Esta semana, destacamos el papel relevante de la Armada y su apoyo al retorno del Libertador a Venezuela en 1826
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
No existe un abordaje que destaque el desempeño de la Armada y su influencia ante el panorama crucial y el ambiente que rodea el retorno del Libertador a Venezuela. Tampoco se cuenta con una secuencia que precise su itinerario desde Lima a Caracas, hecho que redunda en el desconocimiento y la nula valoración a la Armada como fuerza indispensable para facilitar su llegada y su recibimiento apoteósico.
Lo primero a tomar en cuenta sobre la figuración de la Armada en este periplo. Mientras algunos historiadores y biógrafos generalizan y hasta afirman con datos imprecisos este urgente y rápido desplazamiento para “salvar la Patria”, siguen sembrando la idea de que Simón Bolívar hizo el largo y extenuante recorrido a caballo. Algo totalmente alejado de la realidad, porque de los 4.035 Kilometros que aproximadamente distan de la capital de Perú a la capital de Venezuela, más de la mitad fueron por la vía marítima, fluvial y lacustre, lo que implicó el accionar de la Armada con unidades pertenecientes a este componente.
Lo segundo a considerar es el desempeño de oficiales y de la tropa marinera para poder enfrentar y disipar el momento de tensión que amerita su llegada, siendo una de la acciones más importantes, el golpe dado a una de las murallas más inexpugnables de todas las plazas marítimas, como lo es la fortaleza de Puerto Cabello, el cual sería asegurado por un oficial leal al Libertador.
En correspondencia del 24 de noviembre de 1826, el Capitán de Navío Sebastián Boguier, Comandante de Armas de Puerto Cabello participa al Secretario de Guerra de Colombia que el 21 de noviembre se cumplieron sus deseos y desvelos de sustraer de la facción de Venezuela esta importante plaza, de acuerdo con el benemérito batallón de Granaderos, parte de las primeras autoridades y personas notables de este puerto” (José Félix Blanco y Ramón Azpúrua. Documentos para la historia de la vida pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia. Tomo XI. Ediciones de la Presidencia de la República. 1977, p. 5).
Agrega Boguier que el acta levantada es el testimonio del entusiasmo del referido batallón y del pueblo por el Gobierno y por Libertador Presidente. Añade que en dicha “plaza se hallan todos los elementos de guerra, a excepción de los de boca; por lo que espera se tomarán todas las medidas eficaces para abastecerla en el concepto que todos han jurado sostenerse y morir primero que entregarla a otro que no sea BOLÍVAR, u obtenga órdenes suyas” (Ibídem. Blanco y Azpúrua. Tomo XI. 1977, p. 5).
El valiente oficial de marina sostiene que un día después de haber dado ese paso tan significativo, es decir, el 22 de noviembre llegó el General Pedro Briceño Méndez en la goleta Independencia con destino a Maracaibo y tuvo conveniente detener dicha buque y hacer que el general bajase a tierra. Su reconocimiento y desprendimiento es de tal manera, que Boguier consulta a la oficialidad y al pueblo para entregar el mando a Briceño Méndez, con la seguridad de que obtendrá la aprobación del Gobierno y del Libertador” Ibídem. Blanco y Azpúrua. Tomo XI. 1977, p. 5).

Briceño Méndez asume la comandancia de la plaza mientras que Boguier queda como comandante de armas, quien no se detuvo a recomendar al Gobierno y al Libertador los beneméritos oficiales y guarnición de la fortaleza, siendo una conducta admirable en aquel memorable 21 de noviembre.
Antes del control de Puerto Cabello a favor de la llegada de Bolívar, el General José Antonio Páez había facilitado una unidad naval al General Pedro Briceño Méndez y esto lo hace saber este oficial al emitir el 24 de noviembre el reporte al Secretario de Guerra de Colombia, los detalles de tan trascendental acción en la fortaleza porteña , al relatar que “al emprender su marcha de Caracas hacia la capital como Senador por el departamento del Orinoco, se le hizo saber, que no podía ejecutarla por tierra y S.E. el General Páez le ofreció la Goleta de guerra Independencia para trasladarse por mar a Maracaibo” (Ibídem. Blanco y Azpúrua. Tomo XI. 1977, p. 6).
La narración de los hechos que expone Briceño Méndez da cuenta de la determinación del bravo oficial de la Armada, Sebastián Boguier, cuya decisión resultaría sumamente clave. Briceño Méndez señala que “después de tantas dificultades pudo zarpar el 21 de noviembre del puerto de La Guaira, y se le obligó atracar en Puerto Cabello para dejar al Comandante del Segundo Departamento de Marina”, el Capitán de Navío Felipe Santiago Esteves. (Ibídem. Blanco y Azpúrua. Tomo XI. 1977, p. 6).
Sostiene Briceño Méndez que “apenas había entrado bajo la batería del castillo, el 22, cuando se intimó a la goleta que diese fondo, es decir, que anclara. Poco después s ele presentó el Sr. Capitán de Navío Sebastián Boguier, y refiriéndole los sucesos que habían ocurrido en esa plaza, el 21, le manifestó que era necesario que bajara a tierra, tanto porque la tropa y el pueblo lo deseaban, como porque estaba decidido a no dejar salir la goleta, cuyo servicio era importante para la plaza en el estado presente” (Ibídem. Blanco y Azpúrua. Tomo XI. 1977, p. 6).
El punto crucial sobre la relevancia de la Armada es cuando Briceño Méndez determina abordar otro buque para continuar su misión, la oficialidad de toda la guarnición conducida por el Capitán Boguier, se dirige a su alojamiento y le expresa que la tropa y el pueblo concordaban que él tomara el mando de la plaza y se encargase de comandarlos, entregándole como soporte el acta de la junta popular del 21 de noviembre.
Confiesa Briceño Méndez que tan honrosa confianza lo sorprendió y a la cual no pudo rehusar “a la noble causa que se había propuesto la valiente guarnición de Puerto cabello, al negar su accesión a las novedades hechas el 7 de noviembre en Caracas” (Ibídem. Blanco y Azpúrua. Tomo XI. 1977, p. 6).
La acción insurgente del pueblo y del ayuntamiento porteño sobre el control de este punto geoestratégico causó en Páez una gran preocupación, al punto que revela en carta que remite el 27 de noviembre al Presidente de la Municipalidad de Puerto Cabello, en los siguientes términos: “La separación de este cuerpo de los comprometimientos en que había entrado voluntariamente desde el 30 de Abril hasta el 10 del presente, a que concurrió y asintió por medio de sus diputados, ha lastimado cívicamente mi corazón. Añade más adelante que “por este procedimiento que ha sostenido con la fuerza armada, se desconoce la autoridad que los pueblos me han conferido, y pretenden apadrinarse en el nombre del LIBERTADOR” (Ibídem. Blanco y Azpúrua. Tomo XI. 1977, p. 17).
No obstante, tanto Puerto Cabello como Maracaibo se convertirán en las bases de operaciones principales para segura el retorno de Simón Bolívar a Venezuela y la misma no se puede comprender sin el abordaje marítimo de los hechos. Esto se contempla cuando el 24 de noviembre Briceño Méndez le comunica que esa tarde le han dado el mando de un buque que debe partir para Maracaibo al día siguiente y que no de ver perder ni un minuto. Sin embargo, el área del espacio marítimo abarcaba mucho más allá de la conexión naval de estas fortalezas venezolanas. Se trataba del segundo y tercer Departamento de Marina de la República de Colombia.
Por tal motivo le señala a Urdaneta que se suponía estar en contacto con el Magdalena, cuya causa es la misma con la del Zulia. Siendo así, no será difícil el que le envíen de allí, dos o tres buques que hagan respetar el puerto” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias del General O’Leary. Tomo VIII. Caracas. 1877, p. 319).
La clave del porqué también será indispensable el puerto de Maracaibo para garantizar el retorno del Libertador, la sintetiza este oficial leal a Bolívar, cuando ofrece esta frase lapidaria: “Yo no tengo otro recurso que el mar, y si se me cierra, no veo otro medio de abrirlo. Por desgracia los dos buques fuertes que había en este Departamento están cruzando en estos momentos en el mar, pero es de temer que el General Páez los haga venir a bloquearme” (Ibídem. O’Leary. Tomo VIII. Caracas. 1877, p. 319).
La flota que disponía era sumamente ínfima. Solo contaba con el bergantín Libertador que estaba excluido por inútil y la goleta Independencia, “que no inspiraba confianza sino por su andar, para hacer alguna comisión”. Era vital, ya que el testimonio que deja Briceño Méndez es elocuente al afirmar: “teniendo yo buques puedo convertirlos en bloqueadores y conseguir de este modo que se me adhiera toda la costa” (Ibídem. O’Leary. Tomo VIII. Caracas. 1877, p. 319).
Pero debido a la falta de unidades navales en la fortaleza de Puerto Cabello, las comunicaciones entre esta plaza marítima y Maracaibo, circularán por tierra. En este sentido, Briceño Méndez acota: “Nada es más importante que establecer y asegurar nuestra comunicaciones. Yo enviaré las? mías por Cumarebo a Coro, para que allí las dirijan a U., porque es imposible enviar buques todos los días. A U. le es más fácil disponer de este servicio, como que es por su Departamento por donde debe hacerse” (Ibídem. O’Leary. Tomo VIII. Caracas. 1877, p. 320).
A Santander le confirma la urgencia de buques para proteger la plaza y al despachar un oficio ese mismo día 24 de noviembre, por medio del Capitán Buroz, le solicita en tono de pregunta ¿No me mandará UU. Los buques de guerra y algún dinero? Sin esto peligraría mucho la plaza, si por casualidad se difiere la venida del Libertador, o si no produce ella sola todo el efecto que prometemos. Mientras me vienen las respuestas, tengo que obrar como absoluto; primero, solicitar un empréstito para vivir entretanto, y armar algunos buques, o dejar armarlos concediendo privilegios a los armadores” (Ibídem. O’Leary. Tomo VIII. Caracas. 1877, p. 322).

El control de la ciudad amurallada de Puerto Cabello también se verá reflejado en el Libertador, quien lo expone en carta que despacha el 11 de diciembre desde San José de Cúcuta a Santander, en donde le infiere el cambio de las cosas, al notificarle textualmente: “A Chinácota recibí las noticias que mi general Briceño desde Puerto y que Vd. también detalladamente n las comunicaciones que se dirigen por extraordinario. Los sucesos son ciertamente muy raros y, desde luego, que cambian el aspecto que presentaban las cosas en Venezuela” (Simon Bolívar. Carta a Santander, el 11 de diciembre de 1826 desde San José de Cúcuta. Archivo del Libertador. Documento Nro. 1.225. En https://www.archivodellibertador.gob.ve. Bajado el 2 de octubre de 2026).
Sin embargo, Bolívar increpa y le hace saber al Vicepresidente la falta de dinero en ambos puertos, al decirle que “Briceño se lamenta de la falta de recursos que sufre en Puerto Cabello, dinero más que todo. De Maracaibo no pueden enviárselos porque no los tiene el Gobierno. De aquí menos, porque apenas hay con que mover 2.000 hombres que van a marchar por Mérida y Trujillo a las órdenes de los generales Salón y Clemente y también 700 hombres que marchan de Maracaibo por el puerto de Moporo a Trujillo” (Ibídem. Bolívar. Archivo del Libertador. Documento Nro. 1.225).
Una evidencia sobre el papel de la Armada se puede constatar en el siguiente mensaje: “Pasado mañana me voy a los Cachos a embarcarme para Maracaibo donde estaré ocho días” (Ibídem. Bolívar. Archivo del Libertador. Documento Nro. 1.225). Un hecho que requirió de unas unidades menores para realizar el traslado vía fluvial por el rio Zulia y luego por el Catatumbo, para embarcarse en el buque a vapor Steamboat al mando el Teniente de Navio Tomás Vega, héroe de la batalla naval del Lago de Maracaibo. Pero lo cierto es que Simón Bolívar se detiene solo dos días en Maracaibo y emprende su viaje a Puerto Cabello, siguiendo la ruta de los Puertos de Altagracia hasta Coro, mientras instruye un movimiento combinado de fuerzas terrestres y maritimas.
En carta a Santander reitera que “la Ceres y el escuadrón de granaderos deben de estar ya en el mar, y si no, repita Vd. la orden para que vaya a Puerto Cabello, que yo haré otro tanto desde Maracaibo” (Simon Bolívar. Carta a Santander a bordo del Estimbot. 15 de diciembre de 1826. Archivo del Libertador. En https://www.archivodellibertador.gob.ve. Bajado el 22 de septiembre de 2026).
Según Blanco y Azpurua “pocos días después se encaminaron al mismo destino desde Cartagena la corbeta Ceres, conduciendo un escuadrón de caballería, y la fragata Cundinamarca, a cuyo bordo iba el batallón Callao, auxilios que había pedido, y que el General Montilla lo franqueará con muy buena voluntad” (Ibídem. Blanco y Azpúrua. Tomo XI. 1977, p. 61).
Esta era la flota para maniobrar en el trayecto de Maracaibo a Puerto Cabello. Antes de salir, el 16 de diciembre el Libertador dirige una correspondencia desde el puerto marabino al General de Brigada Pedro Briceño Méndez, en donde reconoce y exalta el papel protagónico del Capitán de Navío Sebastián Boguier, al expresarle que al salir de Pamplona tuvo la satisfacción de recibir sus comunicaciones que le ha traído Buroz, de cuya boca ha tomado todos los informes que podía desear con respecto al estado de Venezuela y al movimiento de Puerto Cabello, al tiempo que ordenó darle las gracias a todos, particularmente a Boguier, asegurado además y asegúreles que ellos serán confirmados en los grados que se le hayan ofrecido” (Iván José Salazar Zaíd. Presencia de Bolivar y Urdaneta en la region zuliana. Academia de Historia del Estado Zulia. Maracaibo, 2014, p. 49).
El asunto de su arribo a Puerto cabello no ha sido lo suficientemente profundizado. Solo se cree que llego a caballo, pero una misiva que Bolívar despacha a Páez el 31 de diciembre desde Puerto Cabello, da cuenta de un desembarco, cuando le comunica textualmente: “Acabo de llegar a esta plaza, y al poner un pie en tierra he sabido con sumo sentimiento que Vd. se había alarmado por noticias falsas o ciertas…yo ofrezco convocar al pueblo para que determine lo que quiera y haga cuanto alcance su poder” (Simón Bolívar. Obras Completas. Tomo II. Caracas, 1982, 519)
Lo que sugiere que dado a la fuerza marítima que le acompañaba pudo embarcarse en puerto Cumarebo en cualquiera de esas naves de guerra, ya sea la corbeta Ceres o la fragata Cundinamarca.

