HARIM RODRÍGUEZ D´SANTIAGO
RNCC

Películas, música y series promueven de manera sistemática la violencia, el consumo de drogas y un culto peligroso a la figura del “héroe” que resuelve todo a balazos. Sin embargo, cuando un hombre armado entra a una escuela y repite esas mismas acciones en la vida real, el sistema se muestra “sorprendido” y “horrorizado”. ¿Realmente no hay conexión entre lo que consumimos y lo que luego ocurre en las calles?

Las películas de zombies son un ejemplo claro de cómo se ha banalizado la violencia. En ellas, los protagonistas matan cientos de criaturas sin el menor remordimiento. Se nos vende la idea de que la solución siempre es la fuerza, la eliminación del “otro” sin cuestionamientos. Lo mismo ocurre con los superhéroes: Iron Man, John Wick, Deadpool y tantos otros tienen un récord de muertes que rivaliza con las masacres de invasiones militares.

El héroe nunca se cuestiona, nunca sufre por sus actos, nunca es juzgado. La audiencia, especialmente los chamos, absorben el mensaje de que la violencia es legítima si es cometida por el “bueno” de la historia.

Otro factor es la creciente exposición de niños y adolescentes a escenas de terror extremo. Plataformas como Netflix, Tik Tok y Youtube permiten que menores accedan a contenido gráfico sin filtros: asesinatos, torturas, mutilaciones, sin duda, hoy se glorifica lo grotesco.

Estudios en psicología han demostrado que la exposición temprana a violencia extrema puede generar insensibilización e incluso imitación de conductas. Si un niño crece viendo que el sufrimiento ajeno es “entretenido”, ¿qué tipo de adultos estamos formando?

La industria del entretenimiento sigue glorificando el consumo de drogas. Bad Bunny, Snoop Dogg o los reguetoneros de moda no solo mencionan la marihuana en sus letras, sino que la exhiben como un símbolo de estatus.

El sistema capitalista, en su afán de lucro, ha incorporado la violencia y las drogas como productos de consumo masivo. Las grandes corporaciones ganan millones con películas sangrientas, música que promueve el crimen y videojuegos hiperviolentos, entonces, ¿es casualidad que algunos individuos internalicen esta lógica y decidan ser “protagonistas” de sus propias películas sangrientas?

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