EDUARDO MARIÑO RODRÍGUEZ
RNCC
Casi 60 años tenía la tierra dormida bajo nuestros pasos, esperando un momento preciso para liberar esa tensión que le producen sus fragmentos al empujarse unos con otros. La placa del Caribe y la Sudamericana se apretujan hace millones de años a lo largo de la costa venezolana y cada tanto, como en 1812, 1967 y este año, y quizás millares de veces desde que el mundo el mundo, aflojan su furia sacudiendo a este polvo animado de aliento divino que apenas somos.
Y como siempre, es el momento de la verdad y también de la mentira, es el tiempo de las campañas injundiosas y también de las verdaderas solidaridades, como decía mi abuela, es donde se ven los hermanos, pero también la mala gente.
Al menos 24 países se han sumado desde el primer momento a las laboriosas tareas y esfuerzos por rescatar y consolar a los afectados por los violentos sismos del 24 de junio. De lejanas tierras, hombres, mujeres, perros y aparatos se han sumado a los hombres, mujeres, perros y aparatos, civiles y militares, jóvenes y viejos, con y sin experiencia, que vienen haciendo lo imposible por salvar preciosas vidas.
En tiempos duros y circunstancias adversas, es cuando surge lo mejor de nosotros. Como en aquella canción de Fito Paéz, cada quien busca ofrecer su corazón, cada quien desde su espacio dice con voluntad y amor y entereza: “¿Quién dijo que todo está perdido?”
Pero tampoco han faltado los que buscan pescar en río revuelto. Desde campañas llamando al caos y a movilizarse hacia donde sólo deben estar los especialistas, hasta quienes buscan estafar a su prójimo en medio de la confusión, el dolor y la impotencia generalizada. En tiempos difíciles también irrumpe lo peor de nosotros: La miseria humana, el deseo de figurar, la vanidad y aún el morbo absoluto por la sangre y por la muerte, saciar aunque sea con la sangre de inocentes el deseo de venganza y los rencores inoculados.
Este es un momento de profunda reflexión, no es momento de politiquería ni de fantochismo. Si hay que hallar culpables, somos todos por vivir en una zona que se estremece cada tanto y no prestar atención a las señales. Pero si hay que hallar a los héroes, es tiempo de volver con humildad la mirada a esos millares de hombres y mujeres que están ahora mismo en la zona de desastre, dando el todo por el todo por las vidas de otros miles de venezolanos.
No es tiempo de vanidad y bajeza humana, es el tiempo de los héroes.

