Las acciones de los gobiernos ante las particularidades de cada caso, para coordinar la contención de los efectos de los desastres naturales son determinantes para salvar y proteger vidas
ESPECIAL
MISION VERDAD / RNCC / FOTOS PRENSA PRESIDENCIAL
Los grandes desastres naturales en todo el mundo son particulares, tanto por su contundencia como por el contexto de los países y condiciones donde tienen lugar. El impacto que generan se define directamente por esta combinación. Un fenómeno natural no causa devastación por sí solo; un evento natural se convierte en desastre una vez que causa gran daño a una población determinada.
Otros componentes de ello son las condiciones socioeconómicas, la ubicación geográfica de los eventos y la demografía de los territorios afectados por los fenómenos naturales. No hay dos grandes eventos idénticos en la historia.
Sin embargo, el único factor común en todos los contextos es la existencia de gobiernos que desempeñen una gestión de la crisis. Los gobiernos son cruciales para delimitar los alcances y daños de los fenómenos naturales.
La institucionalidad y la coordinación centralizada son el motor operativo del Estado durante eventos de dicha especie. Cuando un desastre natural de gran escala golpea a un país, el gobierno no solo actúa como un proveedor de ayuda sino como el único administrador legítimo del caos, rol que se ejerce a través de la gobernanza, las leyes y los comandos unificados.
Sobre los terremotos o el doblete sísmico acaecido en Venezuela el 24 de junio de 2024, la gestión del gobierno ha sido sometida a una profunda revisión y ha estado atravesada por la diatriba y las agendas políticas. El gobierno venezolano ha dicho, con razones muy válidas, que se han desplegado mecanismos de campañas, ingeniería de opinión y articulación de redes comunicacionales para “politizar” la tragedia.
Por tanto, una de las maneras de analizar la gestión del gobierno bolivariano, luego de los terremotos, es mediante el análisis comparado. Y cómo se contrasta con el rol de algunos gobiernos en el mundo para gestionar los impactos de eventos naturales de gran magnitud convertidos en desastres.
CICLÓN NARGIS: MYANMAR, 2008
Este ciclón tocó tierra en el delta del río Irrawaddy, devastó la región y cobró la vida de más de 130 mil personas. La junta militar que gobernaba Myanmar —entonces llamada Birmania— fue criticada por su débil gestión de alerta temprana, por no advertir a la población con la suficiente antelación, y por haber agravado la crisis humanitaria al negarse inicialmente a aceptar ayuda internacional.
Según un informe de Naciones Unidas, durante semanas el gobierno bloqueó la entrada de trabajadores humanitarios y suministros, lo que disparó el número de víctimas mortales debido a la propagación de enfermedades y la falta de refugio.
Comparación con Venezuela. Como es sabido, no existe la predictibilidad con antelación de los grandes eventos sísmicos. Hasta el día de hoy ninguna institución científica, geólogo o tecnología actual es capaz de anticipar con precisión la fecha, hora, ubicación exacta ni la magnitud de un futuro sismo.

Por otra parte, a solo minutos de los terremotos del 24 de junio Venezuela activó todos los mecanismos de cooperación nacional e internacional para el rescate de víctimas y atención a los damnificados. La presidenta encargada Delcy Rodríguez junto con Gianluca Rampolla, coordinador residente y coordinador humanitario del Sistema de las Naciones Unidas en Venezuela, articularon toda la ayuda humanitaria posible al saberse la magnitud del evento.
Esto permitió que pudieran activarse 33 equipos de rescate y delegaciones internacionales que ofrecieron algún tipo de apoyo a las labores rescatistas y humanitarias en el terreno.
MEGA TSUNAMI: OCÉANO ÍNDICO, 2004
El informe global de la ONU y sus agencias —como la UNDRR y el PNUD— concluye que el tsunami del océano Índico del 26 de diciembre de 2004 fue el desastre más letal de la historia reciente y un punto de inflexión radical para la gestión de emergencias a escala mundial. Por este lamentable evento de terremoto y posterior tsunami resultaron afectados Indonesia, Tailandia, India y otros países. El desastre causó más de 230 mil muertes.
Indonesia fue el país que resultó más afectado. Las pérdidas humanas se estiman en números difusos, entre 120 mil y 160 mil víctimas mortales.
Desafortunadamente el número de víctimas se incrementó en ese país por las dificultades logísticas y de salvar a los sobrevivientes del evento. Muchos murieron sin que pudiera llegar alguna forma de rescate durante días y semanas.
La guerra civil vigente en Indonesia impidió el acceso inmediato de cooperantes y rescatistas internacionales a las poblaciones afectadas.
En Indonesia se apreciaron pérdidas mucho mayores que en otros países, no solo por las particularidades del tsunami. El país no contaba con una institución especializada ni con un marco legal sistematizado para la gestión de desastres a gran escala. Es decir, según los análisis de Naciones Unidas, había caos burocrático y vacío institucional.
Comparación con Venezuela. Venezuela no está en guerra, ni está dividida. Es un país que cuenta con integridad territorial plena.
Venezuela tiene un sistema integrado de gestión de desastres de muy larga data. El país ha acumulado vasta experiencia en ese sentido, como la del estado Vargas en 1999, el terremoto de Cariaco en 1997 y el terremoto de Caracas en 1967.
Venezuela cuenta con un sistema articulado de Protección Civil, de alcance nacional, y un sistema integrado de gobierno mediante las Zonas de Defensa Integral (ZODI), con una gran capacidad de coordinación en varios niveles. Las ZODI reúnen la Policía Nacional Bolivariana, Guardia Nacional Bolivariana, Milicia Nacional Bolivariana, Bomberos, Protección Civil y grupos resca tistas voluntarios, todos bajo una misma línea de mando y gestión.
Esto permitió que en 24 horas del desastre se desplegaran más de 4 mil rescatistas venezolanos en el terreno. La cifra de funcionarios en labores a 48 horas del doblete sísmico fue de 11 mil efectivos en La Guaira. Se trata de cuerpos provenientes de todo el país, quienes llegaron a La Guaira por tierra y hasta por un puente aéreo que articuló Maracay con otras ciudades.
TERREMOTO EN SIRIA Y TÜRKIYE, 2023
En Türkiye se confirmaron por canales oficiales 53 537 personas fallecidas y más de 107 mil heridas. En Siria, las cifras totales oscilan entre 5 951 y 8 500 muertes debido a la fragmentación del país por el conflicto interno.
Las debilidades en Siria se apreciaron por la debilidad política y territorial del país. Las fuerzas de rescate civiles y militares tuvieron dificultades en acceder a ciertos territorios que estaban controlados por milicias kurdas.
Comparación con Venezuela. Venezuela está plenamente integrada geográficamente. El Estado venezolano mantiene una hegemonía y control territorial efectivo en todo el país que permite abordar la crisis de manera articulada.
La cohesión nacional y territorial ha permitido un flujo inmenso de bienes y servicios, ayuda nacional e internacional, que ha recorrido el país rumbo a las zonas de desastre, rumbo a los centros de acopio.
HURACÁN KATRINA:
ESTADOS UNIDOS, 2005 Las catástrofes naturales no solo aguardan a los países empobrecidos. Los países ricos también han sufrido embates y también han tenido dificultades para atenderlos.
En el año 2005 la respuesta de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) a este poderoso huracán tuvo importantes debilidades. A pesar de la alerta climatológica, el gobierno federal estadounidense tardó en desplegar ayuda y dejó a miles de personas atrapadas sin agua ni alimentos.
El caso más recordado es el del Superdome de Nueva Orleans, donde la población se refugió de las inundaciones. Los reportes de la época indican que la ayuda tardó en llegar cuatro días a la gran instalación deportiva.
La falta de preparación y coordinación entre el gobierno local, estatal y federal resultó en una grave erosión de la confianza en la administración del entonces presidente George W. Bush.
Múltiples informes y comisiones investigadoras, incluida un trabajo oficial del Senado de Estados Unidos, concluyeron que la respuesta gubernamental al huracán Katrina fue un “fracaso en todos los niveles”.
Comparación con Venezuela. Los niveles de gobierno han trabajado articuladamente, de manera muy coordinada.
En los municipios Chacao y Libertador los alcaldes, que pertenecen a fuerzas políticas opuestas, trabajaron coordinadamente con el gobierno nacional.
En La Guaira, gran parte del gabinete regional fue tapeado o murió entre los escombros de edificios colapsados.
Sin embargo, todos los funcionarios públicos que han atendido la contingencia de los terremotos están subordinados a un Estado Mayor para coordinar las labores de búsqueda, rescate y atención integral a los afectados.
Este Estado Mayor fue organizado a pocas horas de los eventos para poner orden, para coordinar los rescates y las ayudas, y para articular la atención a los damnificados.
Los ministerios de economía, del área social y de seguridad y defensa están sintonizados con los gobiernos regionales y locales en las zonas de atención.
TERREMOTO DE HAITÍ, 2010
La ONU maneja una cifra oficial de más de 200 mil personas fallecidas. Mientras que otras estimaciones e informes específicos sugieren alrededor de 220 mil víctimas fatales.
Lamentablemente, la principal causa de tantas muertes fue la pobreza estructural y absoluta precariedad de las edificaciones de Haití.
El gobierno de Puerto Príncipe colapsó al igual que sus edificaciones. Al caer la infraestructura y las comunicaciones, se limitó seriamente la coordinación gubernamental para atender el desastre. Al ocurrir el terremoto, gran parte de los líderes políticos y técnicos estaban en sus oficinas y fallecieron o quedaron atrapados. Además, Haití no tenía una población políticamente organizada, lo cual dio paso al caos y desorden social en gran escala.

En 2010 el país se volvió un verdadero hervidero a causa del desplome del gobierno. Las ONG extranjeras y la ONU fueron los que coordinaron la ayuda. El país dependió totalmente de la asistencia externa sin una estructura política centralizada que pudiera poner orden y establecer las prioridades, hecho que generó que gran parte de la ayuda no llegara a tiempo a quienes tenía que llegar. Pasaron días y hasta semanas hasta que la población pudo ser organizada y reubicada en áreas de refugio.
Las impresiones sobre la atención al evento fueron recogidas en un informe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).
En Comparación con Venezuela, la pobreza estructural no jugó en contra ni causó mayor cantidad de muertes en nuestro país. Esto se aprecia en las cifras comparadas con Haití.
La población afectada el 24 de junio vivía en infraestructuras consolidadas. La gran mayoría de los edificios que se desplomaron era de propiedad privada, instalaciones vacacionistas y edificios residenciales de clase media. La porción de estructuras sociales que colapsó completamente es realmente mínima.
En La Guaira muchos funcionarios públicos, bomberos, rescatistas, policías y militares quedaron tapeados. Pero esto no inmovilizó los mecanismos de respuesta dentro de las posibilidades y alcances generados por el duplete sísmico.
La primera línea de defensa fueron los servicios de atención temprana que estaban de guardia e hicieron los primeros rescates en La Guaira en la misma noche del 24 de junio. Junto a ellos, estaban los mismos residentes de urbanismos, quienes con sus propias manos también hicieron los primeros rescates.
La estructura centralizada de gobierno y atención de desastres permitió que desde la noche del 24 de junio se fuera afianzando un método de atención masiva en La Guaira.
Un aspecto destacado en la gestión de desastres es la contención de sus efectos, lo cual implica la atención de heridos, damnificados y afectados. El Estado Mayor y la coordinación institucional ha canalizado la ayuda nacional en centros de acopio para llevarla a la población afectada, así como a los equipos de atención a la población.
A diferencia de Haití, la ayuda nacional ha marcado una diferencia importante. La ayuda internacional ha sido muy relevante, pero el volumen del ámbito nacional ha sido tan cuantioso que es un desafío logístico y organizativo.

