Analizamos las consideraciones de Bolívar respecto a las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos durante el período de su retorno a Venezuela

WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

El regreso de Simón Bolívar a Venezuela es uno de los episodios más tergiversados y confusos de nuestra historia, debido a la cantidad de errores y desaciertos. Siendo a su vez, uno de los más fragmentados y parcializados, producto del sesgo historiográfico y del enfoque reduccionista y localista con que se ha trabajado. El término más usual y recurrente en las correspondencias, decretos y proclamas durante el mencionado período es “salvar la patria”.  

En este contexto poco o nada se sabe sobre las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos ni hasta qué punto involucrarse esta nación durante su regreso. Un abordaje visto desde esta perspectiva rompe la concepción que se tenía en torno a la postura diplomática del Libertador con respecto a Washington. Ya que en los veinte años de su trayectoria política (1810-1830) las relaciones fueron más de entendimiento que de confrontación. Sin embargo, resulta menester examinar los factores que condicionan la dinámica geopolítica del hemisferio entre 1826 y 1827.  

Diversos factores intervienen en la dinámica geopolítica continental entre 1826 y 1827, siendo Simón Bolívar el centro de gravedad de la dinámica geopolítica continental. En este sentido, tanto a Estados Unidos, como a Inglaterra y mucho menos a Venezuela les convenía una guerra civil, ya que esto sería aprovechado por la monarquía española para enviar una expedición a Puerto Cabello con el fin de ejecutar la reconquista desde tierra forme desde la isla de Cuba y esto está documentalmente comprobado.  

Si bien la Doctrina Monroe tenía un propósito definido en el hemisferio, en el terreno político y militar, se presentaba como una especie de contrapeso, aunque fuera de manera persuasiva a los deseos de reconquista las antiguas colonia españolas por parte de la Santa Alianza. Vicente Lecuna de la ideología panamericanista del Positivismo señala en el Tomo II de su obra “Crónica Razonada de las guerras de Bolívar” (1950, p. 529) que si Bolívar “hubiera logrado dominar la situación los Estados Unidos se hubieran quedado en la penumbra hasta que su confederación americana se en cuanto a esta potencia europea opina que “toda la América se uniría a la Gran Bretaña para hacer frente a la Santa Alianza”.  

Mientras que Francisco Pividal de la corriente del Materialismo Histórico, sostiene en su libro “Bolívar. Pensamiento precursor del Antiimperialismo” (2021, p 138) que “Bolívar fue el primero en comprender que el desarrollo de los Estados Unidos los conduciría a proyectarse sobre todo el continente”.  

En relación con la corona británica este autor sugiere que “Una vez proclamada la Gran Colombia buscó el apoyo británico para consolidar la independencia recién alcanzada. Fuera de este contexto, Bolívar condujo con maestría diplomática las relaciones con Inglaterra” (Ibidem. Pividal. 2021p. 137).  

Si bien se presentaba un choque de dos visiones geopolíticas contrapuestas, entre la concepción anfictiónica de Simón Bolívar y los deseos expansionistas de los Estados Unidos, a Bolívar no le convenía un enfrentamiento frontal, pero tampoco un aislamiento de Venezuela con esta potencia angloamericana. Bolívar poseía una lectura clara del panorama regional poder encaminar su objetivo de “salvar la patria”.  

En el terreno mediático y diplomático el Libertador hacia saber que gozaba de la protección militar y política, no solo de los Estados Unidos sino también de Inglaterra, ya que estaba consciente de la correlaciòn de fuerzas que esto generaba, frenando las intenciones de una expedición de reconquista dirigida desde la isla de Cuba.  

Se trataba de una postura inteligente ante un momento crucial para “salvar la Patria” y esto es lo que lleva al Libertador a no desprenderse de la cooperación bilateral con Washington. Simón Bolivar estaba consciente de la dinámica y los giros de la política exterior con los norteamericanos y asumió una determinación, si se quiere, pragmática. Demostró en 1818 la más ejemplar postura en la defensa de la soberanía ante el conflicto diplomático ocasionado por las goletas capturadas en aguas del Orinoco, reclamadas por el agente estadounidense John Baptiste Irvine. Pero no por eso rompió relaciones diplomáticas con dicha nación. Fijó posición a la conveniencia de no adaptar las leyes de Venezuela a las de los Estados Unidos en 1819 ante el Congreso de Angostura. En 1820 sugirió a la legación venezolana en Washington tener cautela y prudencia en los negocios diplomáticos.  

En consecuencia, “salvar la Patria” no solo dependía de un decreto de amnistía, del perdón político y del olvido de lo pasado, tampoco del abrazo con Páez. “Salvar la Patria” dependía además, de lograr una balanza geopolítica favorable que no pusiera en riesgo la soberanía de Venezuela con respecto a la región, de mantener los acuerdos comerciales con Inglaterra y los Estados Unidos y de las buenas relaciones diplomáticas con dichas potencias. También entraba en juego la convocatoria a elecciones para que fuera el pueblo quien decidiera en sana paz, su destino.  

Pero a todas estas, es necesario saber, hasta qué punto los norteamericanos prestaron su apoyo al Libertador en su retorno a Venezuela, en esta coyuntura. El 18 de diciembre le escribe al general Mariano Motilla para decirle que antes de ayer, es decir, el 16 de diciembre “ha escrito por un buque americano que salió para Cartagena y ahora repite la carta y sus deseos, renueva sus instancias respectos a los auxilios que ha de mandarle” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias del General O’Leary. Tomo XXX. Caracas. 1887, p. 293).  

Los estadounidenses no solo actuaron en la atención a Simon Bolívar para facilitar su regreso, sino que también prestaron el servicio de correo con sus barcos. Agrega que solicita el envío de la corbeta Ceres y recursos necesarios de dinero y que él confía en que “hará milagros si preciso fuere para salvar a Venezuela de los males de la guerra: aquella es la patria primitiva la de nuestros heroes: allí existen las reliquias de nuestros padres” (Ibídem. O’Leary. Tomo XXX. 1887, p. 294).  

Después de haber salido el 13 de diciembre de 1826 del puerto los Cachos y navegado vía fluvial por el río Zulia en una embarcación menor, llegó al sitio de Encontrados para seguir por el río Catatumbo hasta el puerto La Horqueta, en donde sube el día 15 a bordo del barco a vapor Steamboat, facilitado por Samuel Glover y capitaneado por el Teniente de Navio Tomás Vega, nativo de Cabimas y héroe de la batalla naval del Lago de Maracaibo.  

La innovación de la tecnología naval puesta al servicio de Bolìvar, quien fue conducido por aguas del lago en este buque propiedad del mencionado norteamericano, en una ruta de 84. 6 millas náuticas desde La Horqueta – El Pilar y el puerto de Maracaibo. La bandera de los Estados Unidos ondea durante el recibimiento del Libertador en Caracas  

La llegada de Simón Bolívar a la capital el 10 de enero de 1827 fue apoteósica, al punto que de manera sucinta la describe dos días después en una correspondencia a Pedro Briceño Méndez, en donde le expone textualmente: “Caracas me ha recibido de un modo, que yo no puedo ni expresar. El entusiasmo y el gozo llenaban todos los corazones, y el mío se estremecía a medida que se manifestaba el sentimiento de un pueblo que me recibía como a su salvador” (Ibídem. O’Leary. Tomo XXX. 1887, p. 314).  

Felipe Larrazábal, contemporáneo de los hechos y su primer biógrafo relata que “los frontispicios de las casas decorados con palmas y flores en las paredes entre espejos y cuadros, se veían expuestos retratos del Libertador himnos en su gloria; y multitud de diversas inscripciones en su alabanza. En las ventanas de toda la ciudad flameaban los pabellones de Colombia, Perú, Bolivia, Estados Unidos, etc.; y de la boca de los espectadores eran contínuos los víctores de todos conceptos al ilustre triunfador” (Felipe Larrazábal. La vida de Bolívar, Libertador de Colombia y del Perú, Padre y Fundador de Bolivia. Tomo Segundo. Sexta Edición. Andrés Cassard, New York. 1883, p. 385).  

La bandera de 24 estrellas ondeaba en las ventanas de la entrada de Caracas en señal de dar la bienvenida a Simon Bolìvar. Prosigue Larrazábal y añade que “el momento dichoso se aproximaba: la gente no cabía en las calles, y comprimida se impedía el movimiento: apiñada en las puertas y ventanas, poblaba también hasta los tejados; y de esta suerte aguardaban todos ansiosos (…) la infinidad que no permitía campo para marchar con órden.  

En la entrada de la ciudad, se hizo al Libertador dejar el caballo para montar en una carroza lindamente aderezada, que voluntariamente ofreció el Señor Jacobo Idler, ciudadano de los Estados Unidos, de que tiraban dos bizarros ca ballos cubiertos de hermosas mantas amarillas, conducidos por el mismo Idler” (Ibídem. Larrazábal. Tomo Segundo. 1883, p. 385 En un momento estelar y muy significativo para Bolívar también figuró al apoyo y la presencia de los Estados Unidos. “Así fué llevado el Libertador, con la lentitud que requería el movimiento simultáneo de tan numeroso concurso. El carro se veía obligado a pararse a cada instante, ínterin la multitud, comprimiéndose hasta no poder respirar, abría una estrecha senda para su paso” (Ibídem. Larrazábal. Tomo Segundo. 1883, p. 385  

Las relaciones diplomáticas de Bolívar con Washington durante su retorno a Venezuela  

Beaufort Taylor Watts, diplomático y político estadounidense, fue Secretario de Legación en Colombia entre 1824 y 1826 en Bogotá, durante la gestión del ministro plenipotenciario Richard Clough Anderson. Posteriormente fue Encargado de Negocios en Colombia entre 1826 y 1827. Tras el fallecimiento del ministro Anderson en julio de 1826, Watts fue nombrado por la administración del presidente John Quincy Adams como Encargado de Negocios en marzo de 1827 hasta finales de noviembre de ese mismo año.  

Durante la gestión de Beaufort Watts las relaciones biliterales fueron óptimas y esto se puede corroborar en el epistolario diplomático. El 15 de marzo de 1827, Watts escribe al Libertador Presidente, para anunciarle que como Representante de un país tiene el honor de dirigirse a Vuestra Excelencia, consciente de que el Libertador “había dejado al Perú en posesión de la paz y la libertad y de donde fue llamado a Colombia a suprimir, por su fuerza moral, las enconadas pasiones de los descontentos” (Francisco Urrutia. Páginas de la Historia Diplomática. Bogotá. 1917, p. 324).  

Hacía tres meses que Simón Bolivar había llegado a Caracas pero para ese entonces se encontraba en un momento álgido debido al brote de facciones que buscaban desestabilizar a Venezuela. Por tal motivo, el diplomático norteamericano le sugería: “Permítame suplicar a Vuestra Excelencia, como Representante que soy de la República de Washington, que acelere su regreso a la capital y salve así su país. Todo es perdido sin Vuestra Excelencia” (Ibidem. Urrutia. 1917, p. 323- 324).  

Tres meses más tarde, Watts se dirige el 27 de junio de 1827 desde Bogotá al Secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Clay, en cuya misiva se puede contemplar su buen concepto hacia el Libertador y en torno a él y al agitado panorama político expresa que “tiene toda la confianza en su desinteresado patriotismo y en su fidelidad a las instituciones y en que él tranquilizará los partidos en que se divide ahora este desventurado país. Si eso no sucede es imposible conjeturar lo que sucederá” (Ibidem. Urrutia. 1917, p. 324).  

A pesar de que asegura la vinculación del gobierno norteamericano con Santander, este caso difiere de dicha apreciación, ya que Watts muestra lo contrario, al participarle al Secretario de Estado, Clay que el Vicepresidente, General Santander y sus amigos se oponen “a los propósitos del Presidente, pues es bien sabido que todos los amigos políticos del Vicepresidente están en favor de una separación de las Secciones que constituyen la República, quedando él como Jefe de Cundinamarca” (Ibidem. Urrutia. 1917, p. 324).  

Finalmente el propio Libertador le escribe el 21 de noviembre de 1827 desde Bogotá a Henry Clay, Secretario del Departamento de Relaciones Exteriores para decirle textualmente: “No puedo privarme de la oportunidad que ofrece el viaje de Mr. Watts Encargado de Negocios de los Estados Unidos, para expresar el gran respeto que tengo por Vuestra Excelencia” (Ibidem. Urrutia. 1917, p. 326).  

Simón Bolívar reitera: “Reciba así este sincero y cordial testimonio con el que me apresuro a corresponder a los esfuerzos hechos por el Gobierno de los Estados Unidos y por Vuestra Excelencia en favor de la emancipación de sus hermanas del Sur” (Ibidem. Urrutia. 1917, p. 326). Bolívar se refería al dinero, armas, barcos y demás enseres de guerra comercializado con los Estados Unidos durante la independencia.  

El contenido de este fragmento refleja unas relaciones armoniosas y cordiales, al punto que Bolívar utiliza el término “hermanas del Sur”, prácticamente la misma identificación de nuestros “hermanos del Norte” en 1815 en la Carta de Jamaica. En cuanto al diplomático estadounidense y su apreciación, sostiene lo siguiente: “Mr. Watts, por su conducta en Colombia, ha merecido nuestra alta estima y consideración. Por mi parte, debo declarar que la forma en que se ha conducido en este país ha sido verdaderamente satisfactoria para los más ilustres ciudadanos de Colombia” (Ibidem. Urrutia. 1917, p. 326).  

La diplomacia del Libertador con el gobierno de Washington en el marco de una posible amenaza de una guerra civil y una invasión extranjera fue contundente, ejemplar y certer 

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