hizo fue enviar los mensajes y audios a su esposa para ir preparando el escabroso terreno de la negociación, ambos se conocían perfectamente.
REFUNFUÑANDO
Emocionado y mentalmente muy activo, como si fuera su primera experiencia de viaje, telefónicamente preguntó el plan de vuelo a uno de los organizadores, éste le dijo: – Se tiene programado ir al casco histórico de Caracas, Plaza Bolívar, Casa del Libertador, Panteón Nacional. En esencia eso es profe.
Tomó nota, como siempre lo hace, y seleccionó ropa adecuada al lugar del viaje. Planchó el pantalón y la camisa, buscó en el gavetero su ropa interior, y a causa del problema del agua no había mucho que escoger. Lustró sus zapatos y colocó todo en el mueble de la sala, cuan padre actuando ahora como niño organizando su ritual de carrera a primera hora para ir a la escuela.
Sucediendo eso, también escuchó desde otro espacio de la casa:
– Imagino cómo andarás mañana, después de tantas horas de camino sentado en el transporte… y lleva tus pastillas. ¡Cuídate mucho! dijo su esposa, como refunfuñando.
-¡Unju! Respondió él.
Seguidamente, vio su reloj en el teléfono, marcó una alarma 03:00 am. Y se dispuso a ver Netflix como de costumbre junto a su doña, pero no pudo, su mente estaba ocupada repasando los pormenores del caso: pagué el mototaxi, puse la alarma, tengo la ropa lista, y posicionó, no tengo ropa con la cual identificarme con la institución, cuando cobre mi primer sueldo compro algo. Mientras ello no suceda… no puedo. Como no podía concentrarse prefirió irse a la cama a descansar.
RECUERDOS
Antes de lograr atrapar al huidizo sueño de esa noche lo que originó un sinfin de vueltas en la cama y parecía una tenaz lucha olímpica, pero con un contrincante imaginario porque su pareja, absorta y quizá molesta seguía de frente a la tele. El cansancio de su organismo, más no la edad mental lo rindieron, pero también permitió que llegara un recuerdo bien guardado y conservado a través del tiempo. – “… y sintió que su mamá lo jamaqueaba, levántate hijo, ya tu abuela viene a buscarte para que la acompañes a Turén y visitar al tío Ramón José”
Cuando eso sucedía, siempre saltaba de su catre y confundido aún, entre dormido y despierto obedecía, le bañaban y vestían. Luego antes de salir el sol, caminaban, esperaban y subían al transporte para rodar y rodar, hasta llegar a un pueblecito que para atravesarlo y llegar al destino, cruzaban el rio en una canoa.
– ¡Agarrate duro mime!
Decía con voz fuerte la doña para superar el ruido del motor fuera de borda que los desplazaba… Mime, así lo llamó siempre su abuela.
PERCANCES
En toda planificación o programación, siempre están presentes los imprevistos, el trabajo técnico lo identifica entre un 7 y 10 por ciento y ante el dilema de quedarse dormido y no escuchar la alarma ante el poco tiempo que había previsto, ahora la reprogramó a la 02;45 am. Al primer episodio de responsabilidad mental y los compromisos adquiridos, él despertó. Se percató que la hora era mucho antes de lo programado, pero lo asimiló diciéndose.
– !No importa, así no me quedaré dormido! Inmediatamente, se levantó y encendió su CPU, comenzó a revisar los trabajos de Aplicación de los aprendientes del subprograma Contaduría que muy pronto se socializarán, y dentro de la lentitud de su computadora por el viejo software que tiene instalado y la falta de un necesario mantenimiento, a esa hora inició su faena.
Transcurrieron pocas horas y apareció la doña y manifestó.
– ¡Yo también necesito utilizar la computadora!
Se miraron fijamente y sin hablar se dijeron todo lo necesario mentalmente.
Llegó la hora, sonó la primera alarma que con un tono suave y gentil mal seleccionado, invitaba más a seguir durmiendo que a levantarse. Fue directamente a la ducha a bañarse que con su estanque para recolectar agua, en el mero centro del medio, arruinaba aquella sala que en su época fue una porcelana digna de muchas familias tipo clase media que pudieron adquirirla.

Se alistó y justo a las 02:46 am., escribió al Mototaxista por mensaje de texto telefónico de WhatsApp:
– ¡Estoy listo Pelón, puedes pasar por mí!
Después fueron llamadas y llamadas, y como son vecinos, fue hasta su casa. Tocó y tocó a su reja jardinera. Muchos o quizá toda la jauría de perros del sector fueron testigos, pero nada. No hubo respuesta. De nuevo revisó la hora en su celular -no en su reloj de pulsera, porque está descompuesto, ahora sólo es adorno- de regreso se detuvo de nuevo en su casa para aprovechar el wifi, y pidió auxilio a los organizadores. Aunque mi linea es de telefonía arcaica, una llamada entró y escuchó:
– ¡Tranquilo profe. estamos solucionando. Ya irán por usted! …y otra moto en auxilio llegó. No fue extraño para él porque precisamente auxiliaba a otros pasajeros que fueron abandonados por sus responsables y acudió a solventar a sus colegas de profesión, más no de su cooperativa.
Aunque la hora era 04:05 am. de ese día viernes 20/06/26, y una suave brisa madrugadora acariciaba la zona, él sintió que toda su desesperación anterior, llegó al cielo mismo, dónde solo los héroes mitológicos reposan.
Luego, seguirían sucediéndose pequeños imprevistos por retrasos, estrés y falta.
de integración que todo grupo vive, sin embargo, todos fueron solventados.
LOGÍSTICA
Las cosas principalmente cuando están bien pensadas y organizadas salen bien. En el transporte se destacaban visualmente por el pasillo, las cavas y debajo de los asientos en bolsas y en sus mochilas se encontraba la artillería pesada de los desayunos y almuerzos. Saliendo de San Carlos, en plena madrugada recibió su primer paquete, era un pan de sándwich doble relleno de embutidos: jamón, queso amarillo o mortadela, acompañados de un envase de salsa rosada, tan cuidadosamente cerrada que nunca pudo abrir. Sin embargo, a esa hora de la madrugada, degustó.
En la primera parada en lares de Maracay, todos los paseantes corrieron al baño. Un comentario algo disruptivo de uno de los más expresivos se acercó a sus oídos y expresó:
– !Van al baño! Sí. a satisfacer sus necesidades pero tardarán profe, porque sacarán fotos en los descomunales espejos que posee la infraestructura que reflejan nítidamente, la gran belleza que ellas tienen, pero que no se percibe por sus dimensiones hogareñas y no comerciales.
Luego, en el dispensador de alimentos, recibió un jugo de pera en botellitas bien fría que gentilmente recibió de uno de sus estudiantes. Después un café capuchino de alta calidad en su presentación.
– !Profe. ¿lo quiere con azúcar o sin azúcar? (imaginó el susodicho que en alguna clase había expresado que él era diabético) De todas maneras llévala, serán necesarias más adelante.!
Sin antes abandonar la parada, llegó otra estudiante, pequeña de rulos en su cabello, pequeña y trajeada con vestido y le entregó otro café. Él con algo de sorpresa y curiosidad le dijo:
– ¿Cómo obtuviste ese café?
Ella respondió: yo lo pedí profe., y en el bululú de gente, no me lo cobraron, pero es suyo. Accedí y él se convirtió en cómplice del hecho.
En el almuerzo siguieron y fueron sorprendentes las sorpresas, una de sus estudiantes con experiencia de cocina, entregó un envase desechable de los grandes con un suelto arroz en modalidad chino, agradable en su presentación y muchísima carne que le agradó.
Más adelante, recibió galletas dulces y saladas, Pirulines, Doritos y un sin número de presentaciones que los estudiantes le ofrecieron y complacido aceptaba, cuando estuvieron en el casco histórico de Caracas.
Asimismo, momentos después, ahora arriba en la estación del teleférico, otra gentil estudiante le pregunto:
-¿Profe, quiere un chocolate o una crema de fresas?
– De fresas, respondió y recordó su gran confianza y cumplimiento de que otorga el medicamento metformina que religiosamente consume.
Fue sorprendente, luego en la noche cuando de regreso a San Carlos, la misma gentil estudiante preguntó. ¿Profe, qué cenará? Y respondí:
– !Un café y Doritos! Cuando llegó el mesonero trajo un inmenso Cachito de jamon y un poderoso café.
A calladas, muy para todos pero en silencio, el profesor expresó: Dios le pagará tantas atenciones.
LAS SORPRESAS
Cumplir con la programación de visitar el casco histórico de Caracas, entre ellas, la Casa Natal del Libertador, sorprendió a todos. No sé podía visualizar corresponder la visita de nosotros los estudiantes y docentes Universitarios por el contraste y la alta afluencia de niños preescolares y escolares con similar demandas.
El maravilloso Plan B, que nunca falla. Mientras se desocupaban las instalaciones de la Casa Natal del Libertador, los llevaron a la Casa Bicentenaria, otro espectacular museo que la delegación de aprendientes pudo conocer.
En el traslado entre las distancias tocó atravesar puntuales avenidas, muy transitadas que amedrentaron a los visitantes, sin embargo, el comportamiento ciudadano citadino ante las señales de tránsito si se cumple y respeta.
– ¡Pasen ahora! Señalaba el profesor cada vez que el semáforo peatonal cambiaba edea verde.
En la Casa Natal del libertador Simón Bolívar todo fue diferente, los estudiantes asumieron el mejor de los comportamientos que en ellos se suceden, la majestuosidad de los cuadros los sorprendió y dejó embelesados quizá por dos razones, el detalle narrativo acompasado del guía o la memoria patriótica que generó el mayor y sublime respeto del sitio en que se encontraban.
LA RECREACIÓN
Llegar a la estación del teleférico fue una odisea y la ciudad ya despierta por la hora después del mediodía mostraba su más feroz aspecto vehicular. Fue sorprendente como los jóvenes viajeros reunieron el dinero para costear el boleto y subir al guardian eterno de Caracas el cerro Ávila, al profesor le faltaba un poco de dinero, entonces la joven fiscal de la institución le expresó.
– ¡Los mayores de sesenta años son exonerados mostrando solo su cédula laminada!
Viva Venezuela pensó el profesor y se alistó. Subir a la montaña El Ávila tiene sus historias, primero el terror de admirar la monumental cuesta que se asume en la soledad de la cabina y la ínfima existencia que se posee.
¡Que pequeños somos! Piensan muchos. para luego llegar a la estación y sorprenderse con la mejor vista del hermoso territorio del país que se tiene.
Allí arriba en la montaña, los muchachos tuvieron y asumieron de nuevo la personalidad que son, algunos los de más edad volvieron a ser niños. Todos corrieron a sacarse fotos, comprar dulces y golosinas, también recuerditos con una cara de felicidad que hasta los más conservadores sonreían viviendo su mejor momento de la vida. Asimismo, se atrevieron a patinar en la pista motivados por una pareja de artistas y expertos que recibían clases del entrenador.
– ¡Vamos a patinar! Se escuchó en el grupo.
Y lo hicieron. Ocho valientes estudiantes entre ellas una profesora saltaron a la pista. Primero por la orilla agarrados del pasamano donde los resbalones por la impericia de la técnica hicieron mostrar lo indescriptible de sus caras por el asombro que sufrían, para después de pocas caídas e innumerables sustos y gritos, aprender a obtener la seguridad que algunos lograron y patinar cuan cisnes en el lago y otros como pingüinos de la película happy feet.
EL REGRESO
Reunir de nuevo a la patota de estudiantes no fue fácil, tardó mucho en hacerse. Falta uno, no faltan tres y así sucesivamente. Ya en la buseta cansados pero llenos de felicidad los muchachos regresaron a su estado bien tarde por la noche, pero todos seguros, pobres y sin dinero en sus cuentas, pero millonarios por la nueva experiencia obtenida. El profesor suplente volvió a la comodidad de su hogar donde su esposa e hijos durmieron tranquilos por llegar sano y salvó de esa nueva aventura. Quedó solo el recuerdo gráfico que regaló uno de ellos que sacrificó su presencia en la foto para regalar a todos su momento “manso y mágico” de felicidad.

