Empujada desde varios frentes, la deuda soberana de los países desarrollados enfrenta su peor presión desde 2007
OIR-MPPCI COJEDES
RNCC / FOTO CORTESÍA
A medida que la crisis energética originada por los conflictos geopolíticos y los impactos climáticos del fenómeno «El Niño» presionan desde diversos frentes, los rendimientos de los bonos soberanos continúan su tendencia al alza en todo el mundo.
La creciente aversión al riesgo por parte de los inversores ha empujado a la deuda pública a su situación más crítica en casi dos décadas. Muestra de ello es el bono de Estados Unidos a diez años, que se sitúa en el 5,3 %, mientras que el bund alemán roza el 3,7 %. Esta venta masiva de renta fija responde a una combinación de factores: desde políticas monetarias restrictivas a corto plazo y el alto endeudamiento de las grandes empresas tecnológicas, hasta un elevado déficit fiscal en buena parte de las economías desarrolladas.
A este panorama se suma que los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) prevén emitir deuda por un total de 18 billones de euros en el transcurso del año. Esta sobreoferta saturará el mercado, obligando a los Estados a ofrecer mayores rentabilidades para motivar a los inversores a asumir el riesgo.
Las principales referencias del mercado cotizan en cotas que no se alcanzaban desde 2007, antes del colapso de Lehman Brothers. En el caso de los bonos japoneses, los rendimientos se sitúan en máximos históricos o en niveles no registrados en lo que va de milenio.
Y la tendencia podría agudizarse. La más reciente encuesta de Bloomberg señala que la mitad de los analistas prevé que el bono estadounidense a 30 años alcance el 6% antes de finalizar el año. De concretarse este escenario, el Tesoro de Estados Unidos soportaría una presión financiera inédita desde el año 2000, en el marco de la crisis de las puntocom.
Al otro lado del Atlántico el escenario no resulta más alentador. La persistente inflación, impulsada por los costes energéticos, ha forzado al Banco Central Europeo (BCE) a mantener la senda de incremento en sus tasas oficiales.
Entre los abultados volúmenes de endeudamiento que arrastran las naciones europeas, destaca la crisis fiscal que atraviesa la segunda economía de la eurozona, cuya deuda pública mantiene una trayectoria ascendente que no augura un desenlace favorable a corto plazo. Paralelamente, la inestabilidad política interna impide concretar el ajuste presupuestario indispensable para exhibir la disciplina fiscal que reduzca el coste de las emisiones del Estado francés. En este contexto, un eventual recorte en su calificación crediticia podría complicar aún más el panorama, en un momento en que la prima de riesgo gala supera en más de 100 puntos básicos la rentabilidad de su equivalente alemán y duplica a la española.
Finalmente, el repunte inflacionario, la dinámica de la economía global y la inestabilidad geopolítica que encarece los hidrocarburos son factores que difícilmente remitirán en el corto plazo. Por ello, se anticipa un mayor deterioro de las condiciones financieras, especialmente en naciones como el Reino Unido, donde la marcada dependencia de la importación de energía y los altos niveles de endeudamiento podrían obligar al Gobierno a recurrir a la asistencia de organismos multilaterales.

