La inspiración del cantante despertó a las orillas del corral y se hizo canto, música y tradición

MARILYN MENDOZA ALMELLA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

En las madrugadas frescas de Tinaco, el eco de las tonadas llaneras además de adornar el paisaje, conforman el alma misma de su gente. De esa tierra pura y bonita emergió, un 16 de septiembre de 1967, Jorge Luis Pérez Ochoa, un hombre talentoso que lleva el llano impregnado en la piel y en el alma. Lejos de las luces artificiales y los escenarios pretenciosos, la verdadera escuela de este folklorista fue el trabajo rudo, noble y constante de la sabana.

“Todo comenzó por mi trabajo de llano, mi trabajo era ordeñador”, aseveró Jorge Luis con esa sencillez característica del hombre del llano adentro.

Fueron alrededor de 25 años de entrega en fundaciones emblemáticas como La Chará, donde el día comenzaba mucho antes de que el sol saliera en el horizonte. Entre el olor a tierra mojada, el rumiar del ganado y el frío del alba, brotó la chispa artística. Como bien recuerda el cantautor, quien aseveró que ahí nació su inspiración: “en la soledad del corral, tarareando melodías y dándole vida a piezas que nacieron directo del corazón”, adelantó con sencillez.

En el archivo del artista predomina autenticidad que sella con constancia y humildad. “Un guayabo que se seca”, es la estampa viva del coplero que le canta al amor y a las vivencias del campo con la calidez de quien no olvida sus raíces, fueron unos de sus primeros trabajos musicales, nos contó Jorge.

El talento de Pérez Ochoa, pronto desbordó las fronteras del fundo para mudarse a la radio, convirtiéndose en el compañero inseparable de los hogares cojedeños.

A las cinco de la mañana, su recordado y popular programa “El corral de ordeño”, encendía los fogones de la región, a través de prestigiosas emisoras como: Favorita, Romancera, Llanerísima y Ritmo.

Como compositor prolífico y sencillo a la vez ha regalado la esencia de su pluma a figuras consagradas de la música tradicional, tales como Jorge Hernández, Aliomar Quiroz y la recordada Elisa Guerrero, quienes han grabado temas nacidos de este humilde activador de la cultura llanera.

Jorge, es la figura de un hombre de estampa arraigado a sus costumbres que mantiene intacta con los años. Así lo refleja en el andar cotidiano, vistiendo con orgullo su indumentaria llanera: Camisa, cinturón de hebilla ancha y sus tradicionales alpargatas, listo para defender la identidad nacional en cualquier rincón del país.

Su recorrido musical incluye ya cuatro producciones discográficas individuales y tres producciones en desarrollo, sumado a una valiosa colaboración especial en un disco de la autoría del poeta Rafael Vilorio.

CONSTANCIA Y EMPEÑO SON LA BASE DE LA CULTURA

La trayectoria del cantautor es un desfile de constancia en los festivales más exigentes de la geografía nacional. Desde el prestigioso Silbón de Oro, pasando por las festividades de Las Garzas en el municipio El Pao, hasta el festival de La Divina Pastora en el pueblo de Lagunitas, municipio Ricaurte, su nombre ha sido sinónimo de primeros lugares.

La lluvia de reconocimientos no se demoró en llegar a su carrera artística, siendo un centellar de gracia en 1996, cuando alzó con los máximos honores en los renglones regional y nacional de galardones como Mango de Oro, Limoncito de Oro Nacional, Tiramuto de Oro, Doña Mazorca de Oro, Andrés Eloy Blanco y El Granjero.

La racha de éxitos continuó con la Silva de Oro Nacional (1997), el Unare de Plata (1997), el Fogón de Oro (1998), el Baquiano Puerta del Llano (1998) y el Apartadero de Oro (en sus ediciones de 1998 y 2000), coronándose además en el año 2000 con el cotizado Silbón de Oro en el renglón de mejor letra y el Cimarrón de Oro en el 2001.

A pesar de acumular tantos laureles, la vanidad no tiene cabida en su pecho. Su versatilidad y buen humor lo llevaron recientemente a experimentar en áreas desconocidas, obteniendo el segundo lugar en el renglón de cachero (relator de cuentos exagerados).

“Una categoría en la que nunca había participado y siempre quise hacerlo; participé y logré una bonita experiencia”, relató con la alegría.

Su trayectoria le ha valido innumerables homenajes, pero “lo más valioso es el cariño de la gente que te acompañan con el calor humano y los aplausos que elevan folklore nacional”.

El talento, su voz y autenticidad también cruzaron las pantallas. Recientemente participó en el cortometraje “Mientras existan sabanas” para la Villa del Cine y llevó los sabores y melodías de su tierra a las pantallas internacionales de Discovery Channel, en el programa “Sabores Venezolanos”, además de apariciones en espacios de la televisión nacional como: “El Llano y sus copleros” y “Primicias”.

Ver y escuchar a Jorge Pérez, en un escenario es contagiarse de la fuerza del llano venezolano, apreciando su pasión desbordada de un coplero que realza el trinar del arpa, cuatro y maracas.

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