MANUEL PALMA
RNCC

Una septuagenaria intenta vender en el grupo de WhastApp 20 dólares. Está desorientada y confundida: las redes y plataformas digitales especuladoras que le indicaban en cuánto puede venderlos están suspendidas. Se paralizaron los falsos marcadores, como el segundero de un antiguo reloj de pared petrificado en el tiempo. 

Se queda ella, entonces, sin saber el último monto especulativo. Lo atribuye a que es sábado. En el submundo absurdo del dólar ficticio la especulación descansa los fines de semana. Quizás ella desconoce la puesta en marcha de un megaoperativo de seguridad para desmantelar los portales digitales que intentaban jugar a casas de cambio con fines desestabilizadores. Van 27 detenidos, y contando. 

No es un secreto, el Presidente Maduro lo advirtió en una alocución pública, cinco días antes de las pasadas elecciones: “Esperen que pasemos el 25 de mayo, que era el objetivo de muchos de ustedes. Mírenme a los ojos, ¿saben a quién me dirijo?”. Después de eso, Cabello reveló que iban 20 detenidos en una operación silenciosa. 

Se trataba de un nuevo golpe a la economía real que acumula 16 trimestres consecutivos de crecimiento. Faltaban semanas para el 25 de mayo y los precios no paraban de subir, casi al mismo nivel de la incertidumbre general. Como en el pasado, el dólar paralelo fue utilizado para que la preocupación votara o se sumara a la abstención. “Trataron de hacer una trastada al país”, denunció Maduro. 

Tras el arrase electoral del chavismo, ahora el contragolpe está en marcha: las autoridades están desmantelando estructuras ilícitas que en el imaginario popular parecían invencibles e intocables. En sus redes, circulan las imágenes de los aprehendidos. Con los rostros expuestos públicamente, queda para la posteridad que dañar la economía nacional, jugando con el bolsillo de la gente común, no podía ser un acto que debía quedar impune. 

Ahora es imperativo restablecer la confianza pública en el dólar de mercado que el BCV, como ente regulador legal, se encarga de informar diariamente. 

Aunque se crea lo contrario, el BCV no marca el dólar legal; es la propia banca la que lo hace. El dólar mal llamado “oficial” es el promedio producto resultante de las operaciones diarias de las mesas de cambio activas donde participan los bancos del país, en especial los privados. 

Esa confianza alguna vez se logró en la práctica, pero por conveniencia, cuando la gente percibía que era más “rentable” transar con el precio del dólar BCV que con el costo del paralelo. 

Ahora, el reto es lograr una confianza más real hacia la economía nacional en ciernes; es necesario romper con esa postura acomodaticia, típica tara de la cultura rentística petrolera. Es un proceso que afrontará, seguramente, la irrupción en lo sucesivo de otras plataformas que querrán continuar el camino especulativo del fenecido paralelo. 

Retornar a la confianza en el dólar mercado que informa el BCV es clave para todos, incluyendo a la septuagenaria que quería vender los 20 dólares en el grupo de WhatsApp del edificio. 

Ella necesita saber qué hacer para obtener bolívares (si paga con dólares le sale más caro), sin que sienta que pierde parte de su dinero y no verse obligada a vender informalmente los dólares a otra vecina a un precio (otra vez) especulativo, pese al logro nacional de desmantelar las ilegales plataformas del paralelo. Desde ahí hay que romper el embrión del ciclo. 

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