Con más de dos décadas de vocación pedagógica, esta destacada Maestra Técnico Productivo encarna el pensamiento transformador de Luis Beltrán Prieto Figueroa, reafirmando el compromiso del Inces con el desarrollo integral de la patria

PRENSA INCES COJEDES
RNCC / FOTOS INCES COJEDES

Apuntalando el fortalecimiento de la Formación Técnica Profesional y la consolidación del modelo socio-productivo nacional, el Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (Inces) destaca la trayectoria de hombres y mujeres que representan la columna vertebral de la institución: los Maestros Técnico Productivos (MTP).

Ejemplo vivo de este compromiso es la maestra Lisandra Josefina Ceballos, quien desde el año 2002 ha dedicado su vida a la enseñanza, la superación personal y el cultivo del saber técnico.

Su historia dentro de la institución no solo refleja disciplina y superación continua, sino que constituye un testimonio motivador para la juventud y la fuerza trabajadora que busca formarse en una formación para construir el futuro del país.

TRAYECTORIA Y SUPERACIÓN ACADÉMICA

El camino de Lisandra Ceballos en el Inces comenzó en el programa Móvil de Formación Profesional. Motivada por el deseo de superación familiar y por ser un referente para sus hijos, asumió la docencia como una misión de vida. Paralelamente a su labor formativa, continuó su preparación académica en la Universidad Bolivariana de Venezuela, alcanzando los títulos de Técnico Superior Universitario en Desarrollo Local, posteriormente la Licenciatura en Gestión Social y actualmente se encuentra culminando sus estudios de maestría en Ciencias Estratégicas para el Desarrollo. Su desempeño ha transitado por áreas estratégicas como el Inces Industrial de Tinaquillo, el programa Turismo y la Coordinación de Formación Agrícola, acumulando valiosas experiencias junto a coordinadores y equipos de trabajo que fortalecieron su visión sobre la planificación y la disciplina laboral.

VOCACIÓN, IDENTIDAD Y PERSPECTIVA INSTITUCIONAL

Explica Ceballos que ser un MTP implica ser un profesional integral, formado bajo los principios Inces, dispuestos a transferir saberes, habilidades y destrezas a los participantes en los distintos Perfiles Productivos Laborales.

En el desarrollo de su labor, este ejemplar maestro técnico productivo, ha impartido saberes en áreas agrícolas, de procesamiento de alimentos, ética, cocina y repostería, entre otros.

Explicó Ceballos que la formación Inces responde directamente a las necesidades productivas territoriales, “Hemos trabajado desde la conservación de alimentos, procesamiento de rubros como yuca, tomate y leguminosas, hasta la construcción de semilleros, panadería y la enseñanza de la ética para la vida dentro del Proceso Social del Trabajo”, reseño Ceballos.

Así mismo, resaltó que en cada clase confirmó que enseñar una técnica es solo el punto de partida. Lo verdaderamente extraordinario es dotar a las personas de herramientas para la vida, elevar su autoestima, despertar su potencial y darles las llaves para construir su propio destino impulsando un nuevo modelo de gestión altamente productivo.

Cada espacio tiene como objetivo rescatar e integrar a jóvenes y adultos, brindándoles la oportunidad de aprender una técnica.

SOY PARTE DE UN INCES EN VANGUARDIA.

La historia de la MTP Lisandra Ceballos evoca el espíritu transformador que históricamente ha caracterizado los Centros de Formación Socialista del Inces, “a través de los años he participado en la evolución del Inces, inicié en las unidades móviles y hoy puedo decir que mi institución, además de la formación directa, impulsa a los venezolanos a través de la web.

Su visión, está impregnada de amor de saber que “si caminaran por las calles y comunidades de Cojedes, encontrarían un pedacito de mi corazón en cada rincón. He recorrido este estado de punta a punta: desde nuestras sedes formativas del Inces hasta el corazón mismo de las comunidades, llevando conmigo el amor por la enseñanza técnica en las más diversas áreas del saber”.

“Hoy, al volver la mirada atrás, se me llena el alma de un orgullo indescriptible. Ver a quienes un día fueron mis participantes convertidos hoy en grandes emprendedores, empresarios y profesionales exitosos me confirma que valió la pena cada kilómetro. Saber que las herramientas técnicas que sembramos en el aula fueron el impulso para su desarrollo profesional y personal es, sin duda, la mayor recompensa de mi vida como maestra”.

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