Analizamos las instrucciones e intereses geoestratégicos y económicos sobre el futuro canal de Panamá

WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

Si existe un tema poco analizado e interpretado desde el contexto geopolítico de la convocatoria y de su trascendencia, este es la construcción del Canal de Panamá. Solo Colombia, quien poseía la soberanía territorial de la llamada yugular de América y los Estados Unidos, quien vislumbraba desde muy temprano posicionarse de este espacio geográfico interoceánico, darán instrucciones y recomendaciones específicas.

En comunicación que despacha el 23 de septiembre de 1825, desde Bogotá, el Ministro Revenga a los plenipotenciarios, instruye que no se comprometan en considerar en la Asamblea del Istmo, “nada que se refiera a la comunicación de los dos mares”, ya que es “esta una materia en que Colombia tiene intereses muchos mayores y mucho más peculiares suyos que los de ninguna otra potencia de nuestro hemisferio” (Germán de La Reza. Documentos sobre el Congreso Anfictiónico de Panamá. Fundación Editorial el perro y la rana, Caracas. 2010, p. 83).

El caso es tomado con una prudencia diplomática de estricta reserva, porque es al Gobierno de Colombia a quien “exclusivamente corresponde dictar las reglas con que los extranjeros deban transitar de un mar a otro por medio de su territorio” (Ibídem. De La Reza. 2010, p. 83).

Los colombianos fueron previsivos, al punto que sugerían comunicar al Ejecutivo por medio del Ministro de Exteriores, si alguna potencia extranjera de las invitadas, abordaba el tema. La previsión no era por nada descabellada, ya que la principal atracción recae en el Gobierno de Norte América, quien hace saber que “la apertura de un canal por el Istmo que une a las dos Américas para los fines de navegación, y capaz de admitir buques mayores de un océano al otro, es un punto de gran consideración y necesariamente ha de llamar la atención del Congreso”. (Ibídem. De La Reza. 2010, p. 130).

Pero el Canal de Panamá es innegociable con cualquier potencia extranjera. Este proyecto formaba parte de la visión prospectiva del Libertador, quien había vislumbrado once años, atrás, en la célebre carta de Jamaica, que “esta magnífica posición entre los dos mares podrá ser con el tiempo el emporio del universo. Sus canales acortarán las distancias del mundo; estrecharán los lazos comerciales de Europa, América y Asia; traerán a tan feliz región los tributos de las cuatro partes del globo” (Rufino Blanco Fombona. Nuestro Tiempo. Revista mensual ilustrada Madrid, 10 de mayo de 1907 Año VII, nº 99, pp. 249-254. En Filosofía en español).

Sin embargo, no cabría duda que la idea en el pensamiento visionario de Simón Bolívar de unir los dos mares, haya sido trasmitida por a Francisco de Miranda y la misma estaría enmarcada dentro del proyecto mirandino en la formación de la República Colombia. Refiere la historiadora venezolana Carmen Bohórquez, que “en su primera conversación con William Pitt, las ideas discutidas en esta reunión celebrada el 14 de febrero de 1790, en Hollwood, casa de campo del Primer Ministro inglés, Miranda plantea “la posibilidad de formar sin mayor dificultad un canal de navegación en el istmo de Panamá, que facilite el comercio de la China y del Mar del Sur, con innumerables ventajas para la Inglaterra, América, etc.” (Carmen Bohórquez. Miranda de Verdad. Miranda y el canal de Panamá. Correo del Orinoco. Nº 5.403. p. 12. Historia. Lunes 2 de febrero de 2026).

Lo cierto es que en el Correo del Orinoco se difunde entre enero y agosto de 1821, un seriado denominado “Transito al Océano”, en donde se revela gran parte de las exploraciones y tentativas y para unir al Atlántico con el Pacifico, no solo por el Istmo de Panamá sino también por el Chocó, en la actual Colombia, Costa Rica y Tehuantepec, en México, lo que indica el amplio conocimiento y la madurez de Bolívar en torno a esta obra colosal que estaba dentro de su planes y que ya se estaban haciendo gestiones para su construcción. De igual manera, los Estados Unidos, lo tenían en cuenta como parte de su expansión hemisférica.

Para el advenimiento de la convocatoria del augusto congreso, Francisco de Paula Santander remite una carta al Libertador, en donde le propone convertirse en el “protector” de una compañía nacional, con capital extranjero (principalmente estadounidense), para monopolizar la construcción y beneficios del canal. La idea incluía que ambos fueran accionistas y obtuvieran ganancias económicas de la obra” (Kiko Perozo. Bolívar, el futuro Canal de Panamá y un ejemplo de pulcritud para Santander. La Historia 200).

Simón Bolívar increpó firmemente al vicepresidente Santander en 1826 tras la propuesta indecente, la cual tomó como una ofensa a la soberanía y a su ética pública. Por consiguiente, el 22 de febrero de 1826, desde la Quinta la Magdalena, en Lima, Bolívar le exigió no involucrarse en negocios relacionados con el Estado, dando un ejemplo admirable de no mezclar la función pública con los intereses económicos personales.

Su integridad y pulcritud lo lleva a responderle categóricamente: “He visto la carta de Vd. en que me propone sea yo el protector de la compañía que se va a establecer para la comunicación de los dos mares por el Istmo. Después de haber meditado mucho cuanto Vd. me dice, me ha parecido conveniente no sólo no tomar parte en el asunto, sino que me adelanto a aconsejarle que no intervenga Vd. en él” (Simón Bolívar. Archivo del Libertador. Archivo General de la Nación. Documento 1039).

Su criterio de honestidad y rectitud, son puesto de manifiesto, al expresarle: “Yo estoy cierto que nadie verá con gusto que Vd. y yo, que hemos estado y estamos a la cabeza del gobierno, nos mezclemos en proyectos puramente especulativos, y nuestros enemigos, particularmente los de Vd., que está más inmediato, darían una mala interpretación a lo que no encierra más que el bien y la prosperidad del país. Esta es mi opinión con respecto a lo que Vd. debe hacer y, por mi parte, estoy bien resuelto a no mezclarme en este negocio ni en ninguno otro que tenga un carácter comercial” (Ibídem. Bolívar. Archivo del Libertador. Documento 1039).

Por otro lado, se observa el temprano y desmedido interés de los estadounidenses, quienes darán las más amplias recomendaciones, en lo que concierne a todos los Enviados y Plenipotenciarios en el Congreso Anfictiónico. Su afán lucrativo sobre el canal queda en evidencia, al exponer que “este vasto e importante objeto, si algún día llega a efectuarse, interesará en más y menos grado, al mundo entero. A este continente probablemente le resultarán las mayores ventajas de la empresa; y Colombia, México, América Central y Estados Unidos en particular, se aprovecharán más que las otras potencias americanas” (Ibídem. De La Reza. 2010, p. 130).

Contrariando el dictamen de la exclusividad administrativa expuesto por Colombia, los norteamericanos se adelantan a formular que “todo lo que redunde en beneficio de América entera debe efectuarse por medios comunes y esfuerzos combinados, y no debe dejarse a los recursos separados y aislados de una sola potencia” (Ibídem. De La Reza. 2010, p. 130).

Asumen que sus “actuales informes en cuanto a la practicabilidad y probables gastos de este objeto son bien limitados, así pues no sería prudente hacer más que unos cuantos arreglos preliminares. Los mejores puntos tal vez se hallarán en el territorio mexicano, o en el de América Central” (Ibídem. De La Reza. 2010, p. 131).

Dos años tenía Centroamérica de haberse constituido como Republica para que Washington hiciera contactos con la capital de Guatemala. Según Henry Clay, en estas instrucciones a sus Enviados, el 8 de febrero de 1825 recibieron una oferta una oferta liberal, proponiéndole tomaran la iniciativa para la construcción de una canal, pero que “la respuesta del Presidente sólo podía ceñirse en aquel tiempo a reconocer la amistosa abertura, y a asegurar a América del Centro que se adoptarían todas las medidas necesarias a fin de poner a Estados Unidos en posesión de los informes necesarios para extender sus conocimientos en particular” (Ibídem. De La Reza. 2010, p. 131).

Reiteran en el informe que “si la obra se ejecutare de modo que pudieran pasar buques mayores de uno a otro océano, las ventajas que de ella resultarían no deben apropiarse exclusivamente a una sola nación, pero deben extenderse a todas las potencias del orbe, con tal que paguen una compensación justa o un impuesto moderado. Lo más apetecible ahora es, adquirir los conocimientos necesarios para formar un juicio sano en cuanto a la practicabilidad y probable costo de la empresa, por los puntos que ofrecen las mayores facilidades” (Ibídem. De La Reza. 2010, p. 131).

Hacían mención nuevamente a la no exclusividad sobre el control y de algo que constantemente les preocupaba, el pago de los impuestos. Lo deseaban a tasas píricas. En este sentido, solicitaban a los Plenipotenciarios que obtuvieran información “de lo que España o alguno de los nuevos Estados han hecho o intentado hacer, y obtendrán los informes que están a su alcance, para resolver este interesante problema” (Ibídem. De La Reza. 2010, p. 131).

El telón de fondo de tan largas recomendaciones, lo confiesan en el siguiente párrafo: Impondrán ustedes a los ministros de las potencias americanas del vivo interés que toma Estados Unidos en la ejecución de la obra, y del sumo placer que tendrá en saber que cabe en los límites de los esfuerzos humanos. Su proximidad e información local les hace más competentes que Estados Unidos para apreciar las dificultades que se oponen a la empresa” (Ibídem. De La Reza. 2010, p. 131).

Finalizaban encomendándole: “Ustedes recibirán y transmitirán a este Gobierno cualquiera propuesta que se haga, o planes que se sugieran para su ejecución combinada, asegurando a los nuevos Estados, que se examinarán con la mayor escrupulosidad y con el deseo más ardiente de reconciliar las miras e intereses de todas las naciones americana” (Ibídem. De La Reza. 2010, p. 131).

Luego de la balcanización del Istmo y tras haberse concluido la construcción del Canal de Panamá, uno de los más estudiosos de la Doctrina Bolivariana, Rufino Blanco Fombona, afirmaba que “no está lejos el día en que Europa se alíe para construir a sus expensas el futuro canal de Nicaragua, a fin de libertarse de la tiranía yanqui, y para no perder de un golpe la mitad del comercio del Nuevo Mundo y buena parte del asiático. ¡Ojalá ese futuro canal no sea el origen de una guerra! ¡Ojalá que las carcajadas actuales de esta Europa venal, con motivo del escamoteo de Panamá por los yanquis, no se truequen un día en lágrimas y en crujir de dientes! (Rufino. Blanco Fombona. 1907).

La advertencia de Blanco Fombona se haría patente, Europa quedaría supeditada a los intereses de los Estados Unidos y el Canal de Panamá, bajo su absoluto dominio, y a pesar del Tratado Carter – Torrijos, aun los panameños no logran liberarse de la hegemonía yanqui. Así que la retórica de las instrucciones impartidas a sus Enviados al Congreso Anfictiónico, de no permitir el apropiamiento exclusivo a una sola nación, solo tenía como fin, ejercer su hegemonía en la obra que uniría a los dos océanos.

Como es sabido, los estadounidenses no pudieron llegar a tiempo a las sesiones del Congreso en el Istmo, pero en las recomendaciones estaba prefigurada su política exterior. El Congreso debió trasladarse a Tacubaya en México para ratificar lo que se había parcialmente acordado. Sin embargo, las razones de su obstrucción, tal como lo señala Blanco Fombona, “todos sabemos cómo y por qué”.

El Canal de Panamá forma parte de la Anfictionía Marítima y la visión geopolítica del Libertador Simón Bolívar para unir los mares, para estrechar los lazos comerciales con el mundo entero, para lograr el equilibrio del universo y la paz de nuestros pueblos. Así que su doctrina jamás dejará de perder vigencia.

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