De cuentos y relatos a cronista popular, está es la historia del popular y conocido Samuel “el de Los Malabares”
MARILYN MENDOZA ALMELLA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
En el corazón de Cojedes, la historia no se escribe solo en los libros o en los documentos resguardados en anaqueles. En San Carlos, la historia se siente, se camina y se captura, a través del lente y la memoria de un hombre cuya vida ha sido un ejercicio constante de amor por su terruño: Samuel Omar Sánchez Terán, popularmente conocido como “Samuel el de Los Malabares”.
Hijo de Samuel Elías “El morocho” y Doña Carlota, Samuel creció en una época donde Los Malabares eran, según sus propias palabras, “monte y culebra”. Aquellos años de niñez, marcados por las casas de bahareque que ofrecían refugio contra el frío y las tormentas, forjaron en él una conexión profunda con la cotidianidad. Criado en un hogar donde el hábito de la lectura, especialmente la prensa era el pan de cada día.

De esas escenas cotidianas, Samuel absorbió el valor del testimonio. Mientras su padre devoraba los diarios de cabo a rabo, él comenzó su inclinación leyendo sucesos y comiquitas, sin saber que décadas después, él mismo se convertiría en el diario vivo de su ciudad. Samuel Omar Sánchez Terán, un hombre que ha convertido su vida en una misión de rescate cultural: ser el cronista visual y popular de San Carlos.
DEL RELATO ORAL AL LENTE DOCUMENTAL
Docente jubilado y comunicador social de profesión y vocación, inició su camino como cronista popular. Su fascinación por los misterios, los cuentos de aparecidos y los relatos que susurraban los abuelos bajo el cielo cojedeño, lo llevó a recopilar historias. “No soy especialista en relatos, simplemente me han gustado mucho”, comentó con humildad, refiriéndose a su primer libro, donde plasmó las vivencias de cuentos de los habitantes de Los Malabares.
Samuel, encontró en los talleres de formación impulsados por equipos de especialistas de Caracas y Cuba, un espacio perfecto para profesionalizar su pasión y que siempre ha agradecido. Sin embargo, fue su inquietud por lo que “el ojo ajeno no ve”, lo que lo llevó a dar el salto hacia la crónica visual.
Observando que las crónicas oficiales solían enfocarse en autoridades y eventos protocolares, dejando a la gente de a pie “por debajo de la mesa”, acto que llevó a Samuel a tomar una cámara.
“Sentía que muchas veces se hacían actividades y personajes importantes no se documentaban. Empecé a tomar fotos, porque veía que el raspadero, el heladero, el zapatero o el limpiador de la Plaza Bolívar son quienes construyen historia diaria”, explicó. Así nació “Estampas de San Carlos”, un proyecto que con más de 15 años de trayectoria.
Lo que hace singular al trabajo de Samuel, no es solo su constancia, sino su autenticidad. La mayoría de sus fotografías son genuinas, no hay poses artificiales, ni arreglos. Es la vida capturada en fracciones de segundo. Como él mismo confiesa, las fotos de calle son las más complejas porque no existe la opción de pedirle a la vida que repita la escena.
“Imagínate que viene un heladero y en ese momento pasa un carro o alguien se para a comprar un helado. Ahí se capta una sola vez. Tengo que jugar con la velocidad y otras maromas que se adquieren con la práctica”, alegó.

Esta labor le ha valido el reconocimiento como referente popular en el Sistema Nacional de Culturas Populares, ha sido guiada por una filosofía simple pero poderosa: “hacer las cosas con amor, cariño y responsabilidad”, asumió el creador de “Estampa de San Carlos”.
“ESTAMPAS DE SAN CARLOS”: UN ARCHIVO PARA LA ETERNIDAD
Para Samuel, “Estampas de San Carlos” es mucho más que un álbum en redes socia les; es una deuda con el futuro. “Es crear una hemeroteca fotográfica digital para que en cinco o diez años, si una casa icónica ya no está, se pueda ver la huella histórica que perdure”.
A pesar de tener una agenda apretada y confeso que a veces no le da el tiempo para procesar tantos relatos, Samuel no conoce el descanso. Su motor siguen siendo la memoria de sus padres y el deseo de visibilizar el verdadero idioma de un pueblo “sin maquillaje”. Sus fotos, acompañadas de esas micro-biografías que aprendió a redactar tras el consejo de una amiga cultora, han logrado conectar a la diáspora venezolana con sus raíces.
El proyecto “Estampas de San Carlos,” no es solo un álbum fotográfico; es una hemeroteca digital construida con constancia y respeto que deja un legado para el mañana. El sueño de este cronista visual, es grande y a la vez profundamente humilde: dejar una huella para la generación del mañana. “Esto no es para nosotros, es para quien venga. Para que, dentro de diez años, si una casa icónica ya no está, mediante “Estampas de San Carlos”, quede un registro histórico que perdure”, apuntó.
A sus ojos, el trabajo está lejos de terminar. Sigue persiguiendo la “foto perfecta”, esa imagen que lo deje extasiado y que sintetice todo el sentimiento de su tierra.
Hoy, Samuel Omar Sánchez Terán sigue caminando las calles de San Carlos con la cámara de su teléfono en la mano y el corazón puesto en cada obturador. Su obra es un espejo de la identidad cojedeña, un testimonio de que con voluntad y constancia, una persona puede convertirse en el custodio de la memoria colectiva, porque para Samuel, cada rostro, cada esquina y cada historia sencilla es en realidad, un monumento a la vida que se construye a diario.

Mientras él viva, la memoria de Cojedes seguirá viva, sin maquillaje, sin poses, pura y auténtica, reflejando el verdadero idioma de un pueblo que se construye cada día

