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Un estudio publicado este martes en la revista Climate establece una clara relación entre el aumento del calor extremo, la propagación de enfermedades y la brecha de desigualdad en los entornos urbanos del continente africano. La investigación sintetiza los hallazgos de 21 trabajos desarrollados entre 2010 y 2024.
Los científicos confirman que las temperaturas elevadas provocan consecuencias directas en el organismo, tales como deshidratación, accidentes cerebrovasculares y afecciones respiratorias. De igual forma, la evidencia señala que el fenómeno desencadena impactos indirectos severos como mayor incidencia de depresión, proliferación de enfermedades infecciosas y un incremento en la mortalidad infantil.
El reporte destaca que estas afecciones surgen con más fuerza en los sectores desfavorecidos, la combinación de viviendas deficientes, el hacinamiento y una infraestructura débil empeoran los efectos del clima en la población.
La capacidad de respuesta de estos asentamientos resulta muy limitada debido al acceso restringido al agua potable, la fragilidad de los servicios de salud y la falta de recursos para la adaptación climática. Por ello, la crisis climática actual no solo representa un desafío sanitario, sino también un factor crítico que profundiza la desigualdad en las ciudades africanas.
África soporta una carga excepcionalmente pesada derivada del cambio climático y unos costes desproporcionadamente altos para la adaptación climática esencial. En promedio, los países africanos pierden entre un 2% y un 5% de su PIB, y muchos destinan hasta un 9% de sus presupuestos a la respuesta ante fenómenos climáticos extremos. En el África subsahariana, se es tima que el coste de la adaptación oscilará entre 30.000 y 50.000 millones de dólares anuales durante la próxima década, lo que representa entre un 2% y un 3% del Producto Interno Bruto de la región.
Se estima que para 2030, hasta 118 millones de personas en situación de pobreza extrema (que viven con menos de 1,90 dólares estadounidenses al día) estarán expuestas a sequías, inundaciones y calor extremo en África, si no se implementan medidas de respuesta adecuadas.
Esto supondrá una carga adicional para los esfuerzos de alivio de la pobreza y obstaculizará significativamente el crecimiento, según informes de la Organización Meteorológica Mundial, derivados de los indicadores y los impactos del cambio climático en 2023, el año más caluroso registrado a nivel mundial.

