Esta es la historia breve de una sencilla mujer de Tinaco, que teje la historia del pueblo entre sus dedos
MARILYN MENDOZA ALMELLA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Josefina Ydalcira Anaure Gota, vivió entre hilos y colores que entrelazaba su mamá entre sus dedos. Acto que la marcó para toda su vida y gracias al ejemplo y enseñanzas de su madre hoy cuenta con más de 30 años de experiencia en el arte del tejido que identifica como su amor de siempre.
La señora Josefina, no solo crea artesanías; ella teje la memoria de su familia y la identidad de su pueblo. Su historia, es un testimonio del poder de la herencia y del amor por una labor que eleva el espíritu y dignifica el trabajo artesanal.
Nacida en Valle de la Pascua un 19 de mayo de 1960, Josefina lleva la artesanía en la sangre. Es hija de Doña María Pacífica Gota de Anaure, una tejedora excepcional que le enseñó a ver el mundo, a través de la urdimbre y la trama.

“Mi mamá era una artista”, recuerda Josefina, con una sonrisa que ilumina su rostro. “Ella no solo me enseñó a tejer, me enseñó a poner el alma en cada pieza, a contar una historia con cada color y con cada nudo. Llevo más de 30 años en esto, pero la verdad es que yo hago esto desde niña; tejía alpargatas y ayudaba a mi mamá en todo lo que podía”, aseveró.
UN CAMINO DE HILOS Y SABERES
Desde muy joven Josefina, se sintió atraída por los telares.
“Cursé mis estudios en la Escuela Unitaria Jacome Abajo y Jacome Arriba”, relata en un escrito que guarda con celo.
“Ahí estudié hasta 6to grado. Me dio clase Mercedes Hernández, una maestra excepcional”, dijo con sentir cariñoso.

También realizó sus estudios de diversificado y saco el 5to año y obtuvo el título de bachillerato. Pero su verdadera escuela fue su hogar, donde los hilos de colores eran parte del paisaje cotidiano y el sonido del telar la melodía de su infancia.
A pesar de las dificultades de la vida, Josefina nunca abandonó su pasión. Se comprometió joven y tuvo una hija, pero siempre encontró tiempo para sus tejidos que tanto le gusta hacer.
Su determinación la llevó a buscar nuevas oportunidades para perfeccionar su arte, un camino que la trajo a tierras cojedeñas para consolidar su vocación.
“Desde el año 2000 para acá, luego de llegar a Tinaco, me sumergí por completo en la cultura”, relata la artesana sobre su arraigo en el municipio.
“Trabajé en el Parque Artesanal “Rafael Vilorio” y también participé activamente en diversas actividades en el Instituto de Cultura, compartiendo los saberes que heredé”, detalló.

Fue así como la innata tejedora se integró al grupo de artesanos del municipio Tinaco, donde comenzó a dictar cursos y talleres en el citado parque. Más tarde, trabajó en una escuela en Guamontey, donde su fama como tejedora se extendió. “Ahí dicté cursos de chinchorro, alpargatas, tejido en bastidores, entre otros”, enumeró con orgullo.
TEJIENDO EL FUTURO
Hoy en día, Josefina comparte sus conocimientos con las nuevas generaciones en la Unidad Educativa “San Antonio de Monagas”, en el municipio El Pao, una labor incansable que hoy se encuentra en un punto de transición muy especial.
“Trabajo con los estudiantes realizando tejidos en bastidores, muñecas de trapo y otras artesanías”, explica Josefina, quien se encuentra próximamente a jubilarse de la escuela, dejando una huella imborrable en las aulas.
“Hago hamacas con ganchillo, totalmente a mano con la aguja de tejer, enseñándoles que la paciencia es la clave de este arte”, apuntó
Su objetivo no es solo enseñar una técnica, sino transmitir el valor de la tradición y la importancia de preservar la cultura local y nacional. “Me siento orgullosa de ser artesana”, afirmó.
“Es un trabajo digno, que requiere paciencia, dedicación y mucho amor. Cada pieza que creo es única, lleva un pedacito de mi corazón”, afirmó Josefina.

